Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1997/04/28 00:00

ESCALOFRIANTE

ESCALOFRIANTE

Escalofriante La última novela de Saramago denuncia la degradación de la sociedad capitalista. Ensayo sobre la ceguera Jose Saramago Traducción de Basilio Losada Alfaguara Madrid, 1996 $ 24.000 sí nunca le hayan dado un premio Nobel, la literatura en lengua portuguesa cuenta hoy con una nómina de escritores verdaderamente brillante. Uno de ellos _de talla mundial_ es José Saramago, quien se autoexilió y vive en Las Canarias desde hace ya varios años. Nacido en 1922, ha publicado, entre otros, El año de la muerte de Ricardo Reis, Historia del cerco de Lisboa y El evangelio según Jesucristo. Pues bien, ahora acaba de aparecer traducida al castellano su última novela, Ensayo sobre la ceguera. Vale decir que es espléndida pero aterradora. El tema es el desarrollo de una epidemia de ceguera que afecta a todos los habitantes de una gran ciudad, salvo a una mujer. En un comienzo se recluye en un manicomio-prisión a los primeros invidentes, quienes viven allí las más horrendas experiencias de la degradación moral y humana. Estos presos salen cuando ya toda la ciudad está enferma y se encuentran con el caos total, que sólo puede ser advertido en su verdadera magnitud por la mujer que sigue conservando la visión. Se ha acabado cualquier vestigio de organización social, cada cual vive, muere y se alimenta como puede y donde puede. Los habitantes van y vienen por la ciudad sin sujeción a ninguna norma, ni siquiera de higiene. De la manera más cruda, sin piedad y sin concesiones, Saramago va relatando las terribles situaciones límite que viven sus personajes. La alegoría es evidente: la sociedad capitalista y de consumo ha cosificado y alienado al individuo, eliminando de nuestra civilización los valores humanos. Cuando cae el andamiaje queda al descubierto la fragilidad sobre la que está construida esa sociedad, que ni siquiera conoce ya la solidaridad. Esta es, claro, una interpretación. El lector encontrará otras. Resulta fácil hallar antecedentes literarios cercanos. Camus, por ejemplo, en La peste, pero tal vez sobra, porque Saramago tiene una voz muy personal. Esta pesadilla de la ceguera ocurre en un mundo abstracto, en una ciudad sin nombre, cuya única referencia es la sociedad occidental consumista de fines de siglo, pues ya ha aparecido el sida. El narrador es un cronista despiadado _el propio Saramago_ que cuenta con tono impersonal y con tanta frialdad como para hacer revolcarse al lector. Pero hay que leerla, entre otras cosas, porque es un grito de alerta, lúcido e inteligente.

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