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| 12/4/2010 12:00:00 AM

Falsos apocalipsis

Una obra que combina la psicología, la novela de terror y la ciencia ficción. Resultado: la decepción.

David Monteagudo
Fin
Acantilado, 2010
350 páginas


Hablamos ahora de "grandes editoriales" y de "editoriales independientes". Las primeras pertenecen a un grupo empresarial de comunicaciones y las segundas se dedican, como antaño, al menos rentable oficio de publicar solo libros. ¿Las grandes editoriales publican libros malos y las independientes solo libros buenos? Por supuesto que no, este negocio no es tan simple como parece. Las editoriales independientes también publican malos libros y producen best sellers. Porque es un negocio, es importante aclararlo: ambos, como es apenas natural, buscan que sus libros se vendan. ¿Cuál es el secreto para vender un libro? Por fortuna, nadie lo sabe. Los lectores son caprichosos y difíciles. Pero una cosa es cierta hoy en día: en las editoriales independientes prima el criterio editorial sobre el comercial; en las grandes editoriales, lo contrario. ¿Es el dinero un criterio? Sí, pero confuso e impredecible. El criterio editorial es algo más claro para el lector: bueno o malo, sabe a qué atenerse, sabe que hay alguien detrás con un estilo propio de hacer libros.

"Lo peor es dar bandazos", dice Jaume Vallcorba, fundador de Acantilado, una de las editoriales independientes más prestigiosas en catalán y en español. En su última visita a Colombia, Vallcorba habló con pasión de una novela "extraordinaria" que había publicado a finales del año pasado en España y que ya iba por la octava edición. Se llamaba Fin y era la primera obra de David Monteagudo, de 40 años. Novela buena y gustadora. Y certificada por Vallcorba, el hombre, nada menos, que rescató del olvido a un gran autor como Stefan Zweig y a tantos otros clásicos. Vallcorba contaba la trama de Fin y todos los asistentes a su charla tuvimos ganas de leerla de inmediato. Pues bien, esa novela acaba de llegar a Colombia y no quisiera decirlo: fue para mí una gran desilusión. Y no solo por su dudosa calidad: no reconozco en ella el exquisito gusto del pulcro editor que solo publicaba "los libros que quería leer".

Fin pretende ser una novela fantástica sobre el tema del apocalipsis; en realidad, con un narrador lento e inexperto, con unos personajes planos y vulgares, con unos diálogos excesivos, con una trama forzada, con un desenlace decepcionante, es una obra sobre la malograda generación del autor. La ciencia ficción como pretexto: qué mal. Trata de emular La carretera, de Cormac McCarthy; Diez negritos, de Agatha Christie; El desierto de los tártaros, de Dino Buzatti, y solo le alcanza para parecerse a un guión de una película de Álex de la Iglesia. Definitivamente, es imposible mezclar la metafísica con los chistes ramplones; el miedo con lo procaz. Monteagudo no quiere a sus personajes y no puede pretender que nosotros los queramos. ¿Exagero? No, muchos lectores en España tampoco tragaron entero: "Mi pareja y yo compramos el libro animados por esas mismas reseñas que citas. Lo empezó a leer él, y al cabo de un rato me dice: 'No doy crédito'. '¿Tan bueno es?', pregunté yo. 'No, tan malo'. No sé qué le ha podido pasar a la editorial que lo publica y que generalmente mantiene un buen nivel: ¿ha tenido que publicarlo por hacer un favor, o ha sido un puro y simple desliz?".

Escribió Josep A. Muñoz, crítico de lavanguardia.es: "Esta reseña nace de la decepción más absoluta. Muchos, ante una situación similar, hasta declinarían la opción de publicar lo que fuera sobre un libro que no les ha aportado nada. A mí sí me aportó: tedio, estupor, aburrimiento y alguna que otra carcajada similar a la que aportan las películas de Leslie Nielsen".

Nueve personajes -y un gran ausente, evocado todo el tiempo- se reúnen en un refugio montañoso para cumplir una cita acordada hace 25 años en ese mismo lugar… Buen argumento. ¿Por qué había que dañarlo con falsos apocalipsis, animales extraños y desapariciones a la manera David Copperfield? Los personajes van desapareciendo por arte de magia y uno no lo cree, aunque lo agradece: son cada vez menos los que hablan. Espero que este no sea un libro que a Vallcorba "le hubiera gustado leer". Solo vender.
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