Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1985/02/25 00:00

E.T. DE COSTAL

"El triangulo de oro" una película sin pretensiones y... con el misterioso atractivo de lo primitivo

E.T. DE COSTAL

No tiene actores conocidos, de ésos en que se pueda apoyar una campaña publicitaria. No tiene desnudos. El director, a pesar de sus tres películas anteriores, no es muy nombrado cuando se habla normalmente de cine colombiano. Pero tiene aventuras: peleas de karate, competencias de pulso, disparos, persecuciones entre peñascos. Y misterio: un tesoro protegido por estatuas indígenas y fuerzas magnéticas, plantas carnivoras, arenas movedizas y un niño verde que aparece no se sabe de dónde ni por qué. El mismo director habla de un "E.T." a la colombiana.
Habría que agregarle que también es una versión criolla de "Los cazadores del arca perdida".
UNA HISTORIA PRIMITIVA
William no viaja con Sully, su esposa, sino con Denisse, su amiga, a la isla fantasma en busca del tesoro, un triángulo de oro. Pero él muere y ella se vuelve loca. Los malos saben que Sully es la única que conoce la ruta por el mar para llegar a la isla. Deciden entonces raptarla. Así lo hacen y se la llevan, pero también fracasan en la empresa. Mueren por la acción de un ruido agudo que produce el triángulo dorado cuando alguien se le acerca. Jack, hermano de Sully, acude en su rescate, sin saber que en la bodega de la barca en que viaja se ha escondido su sobrino, un niño mudo que será finalmente el que superará todos los obstáculos, con la ayuda del ET nacional.
La sola síntesis argumental puede ser desanimadora. Sinembargo la película tiene el atractivo de lo primitivo. A nadie se le ocurre criticarle a Ramón Roncancio la ausencia de perspectiva en sus cuadros. Lo que lo ha hecho famoso es esa visión del mundo carente de la ilusión de tercera dimensión, carencia que es propia de la pintura primitiva y que obliga a quien la contempla a establecer las relaciones de perspectiva. El debate sobre si se trata de arte menor o de "verdadero arte" no cabe aquí, ya es un triunfo que Roncancio haya entrado a nuestras galerías.
Jairo Pinilla es el Roncancio de nuestro cine. Su mundo es ingenuo, carente de profundidad en los personajes y en el desarrollo del tiempo.
No le preocupa gastarle muchos minutos a una escena que no le añade nada a la acción pero que le sirve para mostrar el Canal d. Panamá metro a metro, con todo y paso de un barco por las esclusas, mientras unas escenas después, cuando Jack viaja a la isla fantasma con el niño polizón, es el espectador el que tiene que imaginarse que la isla queda lejos de la costa porque, por la forma como se describe el viaje, parecería que estuviera a tiro de piedra. El tiempo es tan plano aquí como el espacio en la pintura primitiva.
El sentimiento, la emoción, se lo tiene que poner uno, la película se limita a darle los elementos. Es el caso del niño mudo en medio de los peligros de la isla fantasma: no es lo mismo ver sufrir a un niño desconocido que a uno con el cual existe una relación afectiva. De todas maneras es terrible, pero la película se queda en el primer grado, el de mostrarnos los sufrimientos de un niño sin que previamente nos haya hecho sentir algo por ese niño concreto. ¿Es esto parte del primitivismo de Jairo Pinilla, o dentro de ese estilo es posible construir unos personajes que se vayan ganando al espectador emocionalmente como requisito para que el momento de la aventura tenga toda la eficacia de impacto que se pretende? En otras palabras, ¿hasta dónde llega lo primitivo?
La misma pregunta se puede hacer con respecto a elementos en los cúales el espectador tiene que aceptar convenciones implícitas: a la piedra magnética, de efectos mortales, se le ve la pintura Pintuco o Viniltex sin necesidad de observar con mayor detención. Lo mismo que al E.T.
criollo, al cual se le ve el cartón o costal pintado de verde. Uno tiene que aceptar--por convención--que una piedra así tiene que ser terrible, y que un niño verde tiene que tener algunos poderes o conocimientos especiales.
¿QUE VE EL PUBLICO?
No es paternalismo indulgente que intenta aceptar un mundo ingenuo recubriéndolo y justificándolo bajo la denominación de "primitivismo". Lo que trato es sencillamente de no caer en la tentación más fácil, de lanzarse contra la película y destruirla aplicándole principios cinematográficos abstractos. Sobre todo porque estamos ante una película sin pretensiones de "profundidad", que sólo quiere divertir y que, seguramente, lo va a lograr. Lo que pretendo es analizar las características de este tipo de historias y de la forma como están contadas pensando en la respuesta del público, que casi nunca está relacionada con lo que el crítico concibe por calidad.
Un ejemplo de conflicto entre calidad y respuesta del público lo hemos visto recientemente con "Los Elegidos", una película muy mal contada que ha sido éxito de taquilla. ¿Qué es lo que ha ido a ver el público? No es a Amparo Grisales porque ya todos sabemos, por comentarios, que se la ve mejor en las fotos de Al Dia. ¿Será el tema? Será el que le pone el público, porque la pelicula es en si un pastiche de temas. ¿Será la historia de una mujer de alta sociedad que lucha con una manicurista pobre por el amor de un hombre perseguido por los nazis? Puede ser, pero esto es lo peor contado de la pelicula. Entonces no queda sino el mundo de salones, de cocteles y vestidos elegantes (con Lina Botero, Julie Pauline Sáenz y Florina Lemaitre de extras que pasan, sonríen ante la cámara y desaparecen). ¿Será esto? ¿Cómo averiguarlo? Ese es el problema real si no nos queremos quedar en la diatriba inútil contra las peliculas o en el elogio sin limites.
"La isla fantasma El triángulo de oro" está mejor contada que "Los Elegidos". ¿Qué es lo que va a atraer? ¿Qué es lo que irá a ver el público?
¿Al niño mudo que triunfa? ¿Los trucos que, en su elementalidad, funcionan? ¿Lo primitivo de la historia y de la forma de contarla? ¿Los paisajes del Canal de Panamá y de la isla, nuevos en nuestro cine? ¿La novedad de actores que nunca han aparecido en la Pantalla de la televisión? -
Hernando Martínez Pardo -

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