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| 12/14/1987 12:00:00 AM

ESE LUNAR QUE TIENES...

El Hablador y Mascarita, dos personajes que cuentan lo mismo en forma diferente.

La nueva novela de Mario Vargas Llosa, " El Hablador", es un homenaje cálido, poético y alucinante a la Palabra, a las imágenes orales, a la comunicación de historias y sucesos, a la descripción de situaciones y hechizos, también a la magia, las leyendas, las supersticiones, los fantasmas y los descubrimientos que forman parte de uno de los grupos indígenas menos conocidos de la Amazonia peruana, los Machiguengas. Algunos de sus personajes vienen directamente de una de las novelas más complejas de este autor, "La Casa Verde", publicada 21 años atrás y de la cual se han desprendido, como brazos y lianas voraces, otros relatos. Es el mismo escenario salvaje, los mismos misioneros, los mismos temores, también el mismo infierno padecido por un escritor quien, igual que Gabriel García Márquez con su propio país, ha desmontado pieza a pieza los laberintos que componen el Perú.
"El Hablador" es la historia de un personaje extraño, que no tiene paralelo en la narrativa latinoamericana, Saúl Zuratas, hijo de un judío y una campesina, con un lunar de sangre que le oculta medio rostro y a quien por ese defecto todos llaman "Mascarita". Vargas Llosa lo conoció cuando estaba en la Universidad de San Marcos y admiraba la obsesión de Zuratas con los indígenas peruanos y especialmente con esa tribu, acosada por los colonos que arrasan sus plantaciones y se llevan sus mujeres.
Lo que más sorprende en la obra de este autor es que siempre plantea una innovación técnica, un cambio estilistico y aquí lo logra, ayudado por las dos corrientes que alimentan el libro, publicado por Seix Barral con una carátula que reproduce al Aduanero: por un lado los recuerdos del autor, escribiendo, reordenando su memoria en Firenze y sintiendo la excitación de descubrir su pasado en la selva ahí, en las fotografías expuestas en una galería, y por otro, el río incontenible y desbocado de ese Hablador, ese personaje que entre las tribus va de pueblo en pueblo, recogiendo noticias, aprendiendo leyendas, corrigiendo rumores, informando y desinformando mientras el lector queda fascinado por la carga poética que jamás cesa, que sigue acosando mientras reconstruye esa cosmogonía indígena que tiene varios elementos comunes con grupos colombianos del Amazonas. Los dos textos fluyen paralelamente, alimentándose, completándose, contradiciéndose a veces, jugando con el derecho y el revés de una misma realidad, dándole al lector el espectáculo fascinante y emocionante de un escritor en plena etapa de madurez creativa. Mientras el autor, amo aparente del relato, recuerda; "Mascarita" con una prosa limpia serena y a veces excesivamente patriótica, al otro lado de las cosas y las apariencias, el Hablador suelta su cuentos, se enreda en sus palabras, divierte a los oyentes (estos capítulos, como en cualquier obrá de Cabrera Infante, son para escucharlos y no leerlos por todo el ritmo, toda la musicalidad, toda la fuerza que contienen), y el lector se sorprende de toda la información recogida en un campo que Vargas Llosa ha recorrido no sólo literariamente sino también en sus escritos periodísticos. La aparición de "El Hablador" (coincide con los cuentos de Roberto Burgos Cantor, también en Planeta), es la mejor noticia para un año que, editorialmente habrá que analizar con más calma y mejor humor.







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