Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2002/02/26 00:00

Expedición secuestro

Conmovedor relato de un colombiano que permaneció cuatro meses en poder de las Farc.

Expedición secuestro

Pedro Salvatierra
Confesiones de un secuestrado
Intermedio, 2001
260 páginas



Como tantos colombianos, Pedro Salvatierra* fue secuestrado por las Farc y llevado a la ‘zona de distensión’ donde permaneció casi cuatro meses hasta que su familia, haciendo un gran esfuerzo económico, pagó el rescate.

Nada extraordinario, se dirá: es lo que vemos casi a diario. Pero hay algo que hace especial su caso. Salvatierra no dejó que esta terrible experiencia quedara —como ha ocurrido con otras, acaso más dolorosas— reducida al olvido o al pequeño círculo de su familia y de unos pocos amigos a través de Internet. Escribió un libro y lo escribió muy bien: el que lo lee no podrá nunca olvidar en qué consiste y cuánto se sufre en un secuestro. Y porqué razón las Farc merecen figurar, con todos los honores, en la historia universal de la infamia:

—¿Qué bienes tiene viejo hijueputa?

—Una camioneta Subaru, modelo 93, que está pignorada porque debo plata sobre ella.

—No le estoy preguntando qué debe, sino qué tiene. Todos dicen lo mismo, no tienen nada, sólo deudas; ¡a mí me dice la verdad, o lo mando colgar de las güevas! Y cuídese de no olvidar nada, tenga en cuenta que su familia y todos sus bienes pueden ser volados con una bomba.

—Tengo una casa que está hipotecada.

—¿Cuánto vale? ¿Qué más tiene? ¿Ganado? ¿Fincas? Piense bien, que por mentirosos aquí han pasado hasta siete años, al fin se acuerdan de lo que tienen... Voy a hacer subir a un pariente suyo encapuchado para carearlo y entonces sí va a tener que decir la verdad...

—Tráiganlo —respondí—. No tengo más.

—¿Saldo en el banco?

—Sobregiro —dije—.

—¡Váyase de aquí, hijueputa, antes de que le rompa la cara! ¡Aquí no me venga a llorar!

A pesar del diálogo mencionado entre Salvatierra y el siniestro comandante del frente que lo tenía secuestrado, es importante aclarar que sus confesiones no están escritas con odio. Salvatierra es un colombiano de clase media, indefenso —un emblema de la verdadera sociedad civil atrapada en un conflicto absurdo—, que en medio de la indignidad a la que es sometido junto con otras personas, trata desapasionadamente de encontrarle un sentido y una posible justificación a la conducta de las Farc. Y sólo ve que, aparte de algunos jefes recalcitrantes y sanguinarios, hay en su mayoría unos campesinos abandonados por todos los gobiernos que no han tenido ninguna otra opción y que están allí más por temor que por convicción y a la menor oportunidad volverían con sus familias y a sus antiguas labores.

Al quedar atrapado en manos de una organización que se perdió sin remedio en el laberinto sin salida de la delincuencia —los medios terminan contaminando los fines pese a lo que diga Maquiavelo—, el único camino posible es restablecer un mínimo sentido de lo humano. Uno de los hechos más valiosos y más conmovedores de este libro es la manera en que Salvatierra y el grupo de secuestrados que se encontraban con él tratan desesperadamente de encontrar la solidaridad, el juego, la esperanza, las actividades cotidianas: cualquier cosa, cualquier simulacro que los restituya a la vida y los salve de no perecer ante la adversidad y barbarie total.

Este gobierno pusilánime y sus pusilánimes negociadores han sido incapaces de llevar a la mesa de negociaciones el tema del secuestro. Y ello resulta imperdonable. Por eso, al igual que la guerrilla, ha perdido legitimidad. Y por eso, el único camino es que la sociedad civil, tan manoseada y tan tergiversada en inútiles y aburridos foros, se levante y diga ¡no más! En acciones como las que han ocurrido en algunos pueblos, en marchas, en testimonios como este. Hay que convencer al mundo que el secuestro es tan horrible y tan inhumano como lo fueron los campos de exterminio nazis. Que los miles de secuestrados colombianos cada año son una afrenta para la civilización. Que esta ignominia tiene que acabar ya.



* Por obvias razones, todos los nombres de este libro son ficticios

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