Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/06/27 00:00

Eric Clapton Live

'Me and Mr. Johnson' presenta a Eric Clapton explorando la música del mítico trovador Robert Johnson.

Eric Clapton Live

Confieso que sólo conocía un lado de la historia: la noticia publicada en la revista Melody Maker (que es la versión inglesa de Rolling Stone) en marzo de 1965, anunciando que Eric Clapton se retiraba del grupo The Yardbirds porque "se están haciendo demasiado comerciales". El dato me generaba una inmediata admiración por

Clapton, el músico que no da su brazo a torcer ante los caprichos de la industria, el guitarrista que se obstina en tocar blues y solamente blues.

Vine a conocer hace poco el otro lado de la historia cuando escuché el álbum que grabaron los Yardbirds justo después de la discrepancia con el guitarrista. Se llama Rave up y es estupendo. La revista Rolling Stone (que es la versión estadounidense de Melody Maker) lo incluyó hace unos meses en la lista de 'los 500 discos esenciales de todos los tiempos' y aclamó el sonido de una banda "liberada del purismo de Clapton".

Es cierto, Eric Clapton tiene alma de purista y eso no siempre es un elogio. Pero se ha defendido muy bien, por ejemplo, cuando escribió que a sus oídos el viejo blues "no es una obsesión sino un faro para no navegar a la deriva". Su más reciente álbum lo muestra muy seguro al timón; su estrella polar son las grabaciones que registró el mítico Robert Johnson entre 1936 y 1937 y que uno puede conseguir hoy día en un estuche de dos CD titulado The complete recordings.

Hice el ejercicio de comparar las versiones y descubrí cosas muy gratas. De entrada hay que decir que no es fácil adaptar estas canciones: Robert Johnson las grabó solo con su guitarra y tenía un sentido del ritmo tan flexible que a veces parecían monólogos más que composiciones. El reto era mantener la pureza espiritual de esas viejas grabaciones y Clapton lo logró con un estilo de canto que se acerca mucho al falsete original. Uno siente el mismo escalofrío cuando le escucha ese aullido de lobo herido al llegar al consabido "oooooh baby". El buen músico de blues no necesita cantar, le basta gemir con sentimiento.

Pero esa voz aguerrida no viene sola; está acompañada por guitarras, piano, armónica, bajo y batería. Ahí es donde las versiones de Clapton toman vuelo propio: en lugar de emprender el ejercicio con una guitarra íngrima, de emular la figura del trovador abandonado (que fue lo que quiso hacer cuando incluyó dos de estas canciones en el Unplugged de 1992), descubre las posibilidades de expansión que tiene esta música.

En verdad ninguno de los instrumentos sobra; es muy posible que Robert Johnson tuviera toda esa banda en la cabeza mientras grababa sus canciones. Eso explicaría, entre otras cosas, la confusión confesada alguna vez por el Rolling Stone Keith Richards: contaba que la primera vez que escuchó los discos originales pensó que eran dos guitarristas porque era imposible que ahí sólo hubiera 10 dedos. Para regrabar estas piezas mostrando todo lo que su autor quiso expresar un guitarrista no era suficiente.

Al purismo de Clapton le debemos varios documentos inolvidables. Un magnífico disco de blues grabado después de su partida de los Yardbirds, que a veces (sólo a veces) me gusta más que el Rave up. Otro, publicado hace 10 años, en el que casi se destroza la garganta cantando Blues before sunrise. Y ahora éste, que no sólo es un viaje a las posibilidades inexploradas de la música de Robert Johnson, sino también al fondo del espíritu. Perfecto para que, al menos durante 50 minutos, dejemos de navegar a la deriva.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.