Viernes, 20 de enero de 2017

| 1996/09/09 00:00

ESCENARIO FAUSTUOSO

Con 137 años de atraso, por fin se estrenó en Colombia Fausto, la obra maestra de Charles Gounod, el padre de la ópera romántica francesa.

ESCENARIO FAUSTUOSO

Salvo el caso excepcional de la Carmen de Georges Bizet, la ópera francesa no ha sido particularmente frecuente en la programación de las temporadas nacionales. La noche del pasado sábado se dio una de esas raras excepciones: con 137 años de atraso se estrenó en Bogotá Fausto, la obra maestra de Charles Gounod, a quien la posteridad califica como el 'padre' de la ópera romántica francesa. El estreno bogotano en el Teatro Colón se dio en unas condiciones excepcionales. Nunca como en esta oportunidad había sido tan providencial contar con el equipo artístico alemán _vinculado a las temporadas líricas colombianas desde el año 1981_ para llevar a escena una ópera que se inspira en una de las grandes epopeyas de la literatura alemana: Faust, de Goethe. La producción, que lleva la firma del alemán Willy Decker, forma parte del repertorio habitual del teatro de la ópera de Colonia y resuelve una discusión que se remonta a la misma noche del estreno, ocurrido en el teatro Lírico de París el 19 de marzo de 1859, cuando la crítica alemana declaró que los libretistas Barbier y Carré sencillamente habían despedazado el original de Goethe. Impresión que aún persiste en muchos teatros alemanes, que se niegan a presentarla con su nombre original y prefieren mejor llamarla Margarethe. Decker, uno de los más respetados y audaces directores escénicos de la actualidad, resuelve esta discusión recuperando en su producción el elemento religioso, filosófico y trascendental del original. Su Fausto consigue trascender y conmover. Tiene escenas excepcionales, como el popular 'Vals de la kermesse' donde el enorme candelabro de la escenografía y el coro se mueven rítmicamente, a la mitad del tempo que marca la música, produciendo un efecto de cámara lenta casi alucinante; lo propio ocurre con el místico final de la ópera, cuando la escena queda dominada por la figura de Margarita crucificada. Fausto en manera alguna es un título más del repertorio imprescindible de los grandes teatros de ópera. Tirios y troyanos coinciden en aceptar que el genio de Gounod se impone sobre cualquier carencia del libreto. Rossini decía que la escena final del acto III, la declaración Il m'aime que hace Margarita, tenía la pincelada del genio. Fausto es un desfile musical de la más alta categoría, una sucesión ininterrumpida de arias, dúos y escenas magistrales; un remanso en medio de un repertorio caracterizado por la vacía pomposidad. Gounod recibe legados que se remontan a Beethoven, Mozart, Bach y el mismo Palestrina, pero con una música que el público digiere con extrema facilidad, no en vano los temas de Fausto fueron los favoritos de las cajas de música y las pianolas a lo largo del siglo pasado. El equipo de la producción, con la dirección escénica de Decker, tiene los decorados de Wolfgang Gussmann, el vestuario de Martin Ruptrecht, luces de Hans Toelstede y la garantía de contar en el foso orquestal con la apasionada batuta del director mexicano Enrique Patrón de Rueda. En lo vocal el elenco está encabezado por el tenor mexicano Fernando de la Mora, cuyo exitoso debut en la ópera de Colonia en 1989 ocurrió precisamente en este Fausto; la soprano Sharon Spinetti es Margarita y el bajo Bradley Garvin tiene la responsabilidad del Mefistófeles. Coro y orquesta de la ópera de Colombia y el equipo de producción y solistas de la Fundación Camarín del Carmen. Las funciones se prolongarán hasta el próximo 24 de agosto.

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