Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1983/02/07 00:00

ESCRIBIR ES DESNUDAR

De paso por Colombia, el escritor uruguayo Eduardo Galeano concedió una entrevista a Francisco Velásquez, para SEMANA.

ESCRIBIR ES DESNUDAR

El escritor y periodista Eduardo Galeano (Montevideo, 1940) visitó algunas ciudades colombianas, invitado por la Unión Nacional de Escritores, y participó en variados encuentros culturales. Su principal interés es recrear y redescubrir la historia de América, por lo que sus libros son conversaciones con la memoria suya en la vida de las gentes que ha conocido ("Días y noches de amor y de guerra", Premio Testimonio de Casa de las Américas, 1978), o con América como si fuera una persona, encarnada en una mujer a quien pregunta para que le responda con textos cortos y profundamente poéticos ("Memoria del fuego", trilogía en proceso).
Se le reconoce por "Las venas abiertas de América Latina" con muchas ediciones y traducido a 12 lenguas, y "La canción de nosotros", premio Novela Casa 1975, entre otras producciones literarias. Fue jefe de redacción del semanario Marcha y del diario Epoca en Uruguay, y entre 1973 y el 76 dirigió la revista Crisis en Argentina, clausurada por los militares.
SEMANA .: ¿Qué opinión le merece Gabriel García Márquez?
EDUARDO GALEANO.: Creo que es un espléndido escritor, disparejo. Disparejo como una vez dijo Nicanor Parra de Neruda: "disparejo como la cordillera de los Andes". En general ha desarrollado una obra que es deslumbrante y peligrosa. Yo leo de él lo que va publicando siempre, pero le leo una sola vez, porque dos contagia y contagiarse de un escritor es peligroso.
Esa es una prueba también de su infinito talento, de su tremenda fuerza de expresión, de sus capacidades mágicas, que te contagia y por lo tanto hay que mantenerse a distancia para no confundirse porque si no podría ocurrir que la voz de él, que tiene tanta hermosura, tanta fuerza, se metiera de contrabando en la voz de uno y uno terminara por no reconocer la propia voz. Trato de leer a esos escritores con estilo sólo una vez, cada que van publicando y luego no volver a ellos. Como me pasa también con Faulkner y Pavese que son tan contagiosos como García Márquez. Creo que el Nobel que acaba de recibir es una alegría de todos nosotros y es muy, pero muy merecido. García Márquez es el escritor que recibió el elogio más certero que yo he escuchado jamás, dedicado a un escritor. Es el tipo que le pregunta a otro ¿vos leíste "Cien años de soledad?" y el otro dice: "Nó". Entonces comenta el que preguntó: "cómo te envidio".
S.: ¿Cómo explica la relación entre el periodismo y la literatura?
E. G.: El periodismo es una magia y una maldición que te sigue. Te marca. Pienso que es la mejor experiencia posible, primero porque obliga al contacto con la realidad, te saca de la contemplación de los laberintos del propio individuo y te lanza a la calle. Quiero decir el periodismo vivo, no el periodismo de escritorio. Y eso me parece imprescindible para cualquier escritor. 2°. Puede ser, en muchos casos es, una buena escuela de síntesis y una buena escuela de claridad, o sea de estilo, de lenguaje. Tiene por otra parte la virtud de que es una tarea colectiva, o sea, por más que los artículos aparezcan firmados o estén con autoría individual, integran una obra de creación del periódico, la revista, el diario, que se hace entre muchos. Tiene también algunas contras el periodismo que a veces pica talento, como se pica carne para hacer una hamburguesa. El hecho es que el periodismo puede ser y debiera ser una forma de la literatura. Lo es objetivamente. La literatura no es solamente la producción de libros. Hay un fetichismo del libro como objeto sagrado de la cultura que yo no comparto para nada. Creo que todo mensaje escrito que una sociedad genera es literatura y que la literatura se desarrolla a través de mil vehículos de expresión, de los cuales el libro no es el único. El periodismo es perfectamente reivindicable como forma de literatura, sobre todo en una región del mundo donde muchos de los escritores más importantes o han sido alguna vez periodistas o en otros casos han publicado lo mejor de su obra en forma de artículos. A mi juicio las mejores cosas de José Martí son los artículos del Diario de guerra. Son mucho mejores que los poemas, creo, y es el caso de Rodolfo Walsh, el escritor argentino y muchos más que han desarrollado su tarea literaria sobre todo a través de periódicos
S.: En su exploración investigativa actual (la trilogía "Memoria del fuego", cuyo primer volúmen aparecido en España y México se llama "Los nacimientos") qué técnica emplea?
E.G.: Como el trabajo que estoy haciendo ahora combina la investigación con la creación, o sea que es una labor muy extraña que integra poesía y novela con una exploración documental en la realidad histórica americana, ésto me permite ciertos lujos que quizá no podría utilizar si estuviera trabajando sólo con materia de ficción, en el sentido de que yo puedo destinar las horas que siento opacas a la lectura de cosas, de la exploración de material documental, y las horas que siento más luminosas las puedo dedicar a escribir. A buscar las palabras, a perseguirlas para que se parezcan a las ideas que quiero expresar, a las emociones que espero trasmitir.
S.: ¿Cómo entiende el acto de escribir?
