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| 11/4/2006 12:00:00 AM

­Fábula de dos hermanos

Simultáneamente aparecen el nuevo disco de Antonio Arnedo y el debut de su hermano Tico. Dos estupendos testimonios de una dinastía musical.

El apellido Arnedo es sinónimo de música en la Costa Atlántica. Lo portan artistas de toda índole, desde antiquísimos compositores de zarzuela hasta inspiradas cantaoras, pasando por glorias del porro y el merecumbé. Cuando hace 10 años apareció el disco Travesía, firmado por Antonio Arnedo, fueron muchos los paisanos de Turbaco que se sintieron orgullosos porque había salido a la luz "el hijo de Julio". Igual pudieron decir "el sobrino de Carlos" o "el bisnieto de Salustiana": cualquier miembro de la familia era referencia musical.

"Mi cálculo alrededor de la cantidad de músicos en la familia Arnedo es incierto, dice Antonio. Hubo un momento en que la banda del pueblo estaba formada solamente por familia, incluidos mis tíos abuelos, mi abuelo y mis tíos bisabuelos". Sin embargo, hay que decir que sólo una mínima parte de la dinastía ha llegado a los estudios de grabación. El saxo de su padre, Julio, se puede oír en algunos discos de la orquesta de Pacho Galán y más recientemente en el álbum Veteranos del Caribe (publicado el año pasado por el sello MTM). Insuficiente para semejante talento, pero al menos es algo.

En el nivel discográfico, Antonio es quien más huella ha dejado. Ahora, 10 años y cinco discos después de Travesía, el saxofonista sorprende con un álbum llamado Hay otra orilla. Ya no lo acompaña su cuarteto tradicional, porque la búsqueda de Arnedo ha tomado otros rumbos. El nuevo repertorio fue grabado en Buenos Aires con músicos argentinos. Por primera vez aparece un piano, cuyo sonido acompaña muy cálidamente al saxo soprano, y las referencias al folclor colombiano se han diluido para favorecer un sonido más internacional.

Tal vez este nuevo disco no sea su despedida definitiva a la música tradicional. Incluso uno de los temas lleva el título de Pasillo lento y en una reciente entrevista declaró haber descubierto que "la chacarera se parece al bambuco". Pero las referencias colombianas son ahora menos obvias. Ya no hay bundes tolimenses ni cumbias cienagueras. Lo que hay es, sobre todo, un saxo inspiradísimo explorando como nunca el amplio lenguaje del jazz.

Al mismo tiempo acaba de aparecer el disco Impulso puro, debut de su hermano mayor, Tico Arnedo. Es la misma sangre, pero el sonido es bien diferente. Tico lleva 30 años de vida artística, que en su caso se concentró en las presentaciones en vivo, en bares o en festivales de jazz, como líder de grupo o como acompañante. A lo largo de esas tres décadas oíamos la pregunta flotando a la salida de los conciertos: "¿Cuándo sale el disco de Tico?" pero el disco tardaba. El desinterés de algunos productores y la proverbial timidez del músico nos obligaron a esperar. Hoy la paciencia ha sido premiada con un documento exultante.

En la música de Tico no hay solos aguerridos ni extravagancias armónicas. Su sonido es de una sencillez casi infantil, lo cual concuerda con su personalidad. Varios de sus amigos músicos lo describen con afecto como "un niño grande", uno de esos seres especiales que a pesar del tiempo y las dificultades se las han arreglado para mantener la inocencia. Y esa inocencia es la que nos regala a sus oyentes en esta grabación, con títulos vitales como Naturaleza viva o La vida siempre gana.

"Muchas veces estoy tocando y digo: '¡Uau! Esto es lo que siempre quise hacer'", confiesa Tico. Sin duda esa emoción es compartida por sus oyentes. Uno de los discos más esperados de la historia del jazz colombiano ha resultado, a la vez, una profunda meditación sobre el optimismo.
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