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| 11/15/1982 12:00:00 AM

ESQUEMAS METALICOS

Germán Botero, apoyándose en instrumentos de trabajo popular, como telares y molinos, y utilizando materiales artesanales como fique y loza, construye esculturas que se inscriben en lo local.

En el Salón Nacional de 1975 Germán Botero, un joven artista que aunque nacido en el Tolima hace parte del llamado "Grupo de Medellín", se hizo acreedor al Primer Premio en escultura con una "Torre" de cuatro metros de altura construída con 350 varillas de aluminio. La obra la primera que mostraba, se constituyó desde el comienzo en una de las piezas favoritas del jurado y en particular de Juan Acha, el crítico peruano, quien se expresó sobre ella con las siguientes palabras: "Se trata de un trabajo que sobresale en el Salón por su criterio contemporáneo, en oposicion a la métrica anticuada a la cual parece recurirse con insistencia en la figuración. Es una obra sin complejos de inferioridad y que no revela ninguna timidez en cuanto a confrontar argumentos y teorías que se pretenden propiedad exclusiva de países más desarrollados" .
La "Torre" de Botero (actualmente en la colección del Museo de Arte Moderno) había sido realizada mediante la adición de pequeños módulos cúbicos que definían o dibujaban el vacío, y daba la impresión de que podría elevarse indefinidamente. La decisión de suspender este proceso en un determinado punto, cuando las dimensiones habían logrado la elegancia y esbeltez que actualmente son reconocibles en todos sus trabajos, fue mencionada entonces como una de las muchas determinaciones acertadas del artista, quien revelaba con ella su control de los principios del constructivismo y su aprehensión y conciencia del espacio.
Posteriormente Germán Botero ha realizado nuevas "Torres" y ha construído distintas esculturas (la mayoría en lugares públicos), utilizando en ocasiones materiales como el ferroconcreto y la madera. Pero el metal ha sido, básicamente, su materia prima; y en particular el aluminio anodizado cuyos colores a la vez tenues y brillantes colaboran en la organización y la lectura tanto de los módulos como de los planteamientos totales de las obras. Es decir, el color en su trabajo no esconde las propiedades del medio utilizado como en los casos de Ramírez y Negret, ni permite vislumbrar mediante el óxido, como en los casos de Castles y de Vayda, su eventual desgaste y deterioro. Por el contrario el color en las obras de Botero destaca y enfatiza la consistencia del metal, y al mismo tiempo les otorga destellos y reflejos que, sólo por instantes, pueden alterar opticamente su inapelable precisión. Pues bien, aproximándose al metal de manera diferente a los demás escultores del país, acudiendo al color con miras tan distintas y coherentes con sus pronunciamientos espaciales, y confrontando el concepto "construcción" a base de elementos que son más trazo que masa y más dibujo que volumen, Germán Botero estableció las reglas de un lenguaje con el cual, como lo pone de presente su reciente exposición en la Biblioteca Pública Piloto en Medellín, habría de conseguir una expresión, no sólo de manifiesta lucidez como propuesta tridimensional, sino además de apariencia singular e indiscutiblemente propia.
A pesar de partir de líneas rectas, y por ende, de formas geométricamente definibles, sus últimos trabajos ya no acusan la misma simetría de sus primeras piezas, ni se apoyan en el cubo únicamente, ni resultan de una proposición modular. En consecuencia, la impresión de crecimiento indefinido ha desaparecido por completo, y la geometría, aparentemente inalterada, ha perdido su caracter de sujeto principal. En su lugar, la asociación con elementos reales, e inclusive funcionales, se ha vuelto inescapable, y en sus obras es ahora perceptible cierta predeterminación que les confiere una presencia más total y contundente, no obstante sus sugerencias y alusiones al entorno cultural. Una investigación sobre el artesanado en Antioquia que le permitió profundizar en los procesos del fique y de la loza llevó a Botero a trabajar sobre formas extraidas de estos oficios regionales. Y apoyado en los molinos, los telares, los instrumentos y otros elementos de trabajo popular (pero manteniendo sus realizaciones dentro del vocabulario de líneas rectas y metálicas que habia empezado a definir con sus primeras obras, y sin acudir a esa cursilería temática y cromática que ultimamente se nos quiere hacer pasar como el valor autóctono por excelencia), Botero ha conducido su escultura a convertirse al mismo tiempo en expresión creativa y constructiva y en pronunciamiento sobre lo aledaño y nacional.
Sus obras son ahora como esquemas metálicos dispuestos para enfatizar el mundo circundante, los cuales, con su liviandad y transparencia y con su inclinación por lo aéreo y lo complejo, indiscutiblemente extienden y enriquecen el variado panorama de la escultura en el país.
Eduardo Serrano
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