21 noviembre 2004

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Fanny 'all star'

teatroUna de las mayores promotoras del teatro en Colombia se valió de los momentos más significativos de su vida para estrenar la semana pasada 'A Fanny lo que es de Fanny'.

Fanny 'all star'. Fanny Mikey utiliza el escenario para contar sus principales anécdotas, recordar sus intimidades, desahogar sus frustraciones y mostrar sus piernas.

Fanny Mikey utiliza el escenario para contar sus principales anécdotas, recordar sus intimidades, desahogar sus frustraciones y mostrar sus piernas.

El silencio expectante que inundaba la sala se rompió en el momento en que una voz, que siempre parece hacer esfuerzos increíbles por salir del fondo de alguna profundidad cavernosa pero al final sale con potencia, roncó una frase que parecía definir, por su simpleza y contundencia, lo que cada asis
tente vería: "Hola, soy Fanny: la de ayer, la de hoy y la de siempre".

Las luces se encendieron y, mientras se escuchaba la frase que pertenece en realidad al Dios de la Biblia y que podría interpretarse como gesto de gran egolatría, revelaron la imagen de una de las grandes insignias del teatro nacional en camisón y con el videoclip de un collage de sus fotos como fondo, diseñado para que no quedaran dudas de lo que se vería en el escenario: el monólogo de Fanny Mikey contando los momentos más significativos de su vida y mostrando las piernas.

El Teatro Nacional La Castellana estaba a reventar. Sin duda el anuncio de la obra autobiográfica de una mujer tan querida en el país y tan ligada a la historia de su teatro convoca. A Fanny lo que es de Fanny, como se llama el monólogo, es, según muchos, la oportunidad única para oír anécdotas. Cuando trajo a Luciano Pavaroti, éste dijo que si seguían pasando aviones sobre el estadio no cantaba y tuvo que pedirle a la Aeronáutica Civil que los desviara para que el concierto llegara a feliz término. Convenció a los dueños de una sinagoga de que se la vendieran, con el argumento inventado de que sus abuelos judíos se le habían aparecido en un sueño y le habían entregado las llaves, para después convertirla en la Casa del Teatro Nacional. Contó que su verdadero apellido es Mikeaj, pero que su familia se quedó para siempre con ese rótulo de dibujo animado porque cuando su padre llegó a Argentina proveniente de Argelia un funcionario entendió mal y lo apuntó de esa forma.

Utilizó el escenario para enfrentar su frustración de nunca haber cantado tango, bailó, recordó algunas intimidades y uno que otro texto de algunos de sus personajes y sufrió, como si hubiera ocurrido apenas, el día en que algún fanático puso una bomba en el marco del Festival Iberoamericano de Teatro porque no le había gustado una obra brasileña por su irreverencia. En medio de todas las anécdotas hubo una frase que puso a pensar a muchos. Cuando contaba que una vez quiso agradecer a un director japonés por la belleza de su obra y, ante la imposibilidad de entablar una conversación, no expresó nada: "Nos dijimos lo que no nos dijimos. Espero que eso haya pasado entre nosotros esta noche".

Lo que no dijo se vio y podría explicarse de varias formas. Algunos pensarán que la obra es el resultado de un ego gigantesco, pero lo cierto es que el sentimiento generalizado de los asistentes, dejando de lado a los entusiastas que sólo recuerdan las anécdotas, es que se trató de un homenaje. Lo que sí dijo Fanny es que su intención con la obra era dejar un legado de cómo se construyen los sueños y que esta presentación podría ser sólo una forma de alargar su existencia: "Mi vida es el espectáculo y vivo a través de la mirada de todos ustedes".
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