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| 5/3/2014 2:00:00 AM

Europa otra vez se deja ver

Con Eurocine en cartelera, SEMANA analiza cómo está el séptimo arte de ese continente, qué tanto se ve en Colombia y cuál es su relación con Hollywood.

Hace 20 años Eurocine abrió un espacio para el séptimo arte europeo. Desde entonces, en los teatros del país ya no solo se oye solo el inglés o el inconfundible acento mexicano, o se ven las historias de Steven Spielberg y George Lucas. A partir de ese momento se percibieron otros idiomas como el rumano, el griego y el turco, y también se comenzó saber de nuevos nombres.

El Festival se inauguró en Bogotá con 23 películas y 8.900 asistentes, luego llegó a Cali y a Medellín. Con los años, el gusto por este cine creció: en las últimas ediciones reunió unos 50.000 espectadores anuales. Y siguió ascendiendo, pues abrieron sus puertas otros festivales en el país como el español, el italiano y el francés. Así el Viejo Continente, a través de sus películas, entraba en Colombia, mostraba su diversidad. 

Pero este desarrollo no fue solo de festivales. En 2013, los filmes europeos que llegaron a la cartelera convocaron un millón y medio de personas, el 6 por ciento del mercado. Con 40.000 espectadores, en siete semanas de programación en 15 salas, la cinta más vista el año pasado fue Amour, del austríaco Michael Haneke. Según Federico Mejía, director de la distribuidora y exhibidora Babilla Cine, “todo un éxito. Claro, no tiene comparación con ‘Monsters University’ en 3D, la película más taquillera del año, que tuvo 2.313.423 asistentes y se estrenó en más de 200 pantallas”.

Aunque el cine europeo ha ganado espacio, sigue siendo un producto de nicho. Lo buscan personas con buen poder adquisitivo y nivel educativo alto, los cinéfilos de siempre y los universitarios, curiosos por las nuevas tendencias. 

Este interés ya existió en Colombia en los años 60 y 70 con la fiebre por los grandes maestros europeos como Ingmar Bergman, Pier Paolo Pasolini y Federico Fellini. Furor que cesó cuando Hollywood desarrolló nuevas tecnologías y el cine europeo perdió público. Cambió la forma de ver películas y los teatros de barrio fueron reemplazados por las cintas que se podían ver desde la comodidad de la casa, en su mayoría blockbusters. 

Sin embargo, lo que hoy llega a las salas no es siempre la mejor muestra de Europa. Así lo afirma Augusto     Bernal, crítico, historiador y director de la Escuela de Cine Blackmaría, “lo que se exhibe en Colombia es el ripio, lo mejor va a los Festivales y generalmente no llega aquí por razones comerciales”. 

Un caso muy diciente es el del director húngaro Béla Tarr, considerado uno de los grandes maestros europeos y autor de películas como El Caballo de Turín (2011), El hombre de Londres (2007) y Sátántangó (1994), del cual nunca se exhibió una película en Colombia. Su obra se caracteriza por el blanco y negro, historias densas y largas secuencias. Mejía, quien no duda de la calidad del director, explica que al colombiano promedio no le gusta entrar en complejidades. Prefiere películas más amables como la francesa Amélie (2001), que tuvo en su momento 600.000 espectadores.

En esto coinciden todos los exhibidores. Aseguran que los colombianos buscan de los europeos historias idílicas, comedias, dramas familiares, poca violencia, películas ganadoras en los festivales más importantes y los temas que tengan que ver con grandes personalidades como Édith Piaf, en La vie en Rose (2007) y Renoir (2012).

Mientras en Colombia poco a poco se aprecia la calidad de esta cinematografía, se mantiene vigente en su continente. Como afirma el crítico Samuel Castro, “está vivísimo. Los que dicen que no hay cine, es que no están viendo el cine europeo”. 

¿Qué se está haciendo?

“El cine europeo abarca todos los géneros y cada país tiene su propia tradición –explica el crítico Pedro Adrián Zuluaga–. Por eso es difícil hablar de un cine homogéneo. Pero sí tiene momentos comunes dentro de su historia”. Aunque la Segunda Guerra Mundial sigue siendo una temática recurrente, se ha renovado y está intentando dejar atrás este capítulo, que lo representaron muy bien escuelas como el neorrealismo italiano, la nueva ola francesa y el nuevo cine alemán. 

Aun así, como explica Bernal, “temáticamente sigue mostrando conciencia de clase y conciencia de país. Sigue siendo político e inteligente”. Castro agrega que ahora es más social, busca reflejar cada fenómeno de la sociedad europea. Por ejemplo, para ver a la actual Grecia y a su sociedad hay una gran película que es Canino (2009), de Giorgos Lanthimos. Esa cinta también representa el buen momento del cine en países que no tienen una gran tradición cinematográfica. 

Lo mismo ocurre con Rumania, que se jacta de tener una de las grandes piezas de los últimos años como 4 meses, 3 semanas, 2 días (2007), de Cristian Mungiu. Portugal también va por este camino con filmes como Gebo et l’ombre (2012), de Manoel de Oliveira. Igualmente, vale la pena mencionar lo que se está haciendo en la antigua Unión Soviética. 

