Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/07/31 00:00

Factoría de arte

En una vieja termoeléctrica funciona la nueva galería Tate Modern, uno de los hitos de la remozada Londres.

Factoría de arte

Desde hace por lo menos cinco años Londres juega a ser la mejor ciudad del mundo y los ingleses no han ahorrado ningún esfuerzo para tratar de demostrar que esto es cierto. Y lo intentan en todos los órdenes: moda, arquitectura, gastronomía, un campeonato de fútbol repleto de estrellas internacionales, una vida nocturna mucho más animada y variada y el arte no es la excepción. Precisamente uno de los iconos de esta nueva Londres que quiere dejar en el olvido los grises y depresivos años de Margareth Thatcher es la Tate Modern, una galería que funciona en una vieja termoeléctrica rediseñada por los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron y que, tras su reciente inauguración, se ha convertido de la noche a la mañana en uno de los lugares más visitados de la ciudad.

Lo único malo es que el puente peatonal del Milenio, que une la galería con la ribera norte del Támesis, tuvo que ser cerrado por fallas estructurales. Esta obra del arquitecto sir Norman Foster y el escultor Anthony Caro provocaba verdaderas peregrinaciones de gente que hacía colas de hasta cuatro cuadras de largo para poder atravesarlo.

La Tate Modern está ubicada en un lugar estratégico, en el barrio de Bankside, que forma parte del distrito de Southwark. Frente a ella está la Catedral de San Pablo y desde los pisos superiores de la galería se tiene una vista privilegiada sobre su cúpula y otros edificios de la City.

La Tate Modern es uno de los lugares que han hecho posible la recuperación de la ribera sur del Támesis, que había caído en un estado de abandono tras la desindustrialización del sector en los años 20, situación que se agudizó con los bombardeos que sufrió Londres durante la Segunda Guerra Mundial.

Southwark había sido en el pasado uno de los lugares más animados de Londres. Por cierto, allí funcionaba el famoso Globe

Theatre, donde se presentaban las obras de Shakespeare. Hoy día el Bankside palpita de nuevo, en gran parte gracias a la Tate Modern, el rediseñado sector del Museo del Diseño (junto al puente de la Torre) y el reconstruido Globe Theatre.

El edificio conserva en gran medida los espacios originales de la vieja termoeléctrica y la atmósfera propia de una fábrica, con vigas y columnas metálicas a la vista y colores crudos en las paredes. En la sala de turbinas, que ocupa la mitad sur del edificio, se presentan obras que los artistas realizan especialmente para ser expuestas allí. Este gran espacio lo ocupan tres monumentales esculturas de la neoyorquina Louise Bourgeois. En la pasarela a la altura del segundo nivel, que permite apreciar la sala de turbinas, se exhibe una gran araña en bronce de la misma artista.

Las salas donde se muestran la colección permanente y otras exhibiciones temporales ocupa la parte norte del edificio. La colección permanente cuenta con obras de grandes artistas del siglo XX como Monet, Picasso, Dalí, Miró, Matisse, Rothko, Pollock y Francis Bacon, entre muchos otros. A diferencia de varios museos, donde se ordenan las obras de acuerdo con parámetros cronológicos, en la Tate Modern la colección permanente está agrupada en cuatro salas temáticas. Paisaje-Materia-Entorno, Naturaleza Muerta-Objeto-Realidad, Desnudo-Acción-Cuerpo e Historia-Memoria-Sociedad, donde se exhiben dos trabajos de la colombiana Doris Salcedo.

Además, en las salas se exhiben películas clásicas tales como Un perro andaluz, de Salvador Dalí y Luis Buñuel, y Ballet méchanique, de Fernand Léger. Cada sala cuenta además con puntos de lectura con vista a la sala de turbinas y al Támesis, en los que los visitantes pueden leer libros relacionados con las obras que se exhiben en cada sala.

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