Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/03/16 00:00

FASCINANTE

Luis II de Baviera es una de las personalidades más atractivas de la historia de todos los tiempos.

FASCINANTE

Es seguro que el lector conoce la música de Wagner y es posible que haya oído hablar de la emperatriz Isabel de Austria, esa desdichada reina de fascinante personalidad, cuya vida fue falsificada en una serie de películas dulzarronas y tontas en las que Romy Schneider interpretó el papel de Sissi. Pero no es tan seguro que conozca la figura de Luis II de Baviera, gran protector de Wagner y primo e íntimo amigo de Sissi. Sin embargo su vida y su personalidad son tan ricas y atractivas como las del músico y la emperatriz. Este rey, nacido en 1845, pertenece a una familia de muy rancia estirpe, los Wittelsbach, que gobernaron Baviera durante 10 siglos. Como toda realeza europea que se respetara, cruzaron demasiado su sangre entre sí, con las consecuencias genéticas conocidas. Por ejemplo, Otto, hermano de Luis, fue loco y el mismo Luis tuvo una personalidad sumamente compleja y tan fuera de lo común que le valió el apodo de 'rey loco' y que, finalmente, propició su derrocamiento y suicidio. Greg King, el escritor norteamericano autor de esta biografía, estudió e investigó el tema durante seis años en Alemania y trata de demostrar que Luis no era demente, sino excéntrico y, sobre todo, una persona con una sensibilidad exacerbada y muy fina. A ella se suman una gran timidez, una desadaptación cada vez mayor frente a su medio y a sus obligaciones reales y un homosexualismo reprimido y culpable.
El mecanismo de defensa de este personaje fue huir de la realidad y crear el mundo de sus sueños, mundo en el cual se recluyó durante casi todos los 22 años de reinado, desatendiendo sus responsabilidades. Pero su mundo fue fascinante, pues solo tenía que ver con la belleza y el arte. Algunas de las obras más importantes de Wagner no existi-rían si Luis de Baviera no hubiera amado su música hasta el frenesí y no hubiera dilapidado parte de su fortuna personal en patrocinar al músico. Con sus dineros también hizo construir palacios suntuosos, en los que desplegó una imaginación asombrosa, ideando espacios exóticos, como grutas y jardines, llenos de efectos mecánicos, muy novedosos entonces, que convertían en realidad las fantasías más delirantes. La soledad, la melancolía y la tragedia marcaron su vida de 41 años y, aunque muy poco lo vieron súbditos y cortesanos, fue un rey amado. Y desde su suicidio, en 1886, ha inspirado a novelistas, músicos, poetas, dramaturgos y cineastas. Y es que a muy pocos seres humanos les ha sido dado vivir, gozar y padecer tan plenamente la belleza como a este desdichado monarca.

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