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| 4/18/1983 12:00:00 AM

ESCRITOS POLITICOS

Dos obras recogen el pensamiento de dos figuras de la Independencia: Nariño y Bolívar.

ESCRITOS POLITICOS ESCRITOS POLITICOS
Antonio Nariño, Escritos Políticos, El Ancora Editores, Bogotá, 156 páginas.
La obra política de Nariño no ha sido difundida en nuestro medio, tal vez por considerar poco valiosa su colaboración con la Independencia. De cuando en cuando se habla de los escándalos a que estuvo sometido, los dineros perdidos del Tesoro y los conflictos con Santander.
Sin embargo, Nariño fue un apasionado polemista político, tal vez el mejor de su época, que sabía teñir sus intervenciones de anécdotas romanas, griegas y de Europa meridional; mencionaba la obra de Adam Smith a propósito de la división del trabajo: endilgaba el título de "capitalistas" a sus opositores políticos, y utilizaba el denuesto con fuerza. Su acción pública en el gobierno de Cundinamarca lo señala en la pugna con los federalistas, en 1812, después de haber traducido los derechos del hombre. En 1813 señala su programa de gobierno centralista, y en 1814 hace un recuento sobre la campaña del Sur, en la que, según José Manuel Restrepo, demostró ser un deplorable militar. Más adelante, en 1820, aparece en Gibraltar comentando los acontecimientos de España. En 1821 está apersonado de su papel de defensor de Bolívar en Cúcuta y pronuncia un discurso memorable para defender toda su obra política, que en este momento vira hacia el federalismo. En 1823 pronuncia su emocionada defensa ante el Senado, apareciendo como un patricio romano ante sus detractores, a los que fustiga con sus sátiras.
***
Simón Bolívar, Escritos Políticos. El Ancora Editores 1983, III edición, 129 páginas.
Las ideas políticas de Bolívar están consignadas en el Manifiesto de Cartagena de 1812, las cartas de Jamaica de 1815, el discurso de Angostura de 1819 ante el Congreso Constituyente de Bolivia en 1825, los proyectos panamericanos de 1824-26, la carta a O'Leary en 1829, y un dramático párrafo de la carta a Juan José Flórez en noviembre de 1830.
No se trata de un tratado de politología, ni de análisis sociológicos. La obra política de Bolívar sólo tiene sentido en el contexto en el que se propone un objetivo, en el aprendizaje de los errores cometidos, en la intuición que le permite resolver los grandes problemas con un solo vistazo. Muy poca referencia se encuentra a los textos escritos, excepto a Montesquieu, que parece haberlo guiado hasta el fin. De resto, su pensamiento es esencialmente pragmático, desde cuando, al salir de Caracas y llegar a Cartagena, define la necesidad de centralizar el poder como la clave del gobierno revolucionario .
En las cartas de Jamaica, de otro lado, no se detiene en hacer la jeremíada sobre los impuestos y cargas que impone la Corona Española. Ya está convencido de la justeza de su política, y su viabilidad: España es débil, y no podrá sostener el Imperio. De nuevo, la apremiante necesidad de unificar toda América y dotarla de un gobierno centralizado, para reunir lo que ya se ha dispersado. En las cartas se encuentra un brochazo de caracterización étnico-social de Latinoamérica, cuando se reconoce hijo de una raza invasora, la española, sin serlo él, obligado a vivir en un territorio cuyos auténticos habitantes son los indígenas. Allí, Bolívar clava una línea de demarcación entre el proceso revolucionario anticolonialista y antiautoritario de la liberación y la independencia, y la presión que ejerce la población indígena a la que es necesario dirigir, educar y disciplinar.
Despues de la Independencia, el temor a la anarquía le llevaría a enfrentar una polémica bizarra contra la concepción federalista de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, en Bolivia haría profesión de fe de su estricta aplicación de la división en los tres poderes, originaria de Montesquieu.
Finalmente, es importante consignar el alto grado de desmoralización que refleja la carta a Flórez: "...he mandado veinte años, y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1°. Que la América es ingobernable para nosotros, 2°. El que sirve una revolución ara en el mar, 3° La única cosa que se puede hacer en América es emigrar, 4° Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos colores y razas..."
Como Edipo, ciego al final, contempla la lucha fratricida de sus hijos por apoderarse del botín gubernamental. Como criollo, al fin, se siente aislado de un proceso que dirigió y lo agotó en todas sus energías físicas y sicológicas
Libardo González

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