En cuanto a los países habituales, después de la nueva ola y el cine negro, Francia está encontrando un nuevo camino con directores como Léos Carax, con Holy Motors (2012), que hace poco se vio en Colombia, y Philippe Garrel con La jalousie (2013). España, pese a la crisis, se da el lujo de tener actualmente la película más taquillera en la historia de ese continente, Ocho apellidos vascos, de Emilio Martínez Lázaro (2014). Otros buenos títulos ibéricos, según Augusto Bernal, son El artista y la modelo (2012), de Fernando Trueba, el trabajo del documentalista José Luis Guerín y Caníbal (2013), de Manuel Martín Cuenca. “Pero aquí nos llega Álex de la Iglesia, que está en decadencia”, agrega el crítico. 

Italia, por su parte, vive un buen momento y es diciente  que acaban de ganar el Oscar a Mejor Película Extranjera con La gran Belleza (2013), de Paolo Sorrentino. Entretanto, en Alemania hay un auge de nuevos realizadores que abordan diferentes temáticas, mientras los países escandinavos se están especializando, aunque a veces parezcan repetitivos, en grandes thrillers como Millenium (2009), de  Niels Arden Oplev, y Headhunters (2011), de Morten Tyldum. Inglaterra, por último, sigue reflejando la clase obrera.

Lejos y cerca de Hollywood

El 85 por ciento de las películas que se ven en Colombia proviene de Hollywood. Las poderosas productoras norteamericanas son sin duda las grandes distribuidoras de películas en el mundo, pero las europeas han sabido mantener su público. Esto gracias a que se han diferenciado del esquema comercial. Si bien el cine del Viejo Continente también tiene filmes de diferentes géneros, hay una mayor tendencia a dejarlos de lado. “En Europa –dice el escritor y crítico de cine Ricardo Silva– hay muchos más directores que tratan de romper la narrativa tradicional, aunque en Estados Unidos hay ejemplos de importantes directores experimentales”. 

Aunque el cine europeo es más libre e independiente, y se intenta mantener al margen de la gran máquina cinematográfica estadounidense, a veces sucumbe ante ella. Hollywood se lleva a algunos de sus mejores directores y hace sus propias versiones. “Y en ese intento, algunos fracasan como Almodóvar, que tocó fondo con ‘Los Amantes pasajeros’ (2013)”, asegura Bernal.

Mientras Europa y Estados Unidos libran ese pulso, en Colombia crece el gusto por el séptimo arte. El año pasado 43.279.547 personas asistieron a las salas y se espera que en 2014 esa cifra crezca no solo para producciones hollywoodenses sino para las de Europa, que sin artificios sigue mostrando qué pasa al otro lado del Atlántico. Para la muestra basta asistir a Eurocine. 

Los grandes éxitos

Para celebrar los 20 años del Festival se presentan las diez películas que más han gustado a los colombianos: 

  • 9 Songs (Michael Winterbottom, Inglaterra, 2004).
  • Comedian Harmonists (Joseph Vilsmaier, Alemania, 1997).
  • Karakter (Mike Van Diem, Holanda, 1997).
  • La vida que te espera (Manuel Gutiérrez Aragón, España, 2004).
  • Le Bassin de John Wayne (João César Monteiro, Portugal, 1997).
  • Nachtgestalten (Andreas Dresen, Alemania, 1999).
  • Naked (Mike Leigh, Inglaterra, 1993).
  • O’horten (Bent Hamer, Noruega, 2007).
  • Stand-by (Roch Stéphanik, Francia, 2000).
  • Vratné Lahve (Jan Svrák, República Checa, 2007). 
20 años de buen cine

Desde el 30 de abril hasta el 1 de junio el festival se toma las salas de cine de Colombia con 46 películas y 16 cortometrajes. Eurocine y Eurocine Comunitario, una alternativa educativa para el público que abrirá espacio para un cine diferente en Bogotá, Cali, Medellín, Manizales, Armenia, Bucaramanga, Neiva, Guatapé y Ciudad Bolívar (Antioquia). Este año Eurocine, con el eslogan A la vuelta de la esquina, tiene una aplicación de celular para facilitar a su público el acceso a la programación. La directora, Theresa Hope, recomienda especialmente las películas de la sección Arte y Cine, como Die Wand, una obra austríaca que describe como “espiritual e impactante.” Además de la proyección de películas, Anca Damian, cineasta y animadora rumana, será la invitada especial para realizar un taller de animación. También estará el crítico de cine alemán Holger Römers y la productora de cine inglesa Tishna Molla. Las directivas no se decantaron por un país como invitado especial sino que decidieron celebrar su vigésimo aniversario con todos los países del continente. “Estamos muy orgullosos del camino recorrido –dice Hoppe–. Hemos logrado seducir al público colombiano, complacerlo y demostrarle que el cine europeo no es denso ni aburrido”. 
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