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| 9/5/2004 12:00:00 AM

Esplendor americano

Una película que se vale de todo para retratar al autor de un cómic autobiográfico. ***1/2

Título original: American Splendor.
Año de producción: 2003.
Dirección: Shari Springer Berman y Robert Pulcini.
Actores: Paul Giamatti, Harvey Pekar, Hope Davis, Joyce Babner, Madylin Sweeten.

El hastiado Harvey Pekar quiere deshacerse de sí mismo. Y lo único que se le ocurre para lograrlo es escribir los guiones de un cómic (no sabe dibujar: no sabe nada) protagonizado por él mismo. Se llama American Splendor. Y es sobre lo miserable, lo ridícula, lo inútil, lo extraña, lo borrosa que es su propia vida. Y lo milagrosa que es su historia de amor con la inconmovible Joyce Brabner. Sí, claro, sabemos que la identidad es uno de los temas fundamentales del arte, de la vida, del pensamiento, y que en el cine norteamericano ha sido revisado en obras tan brillantes como Zelig de Woody Allen o Atrapado sin salida de Milos Forman, pero esta biografía documentada con increíble humor negro nos invita a pensar en el problema de siempre bajo la sospecha de que, para bien o para mal, no somos nadie en este mundo: no tenemos un nombre original (por ejemplo: un Ricardo Silva Romero centroamericano, alias 'la bestia', fue condenado hace unas semanas por los asesinatos de no sé cuántas personas), tarde o temprano llegamos a las mismas conclusiones a las que llegó el primer hombre en la Tierra, y en la calle nos chocamos de vez en cuando con personas escalofriantemente parecidas a nosotros.

Esplendor americano, una comedia original que parte de la premisa 'la originalidad es imposible', es principalmente una película incómoda. Porque mientras la vemos invadimos la vida de un hombre transformados en vecinos curiosos, nos enteramos de sus peores disfunciones convertidos en desvergonzados lectores de tabloides y celebramos sus fracasos igual que espectadores sedientos de sangre. Pero, sobre todo, porque en el fondo nos recuerda lo extraños que somos todos, lo misteriosas que pueden parecer nuestras cotidianidades desde fuera y lo soportable que puede ser cualquier experiencia si se entiende el mundo como el lugar para la risa.

Este tal Harvey Pekar, que está vivo, que narra los hechos con su propia voz ruinosa y es ese tipo que vemos en la pantalla de todas las maneras imaginables (entrevistado, dibujado, interpretado por el brillante Paul Giamatti), empezó a trabajar en su autobiografía en forma de cómic en 1976 gracias a los dibujos del célebre caricaturista Robert Crumb. Y, aunque llegó a volverse un héroe de culto con el paso de las décadas, jamás pudo abandonar su trabajo como archivador en un hospital. Estamos, pues, ante un hombre cansado que ha buscado la ficción para hacer verosímil la realidad: quien se atreva a ver este largometraje tiene que saber que se trata, nada más, nada menos, del retrato de una persona decepcionada.

Pero también, de una producción llena de ironía que nos respeta profundamente como espectadores. Y que parte de la base de que la verdad es el camino más efectivo para convencer a la audiencia. A mí, que también soy nadie, me parece que verla es una de esas oportunidades que no debemos perdernos.
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