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| 4/27/2016 12:31:00 AM

Mujeres que narran la guerra

Este año la Feria del Libro dedicará una franja exclusiva a la mirada femenina de la guerra en la literatura, un tema que ganó relevancia con el último Nobel de esa categoría.

El 8 de octubre de 2015 Svetlana Alexiévich, la reportera bielorrusa que escribió una de las obras periodísticas más sobrecogedoras de los últimos tiempos, ganó el premio más importante de la literatura. Con su obra Voces de Chernóbil, una compilación de cientos de voces de quienes todavía sufren la catástrofe nuclear más grave de la historia, estremeció a la opinión pública por su capacidad de compaginar dos verdades, la personal y la colectiva. Todo con un solo fin: desentrañar el alma humana.

Los libros de Svetlana Alexiévich han sido traducidos a 19 idiomas.

Desde entonces sus relatos se han convertido en bestseller y el realismo con que narra los horrores de la guerra despertó la consciencia de miles de lectores que antes no dimensionaban la barbarie humana en tiempos de conflicto, lo que lleva a preguntarse si hay algo distinto entre cómo narran estos acontecimientos las mujeres y cómo lo hacen los hombres.

Además de Alexiévich, Patricia Lara, Claudia Palacios, María Eugenia Vásquez y Radka Denemarková - todas autoras de libros sobre la guerra y sus efectos- estarán en la Feria del Libro y días antes del evento hablaron con SEMANA.

Lara, que ganó el premio Planeta de Periodismo en el año 2000 por Las mujeres en la guerra -una recopilación de diez testimonios de mujeres que han sufrido el conflicto desde una orilla u otra- recurre a las palabras del Nobel colombiano para responder a la pregunta: “García Márquez decía que las mujeres carecían de sentido histórico y que los hombres de sentido de la realidad. Tal vez sea eso lo que nos distinga”.

Las mujeres en la guerra cuenta la historia de diferentes actores del conflicto armado. Fotografía: El Tiempo

Su llegada al conflicto como tema literario, y específicamente al de los efectos de la guerra en las mujeres, fue producto del azar. “Yo quería hacer un libro sobre personas que hubieran escogido la carrera de las armas, independientemente de su bando, para ver si había un parentesco psicológico entre ellos pero cuando hice contacto con Raúl Reyes, Simón Trinidad y Joaquín Gómez en El Caguán se me cayó la idea original. –cuenta- Por nada del mundo querían aparecer en algo donde hubiera paramilitares. Ahí fue donde me fijé en las niñas guerrilleras del campamento y comencé a preguntarme qué hay detrás de las mujeres en la guerra, lo que dio vida a mi libro.”

La mayor lección que le dejó su experiencia fue que el género femenino no está hecho para el combate, por lo que no duda en afirmar que el título de uno de los libros de Alexiévich, La guerra no tiene rostro de mujer, es una verdad absoluta. “Lo que menos me cuadra entre la guerra y las mujeres es su condición de madres. Hasta lo entiendo en las que jamás han dado a luz pero de resto me resulta inexplicable cómo alguien que ha dado vida sea capaz de participar en una cruzada por quitarla”.

Narrar la guerra y, sobretodo, sus horrores, puede ser devastador para el que escribe. Describir por largos periodos de tiempo escenas grotescas en donde la sangre y el dolor son protagonistas, o retratar la emotividad de lo que representa perder a un ser querido –como lo hace Alexiévich en Los muchachos de zinc, su reportaje sobre la guerra afgano-soviética, en la que los muertos soviéticos volvían a casa en ataúdes de zinc mientras el Estado negaba lo que ocurría- afecta la estabilidad emocional de los autores. Quizá más cuando son mujeres.

Ella misma le contó a Semana.com qué tanto la impacta escribir: “Lógicamente me afecta, no soy un robot. Si no me sintiera afectada por lo que estoy relatando, no sabría expresarlo. Soy pacifista, no acepto la guerra, pero para expresar los sentimientos recurro a detalles: cómo se seca al sol una mancha de sangre humana. Y observo cómo cambia de color esta mancha, pues en ella está el enigma de la vida. Así transmito mi mensaje a los lectores”.

Patricia Lara escribió los diez testimonios que componen su obra en tres meses, lo que la obligó a cambiar de piel casi una vez por semana. “El proceso fue muy agotador porque eran personajes muy disímiles que describían la violencia con mucha naturalidad”, cuenta. En una ocasión, mientras escribía la historia de una paramilitar que justificaba las masacres las náuseas la obligaron a parar.

María Eugenia Vásquez, que militó en el M-19 durante 16 años, si bien coincide en que escribir sobre la guerra no es nada placentero, encontró en la escritura una salida a la crisis de identidad a la que se enfrentan los excombatientes. Con su libro Escrito para no morir, publicado en 2000, pudo asimilar su identidad insurgente sin renunciar a su pasado, ni negarlo: “Simbólicamente escribir puede ser una alternativa a la muerte. Mi obra mantiene vivo el testimonio de una generación que empeñó la vida en lograr transformaciones políticas y sociales que siguen vigentes”. Los libros, para ella, permiten mantener vivas en la memoria a las personas que físicamente devora la guerra, una victoria incuestionable.

En 1998 María Eugenia Vásquez ganó el premio Testimonio del Ministerio de Cultura por su libro Escrito para no morir.

