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| 12/7/1998 12:00:00 AM

EXOTISMO Y GRACIA EN LA OBRA DE ALFONS MUCHA

Una exposición que exalta el ensueño y la ornamentación.

La exposición del artista checo Alfons Mucha (1860-1939) en el Museo Nacional ofrece una excelente oportunidad para examinar, tanto la lujosa fluidez de un trabajo que tuvo amplias repercusiones en todo el mundo como las características del movimiento art nouveau, del cual fue una de las figuras sobresalientes. Este movimiento, cuyo apogeo se extiende desde la penúltima década del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, se conoce también como modernismo, aunque el término se presta a confusiones puesto que se utiliza igualmente para referirse a todos los movimientos vanguardistas que se iniciaron con el impresionismo y que nutren la historia del arte hasta nuestros días.
El art nouveau se opuso al tradicionalismo artístico de la segunda mitad del siglo XIX en Europa, pero cristalizó en una tendencia básicamente decorativa que tuvo su más lograda expresión a través del diseño de muebles, objetos y arquitectura, así como en el campo del afiche y la ilustración, en la cual Mucha alcanzó sus mayores éxitos. El principio de la igualdad de las artes, cimiento conceptual del art nouveau, tuvo algún eco en Colombia en la argumentación que condujo a la apertura, a comienzos de siglo, de la Escuela de Artes Decorativas e Industriales _anexa a la de Bellas Artes_, gracias a la cual se produjo buena parte de la ornamentación arquitectónica de ese período. La influencia del estilo, de sus formas y motivos se hizo especialmente notoria en la producción del artista antioqueño Marco Tobón Mejía (1876-1933), cuyas ilustraciones para le revista Lectura y Arte no dejan duda de que conoció los Documentos decorativos de Mucha publicados en 1902.
La obra de Mucha ejemplifica como ninguna los valores del art nouveau por su línea rítmica, sinuosa y notoria, por su colorido resplandeciente, por sus estilizaciones delicadas y por el énfasis decorativo de sus composiciones. El suyo es un arte de gracia y refinamiento en el cual la mujer de belleza lánguida y las flores que se entrelazan en sugestivos arabescos son las principales protagonistas. En su obra se conjugan aires bizantinos y clásicos con la capacidad de síntesis del artista, lo que produce imágenes armónicas y felices que no sólo alcanzaron una ferviente popularidad en la época en que fueron realizadas sino en diversos períodos, como en los años 70, cuando tuvo lugar la última oleada de estimación del poster.
Pese a que no se incluye su afiche más renombrado _Gismonda, realizado para la actriz Sara Bernhardt_ la brillantez de Mucha como diseñador de carteles es perfectamente comprobable en la muestra, como lo es el exotismo de sus representaciones y su sutileza erótica. La instalación de la exposición colabora con la apreciación de las obras, aunque la presentación disgregada de los paneles sobre Las cuatro estaciones no pasa de ser una indelicadeza con un trabajo cuya integridad ha debido preservarse; un capricho museográfìco que da al traste con la continuidad de un ciclo y que en nada colabora para que se perciba mejor la evolución o los logros del artista.
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