Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2015/09/21 18:51

Faith No More dejó su huella en Bogotá

El concierto de los californianos el viernes en la noche descrestó a los asistentes y abrió una tanda de actos de alta calidad de aquí a fin de año en Bogotá. Le siguen System of a Down, Muse y Pearl Jam.

Faith No More se presentó el viernes pasado en el Royal Center de Bogotá. Foto: Archivo particular.

Es una banda única en su especie y eso demostró durante la hora y cuarenta minutos que duró su espectáculo en el teatro Royal Center de Bogotá. Faith No More (FNM) sumó un toque de histrionismo, de humor, de clase y de agitación de los sentidos a su virtud musical. Y aquellos que asistieron por primera vez en Colombia a gozar de una banda que bordea el culto y el mainstream salieron extasiados, cantando varios de los hits favoritos que venían de escuchar en vivo mientras se despedían del antiguo cine de Chapinero.

En un comienzo, la gran velada parecía tener un desenlace no muy bueno. Entrada la noche el teatro presentaba un golpe de ojo desolador. No había ni siquiera fila afuera y la asistencia apuntaba a ser una históricamente baja. Pero el tiempo jugó su parte, y con el pasar de los minutos llegaron los seguidores fervientes de una banda difícil de enmarcar en un solo género. Es rock, sin duda, pero es una enorme influencia para toda una camada de rockeros colombianos… solo basta escuchar varios de los grupos locales que hicieron historia como Ultrágeno para reconocer su peso en el movimiento local.

Pasadas las 8 de la noche se subió al escenario la banda telonera, ‘Desnudos en coma’, de Cali. Un conjunto de dos guitarras, batería y bajo de cinco cuerdas. Todos menos el bajista cantan y su propuesta resultó más que adecuada para abrir la noche. Tal como el acto principal, los caleños conjugaron varios estilos distintos, y en su toque de 40 minutos dibujaron sonidos que recordaron a las bandas  estadounidenses como Killswitch Engage y Explosions in the Sky.

Se desplegaron en la tarima de forma interesante, reconociendo su propia naturaleza: en el medio, el esqueleto rítmico de batería y voz y a los lados las dos guitarras, quienes a la vez sirven como voces predominantes del grupo. La banda no desentonó, y si bien el sonido puede mejorar, en quizás el concierto más relevante de una carrera que empezó en 2011 dejó una grata primera impresión.

Casi sobre las 10 de la noche la sobriedad del escenario decorado de blanco con flores y de ellos vestidos como si fueran para un matrimonio en playa se rompió cuando iniciaron el “toque” con la canción Motherfucker. En ese momento los asistentes ratificaron que esa noche era una velada de “violencia y etiqueta”, slogan con el que fue promocionado el concierto. Una violencia donde no se agredió a nadie salvo a las cuerdas vocales de Patton, que con sus gritos y cambios bruscos de timbre de voz y a los cuellos y pantorrillas adoloridas de tanto cabecear y saltar.

Fueron 18 canciones entras las que los estadounidenses mezclaron con tacto varios hits del pasado lejano (Epic, Land of Sunshine, Midlife Crisis –fantástica versión con canto a capela de la audiencia y con interludio de banda sonora de The Lion Sleeps Tonight, del Rey León-, Last Cup of Sorrow, Ashes to Ashes y We Care a Lot) con canciones de su último disco (que tocaron casi todo, con Motherfucker, Sunny Side Up y Separation Anxiety). No hubo pieza que desentonará. Quizás a algunos les quedó faltando una favorita, quizás From Out of Nowehere, quizás otra, pero los artistas entregaron una mezcla impecable.

Mike Patton, cantante entre cantantes, jugó con su altoparlante como con sus cuerdas vocales, cuyo rango no dejó de impresionar. Con una dosis de español gracioso, casi robótico y mexicanizado, le habló al público y mencionó varias veces que era la primera vez que venían al país. Lo sabía todo el público pero saber que la banda lo tenía presente era gratificante como acto de reconocimiento y justicia histórica.  Los otros músicos sumaron gratamente. El bajo de Billy Gould sonó como un ‘exosto’ galopante y sus movimientos de baile hacían justicia a la música que  el teclista Roddy Bottum, el guitarrista Jon Hudson y el monstruo de los tambores Mike ‘Puffy’ Bordin entregaron. El testimonio del tiempo bien quedó plasmado en las blancas rastas del baterista, pero sin importar el color de su pelo, no perdió un compás y su “punch” se mantiene igual de fuerte.

Como lo prometieron y han venido haciendo en su gira, el escenario para ‘Faith’ estuvo pintado de blanco. O mejor, cubierto de un lienzo blanco en el que las luces jugaron y tiñeron de rojo, violeta, azul la noche.

También fue decorado con grandes floreros que podían confundir a algún despistado y hacerlo creerse en algún matrimonio o bautizo. Los músicos y los miembros del equipo de producción vistieron de blanco e hicieron parte del concepto. La puesta en escena reflejó algo distinto a lo que se espera de una banda de rock, pero una vez empezó la música, no quedó duda de dónde se estaba y de a qué se estaba jugando.

Y como si siguiera el libreto de un matrimonio o cualquier evento de etiqueta, en donde uno de los anfitriones ya sea por la emoción o por el alto grado de alicoramiento irrumpe con un acto que deja atónitos a los invitados, Patton, casi al finalizar el concierto se lanza en el tradicional slam, sobre sus seguidores. Fue el momento apoteósico del concierto. Solo un puñado de personas tuvo el privilegio de tener entre sus manos por pocos segundos al vocalista que está a punto de llegar a los 50 años.

Los cuellos de muchos se levantaron adoloridos el sábado en la mañana por causa de una noche épica en manos de unos experimentados músicos, expertos en dar espectáculo y en descargar toneladas de energía. Los oídos también sufrieron su parte, pues el rock no se ahorró volumen y la gente cantó a todo pulmón.

Aunque muchos supuestos expertos del rock afirman que a Colombia solo vienen bandas que han pasado al olvido, la experticia de FNM mostrada en el concierto muestra que muchos grupos continúan creciendo y mejorando su sonido a través de los años a pesar de que no sean los preferidos de la radio y de los empresarios del gremio.

Sin duda el concierto de FMN es el inicio de temporada en donde los bogotanos podrán ver la experiencia de bandas legendarias como System of a Down, Muse y Pearl Jam

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