Sin embargo, añade, “la vida en medio del peligro tiene una intensidad incomparable y muchas veces las palabras no logran describir emociones tan profundas”. Esto mismo piensa Claudia Palacios, la periodista que actualmente dirige el noticiero del Canal Capital y que luego de casi diez años fuera regresó al país para, entre otras cosas, descifrar el verdadero significado de la paz. Su libro de crónicas Perdonar lo imperdonable es un retrato de lo diverso que es el camino hacia la paz, así como un estado del arte de las pequeñas paces que los mismos protagonistas del conflicto han gestado en sus territorios. “Quitarle las etiquetas a los personajes (de ex paramilitar, ex guerrillero, víctima, empresario, rico, pobre) y verlos a todos como seres humanos cuyas decisiones y actuaciones responden a un contexto es otro reto”, dice.

El 14 de octubre de 2015 salió a librerías Perdonar lo imperdonable.

Radka Denemarková, autora de El dinero de Hitler, una de las grandes novelas europeas de los últimos años –que cuenta la historia de una joven judía que regresa a su casa en Checoslovaquia luego de haber sobrevivido a Auschwitz donde murieron sus padres y su hermana menor- tiene una visión similar: “Lo más difícil es escribir sin compromisos e interpretar la esencia de las situaciones, aun sabiendo que lo que escribes es ficción”.

La novela de Radka Denemarková está traducida en 10 idioma. Fotografía: Michael Wellner / Pospisil

El silencio del narrador es un elemento común en las obras de algunas de estas autoras y en el caso de Alexiévich, su mejor gancho. En las más de 300 páginas que componen la mayoría de sus libros si acaso diez están escritas en su propia voz. De resto, la historia la construyen testimonios de quienes vivieron en carne propia el drama narrado. ¿El motivo? Tal vez, como asegura Patricia Lara, para no poner en juego la veracidad de las historias y obstaculizar el propósito mismo del libro: generar empatía en el lector. “Justamente lo que yo no quería hacer era erigirme juez. Si uno asume la posición del narrador universal es muy fácil caer en los juicios de valor”, advierte Lara.

Claudia Palacios, encuentra a esa tendencia otra explicación: “Tal vez preferimos narrarlo así porque las mujeres le apuntamos siempre al rostro de las historias, a explorar al ser humano en su condición más básica y eso fluye más en la voz de los protagonistas”. Pero, ¿qué opinan los hombres? Alfredo Molano, que ha documentado el conflicto en varios de sus libros, encuentra un elemento distintivo en las mujeres: “Ellas sienten más la vida, los hombres más la muerte. Piensan más en los hijos, los hombres en las mamás”, dice.

A esa capacidad de entender unos sentimientos más que otros Gonzalo Sánchez, director del Centro Nacional de Memoria Histórica y autor de varios libros sobre la violencia en Colombia, le atribuye una razón histórica: “El espacio de la expresión de los sentimientos ha sido socialmente asignado a las mujeres, mientras que se le ha negado culturalmente a los hombres. De allí se deriva, de entrada, una percepción diferente, un saber decir diferente, que no se traduce en  incapacidad o superioridad narrativa, pero sí en este caso, en una inclinación más amplia por parte de las mujeres a fijar su mirada en la vida privada, en lo cotidiano”.

Tal vez el género femenino no sea la voz más genuina del conflicto, considerando que históricamente han sido los hombres los encargados de infligir la violencia en el combate y, también, de sufrirla. Sin embargo, el impacto de la guerra en las mujeres es innegable. Tan solo en el conflicto colombiano la mitad de las víctimas registradas son mujeres y se estima que un tercio de las FARC son guerrilleras. El lenguaje que utilizan las autoras de la guerra y sus efectos interpela éticamente al lector, lo vincula emocionalmente a la trama y logra cosas tan difíciles como que los hombres entiendan el dolor de madre. Como dice Patricia Lara: “Si la guerra aquí la narrara Svetlana Alexiévich, no habría una sola persona que dijera ‘sigamos como estamos’”.

*La franja Mujeres: narrativas de la guerra a la paz se llevará a cabo entre el jueves 21 y el viernes 29 de abril en Corferias.

 

Jueves 21 de abril

Del feminismo, para los lugares de la memoria

Lugar y hora: Salón Literario Ecopetrol 7 - 3:00 pm

Participan: Angélica Lozano, representante a la Cámara; representantes del Centro de Memoria Histórica y ONU Mujeres; y columnistas invitados.

Modera: Nancy Prada, coordinadora Enfoque de Género CNMH.

 

Viernes 22 de abril

En carne propia

Lugar y hora: Salón Literario Ecopetrol 2 - 6:00 pm

Participan: María Jimena Duzán, Jineth Bedoya y María José Pizarro

Modera: Lenny Schouten

 

Domingo 24 de abril

Tejiendo memoria

Lugar y hora: Salón Literario Ecopetrol 3 – 3:00 pm

Participan: Teresita Gaviria, Gloria Amparo Suárez y Lilia Yaya

Modera: Silvia Arias, coordinadora del Programa de Paz y Seguridad ONU Mujeres

 

Jueves 28 de abril

Contar la guerra para no repetirla: miradas de mujeres en la guerra

Lugar y hora: Salón Literario Ecopetrol 3 – 6:30 pm

Participan: Patricia Lara, María Emma Wills y María Eugenia Vásquez

Modera: Olga Behar

 

Viernes 29 de abril

El arte como herramienta de construcción de paz

Lugar y hora: Salón Literario Ecopetrol 4 – 6:30 pm

Participan: Alejandra Borrero, Álvaro Restrepo y Jesús Abad Colorado

Modera: Julio César Guzmán

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