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| 11/29/2016 12:00:00 AM

“Para escribir tengo que sentir que la historia hace parte de mí”: Paul Brito

El escritor barranquillero habló con Semana.com sobre el proceso de creación de sus crónicas y sobre la relación entre el periodismo y la literatura.

La literatura y la crónica, como ese guiño que el periodismo le hace al arte de escribir ficción, son dos géneros en los que es imposible que el autor no devele su mirada, sus miedos, sus angustias, sus pasiones y sus obsesiones en cada palabra que escoge para construir el relato. 

Paul Brito ha caminado por ambos géneros. Este escritor Barranquillero nos revela sus reflexiones y emociones en su reciente libro de crónicas El proletariado de los dioses.

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Brito ha sido ganador de premios de literatura como los otorgados por el concurso nacional de Libro de cuentos de la Universidad Industrial de Santander y el concurso de cuentos Nueva Acrópolis de Madrid. También fundó el periódico Mundo Hispano en España, donde estudió  procesos editoriales en la Universidad Oberta. Ha sido colaborador de medios nacionales como El Malpensante, El Espectador, El Tiempo, El Heraldo y El Clarín de España.

Semana.com: Las crónicas parecen un diálogo con usted mismo, ¿son eso, un diálogo con usted?

Paul Brito: Casi todas las crónicas parten de mí o de algún enfoque muy personal. Yo las divido en dos tipos. Unas que son sobre mí o que tienen mucho que ver conmigo y con seres queridos, y otras donde yo no soy el personaje, pero creo que la mirada sobre ellas es muy personal y parten casi siempre de unas ideas muy propias, pero incluso para poder escribir este tipo de crónicas necesito sentir que la historia me pertenece, que hace parte de mí.

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Semana.com: ¿Pero por qué convertirse usted mismo en personaje en algunas crónicas?

P.B.: Cuando comencé a escribir crónicas pensé “¿para que voy a salir a buscar temas sobre los cuales no tengo una evidencia directa? Me parece mejor aprovechar o explotar los temas sobre los cuales ya he venido trabajando involuntariamente, inconscientemente, donde yo mismo soy el personaje principal”. De esa forma me ahorraba el trabajo de campo y era una manera de tener un conocimiento cercano a los temas. Luego llegó un momento en el que se me agotaron los temas más cercanos a mí y el editor que me publicó las primeras crónicas, me dijo “salte de ti mismo a buscar otros temas, otros personajes”.

Semana.com: Usted empieza escribiendo cuentos, literatura, ¿cómo fue ese salto a la crónica?

P.B.: Empecé a escribir crónicas porque me parecía que este género se prestaba para mezclar narración y ensayo. Hasta el momento había trabajado narración por un lado y ensayo por otro, y en la crónica sentí que podía mezclar los dos.

Semana.com: ¿Se puede decir entonces que la crónica es el género donde se siente más cómodo?

P.B.: Yo tengo un problema y es que no me puedo quedar en un solo género. Fíjate que primero escribí un libro de cuentos y pude haber escrito otro en el mismo género, pero salté al micro relato y después a la novela. Voy mutando. Ahora que escribí este libro de crónica mi proyecto es otro género, otra cosa. Siempre busco un nuevo horizonte u otro género que me permita jugar con otras herramientas.

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Semana.com: En la crónica ¿cómo selecciona los personajes o las historias?

P.B.: Creo que es afinidad, si el tema o personaje me toca bastante. Si yo mismo soy el personaje de la crónica narro cómo ha sido mi experiencia. Y si voy a escribir sobre un relojero o un orfebre, entonces ya mi experiencia no cabe ahí sino más bien mis reflexiones sobre lo que veo de ese oficio. En estos casos sí me toca recurrir a la investigación, a la entrevista, y cuando he asimilado todos esos datos, cuando siento que son parte mí, igual que los son mis afectos, el viento o las manías, entonces las empiezo a escribir, por eso algunas me costaron tanto desarrollarlas.

Semana.com: ¿Cuál ha sido la crónica más difícil de escribir?

P.B.: Ahora mismo recuerdo la del guacharaquero. Me pasé un año recolectando información. ¡Claro! no de forma continua. Hablaba con guacharaqueros, con gente que le gusta el vallenato, fui dos veces a Valledupar. Me sentaba a escribirla y sentía que estaba actuando, que no era yo mismo. No sé si es una ventaja o desventaja, pero debo sentir que el personaje hace parte de mis afectos y que su oficio me inspira una pasión o me conecta con una mía. Otra difícil fue La vida detrás de la muerte, con la que incluso todavía no me siento satisfecho del todo.  

Semana.com: ¿Y cuál es la que más le gusta?

P.B.: La de mi mamá, Lecciones de una mariposa monarca. Yo creo que hay un componente afectivo ahí y por eso es a la que más le tengo cariño. En octubre me pasó algo curioso que me la hizo recordar. Mi madre murió hace 14 meses. Yo cumplo años en octubre y cuando empezó el mes solo me di cuenta cuando prendí el computador y me entró un guayabo tremendo porque mi mamá era muy especial conmigo, me preguntaba qué quería de cumpleaños, me consentía, entonces la volví a leer para sentirla más cerca y no pude trabajar ese día.  

En  la tarde me llamó un primo de Valledupar con el que casi no hablo y me preguntó Paul por qué este mes era especial para mi tía Marina. Y yo le dije, que yo sepa porque es mi cumpleaños, entonces él me dijo, bueno, te cuento que esta tarde soñé con ella. Soñé que llegué a su casa y le preguntaba por qué había vuelto, en el sueño, mi primo era consciente de que mi mamá había muerto. Entonces mi mamá lo cogió de la mano, lo miró a los ojos y le dijo “porque este mes es una fecha muy especial para mí”.

Yo creo que  escribir te hace mantener vivos los afectos, las pasiones. Tratar de comprender esos lazos que te atan ya sea a una persona, a una manía o a una actividad que te hace sentir vivo.

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Semana.com: A propósito de eso, al final de los Jubilados jubilosos usted le pregunta a los personajes de la historia sobre la muerte. Usted ¿qué piensa de ella?

P.B.: La muerte está en mis libros por ahí regada. Incluso mi primer libro no se iba a llamar Los intrusos sino La muerte y sus familiares. En la crónica también está flotando por ahí. Ya sea con mi mamá, con mi papá y con todos los temas porque también esas personas que realizan una actividad se aferran a ella es una manera de alargar el tiempo, una forma de estirarlo.

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