E. G.: Hay una distancia entre lo que uno quiere decir y lo que dice, que se abre como un abismo a los pies e implica una tensión creadora donde está la clave de la electricidad que las palabras pueden llegar a tomar. A mi me cuesta mucho escribir, porque es una operación de complicado desnudamiento de un lenguaje, que yo siento que viene muy enmascarado, muy mentido, lleno de ropa inútil, todo cubierto de abalorios, porquerías, pero que es necesario despojarlo para que se vea el cuerpo. Escribir es eso: desnudar. Desnudarse uno y desnudar al lenguaje hasta llegar a algo que uno sienta que es pura carne, y hueso, y piel. Una piel muy sensible es la piel de las palabras. Las palabras tienen cuerpos y hay veces que uno siente que las palabras te queman si las tocas.
S.: ¿Qué ha encontrado, sucintamente, en su escrutinio de la realidad americana?
E.G.: Violencia y ternura. Hace poco estuve en Madrid con gente venida de Guatemala; una era una india joven, de unos 20 años, que acababa de salir del país y que casi no hablaba castellano y las pocas palabras que hablaba le alcanzaban para trasmitir todo el horror, todo el espanto de las cosas que esta muchacha había vivido, que la habían tocado de cerca en la campaña de exterminio que Ríos Montt está realizando en algunas zonas indígenas de penetración guerrillera: les arrasan las aldeas, queman las casas, machetean indios como si fueran reses en el matadero y por miles. Lo de Guatemala es una cosa que no tiene parangón en Latinoamérica, el país más atormentado de todos. Y yo la escuchaba a ella y pensaba: ésta mujer está violentando el lenguaje para que el lenguaje fecunde, porque ella forzaba las palabras, las golpeaba --su lengua era otra, una de las lenguas mayas que se hablan en Guatemala-- no sabía cómo juntar las palabras para expresarse, pero la necesidad de decir es siempre mucho más importante que los medios que tenés para decir. Escuchando las atrocidades que esta mujer me estaba contando, de golpe yo tuve como una revelación de que aquella mujer de Guatemala, aquella niña, era América. Que ella venía del horror pero no iba hacia el horror; hablaba con mucha dulzura y tenía una enorme ternura, a la vez que no había nada de sensiblería y ni una sola lágrima le mojó la cara mientras contaba cosas que eran de llorar. Y de toda esa mezcla, de la lengua hablada a los tropezones, de la capacidad de aguante, de resistencia ante el dolor y sobre todo de la ternura, de la dulzura de esa mujer me vino la idea de que esa mujer era América, porque era alguien que había perdido todo, menos lo esencial.
S.: ¿Qué periodista admira más?
E. G.: Admiro a un viejo periodista uruguayo, economista, Carlos Quijano, que creó el semanario Marcha, que durante más de 30 años fue un ejemplo de buen periodismo independiente en América Latina. Un hombre que nos ayudó a muchos y nos enseñó también a no desviarnos de un camino pobretón y espinoso y jamás se vendió ni se alquiló. Tiene ahora más de 80 años y sigue en México. Un chiquilín misterioso sobre el tiempo que nada pudo contra él, trabajando con un entusiasmo de adolescente, a pesar de tantos pesares, de tantos dolores y derrotas. Uno conversa con Quijano y es como tomarse un frasco de vitaminas pues tiene el doble de mi edad y muchas veces pienso que también tiene el doble de mi energía vital y el doble de mi entusiasmo.
S.: ¿Y el escritor?
E. G.: El escritor que más admiro yo es Juan Rulfo. Lo admiro por lo que escribió, que me parece lo más importante que se ha escrito en toda la historia de América Latina y además porque supo callarse.
S.: ¿Cómo observa a Fidel Castro?
E.G.: A Fidel lo vi nada más de refilón una vez y escuché un tremendo discurso de muy cerca, y después en una reunión que tuvo con escritores, en la que participé pero estuve todo el tiempo con el pico cerrado. Escuchándolo es una fuerza de la naturaleza, un tipo prodigioso, un ser humano como nosotros, por lo tanto con debilidades y contradicciones. No es un dios como algunos creen, aunque a veces parece; uno lo ve y parece un dios griego, un tipo enorme, hermoso, tan poderoso.
El ha encabezado un proceso revolucionario admirable con cuyas cosas esenciales estoy de acuerdo, con algunas otras no tanto, y con otras pocas no, no estoy de acuerdo. No creo en todo caso que haya que aplicar un modelo cubano en ningun país de América Latina, pero creo que Cuba ha hecho cosas formidables dentro de límites muy estrechos en que ha podido moverse por la camisa de fuerza que te impone la geopolítica mundial. Ha conseguido quebrar en gran medida la esctructura del subdesarrollo, que no es solamente pobreza como algunos creen. El subdesarrollo es a mi juicio una estructura de la impotencia, un engranaje complicadísimo que montado a lo largo de siglos, ata las piernas de los pueblos sometidos, les tapa los ojos y los amaestra para ser incapaces de resolver sus propios problemas, para no tener iniciativas. Cuba en más de 20 años ha avanzado mucho en la capacidad de realización y transformación de las cosas.
S.: Finalmente, dénos una noticia del jefe tupamaro Raúl Sendic.
E. G.: A Sendic lo conocí cuando yo tenía 14 años, cuando entré en la juventud socialista. Un abogado muy peculiar: dormía en los balcones porque tenía claustrofobia. Era un hombre --ya lo dije en "Días y noches de amor y de guerra" y lo repetiré siempre- muy tímido y profundamente tierno. Lo hicieron sufrir mucho en todos estos años de cárcel y ahora mismo se que las está pasando muy mal, que lo tienen otra vez en los cuarteles, que de tanto en tanto lo torturan y vuelven a aislarlo, pero sé que sigue siendo el mismo tipo duro y sencillo y a la vez profundamente bueno, profundamente tierno. Tengo un enorme respeto y admiración por él.-
Medellín, diciembre 1982
Francisco Velásquez C.

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