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| 8/1/1983 12:00:00 AM

FESTIVAL DE AFECTOS

En "Megaforce" la manipulación ideológica es sepultada por la atracción del público hacia lo inverosímil

Otra película para la lista de las que levantan el eterno interrogante: ¿a qué vamos a cine? Asi de una forma genérica, cine. Porque otra cosa es cuando vamos a ver autores específicos. No importa que sea el mismo publico el que va a ver un día a Fellini y otro a "Megaforce". El hecho de "ir a Fellini" hace variar la actitud, se va a algo distinto. Es cuando uno sencillamente "va a cine,, cuando se produce lo que llama Roland Barthes la situación de cine. Una situación que no comienza con la película y que no produce ante ésta y por ésta, sino que es anterior. Comienza con la decisión de ir, que es fundamentalmente una decisión de disponibilidad, un querer ser seducido. Esto puede explicar, añade Barthes, que se produzca ese "festival de afectos que se llama pelicula". Película, entonces, como punto de encuentro de un seductor y un deseo de ser seducido, no como algo que existe independientemente y que tendría que hacer esfuerzos increibles por seducir al espectador.
Pero esto también puede explicar por qué el despiste que se produce cuando se encuentran un público en "situación de cine", disponible, con una obra de autor. Lo que le pasó a las dos señoras que vi a la salida de "8 y X 12", que se fueron inmediatamente a los carteles a ver el nombre del director para no volver a sus peliculas. Ellas iban a cine y se encontraron con Fellini. Podría ayudar a explicar en parte lo que pasó con "Pura sangre" .
LOS ELEMENTOS DE SEDUCCION
Pero vamos a "Megaforce". Todo lo anterior no es sino para situarnos, porque a mi me iba exasperando la película desde el comienzo: Megafuerza es un comando espacial que tiene la misión de preservar la justicia en cualquier parte del mundo. Tiene el apoyo de la Scuff (confederación de lideres de las naciones libres) y posee toda la tecnología imaginable además del coraje de James Bond para meterse en situaciones sin salida. Y el rechazo aumentó cuando aparecieron los malos, un ejército mercenario coman dado por un latino cínico, hasta ladrón de encendedores, que está al servicio de algún gobierno africano. Y en esos momentos se puede tender a rechazar la pelicula por manipulación ideológica, por el cliché "el latino", por la simplificación de la realidad.
Y se me ocurrió que quizás el público estaba gozando con otra cosa completamente distinta. Con lo inverosímil, con una pelea cuyo vencedor ya conoce, con las motos supersofisticadas, con el cumplimiento superpreciso de la misión con nombre en clave. Y quizás la relación entre el seductor y el deseo de ser seducido se estaba produciendo porque el seductor (la película) se presenta como un juego que se burla de sí mismo, no se toma en serio, no trata de ocultar que está trabajando con todos los elementos con el público que desea ser seducido y éste, a su vez, se da cuenta que le están dando lo que quiere. Cuando se encuentran Zara y el comandante Dallas ya se conoce qué va a suceder una vez terminada la misión. Cuando Dallas obliga a su moto a volar para entrar al avión salvador se sabe que lo logrará sin importar la falsedad.
Porque desde hace rato la película está fuera de lo real: el jefe enemigo que va donde el comandante de Megafuerza a conversar como viejos amigos, la batalla sin sangre ni muertos, el soldado que toca en la cabina del tanque de guerra enemigo como quien golpea a la puerta de la casa del vecino.
Todo muy cercano al sueño. Pero a esos sueños en que uno sabe que está soñando. De ahí que se pueda afirmar que este tipo de película está armada desde dentro del espectador, desde su disponibilidad. Y la maneja con gran eficacia, no en el sentido que generalmente se le da a este término, que la película vaya a condicionar valores, actitudes o comportamientos posteriores a la visión de la película, sino eficacia en el momento de verla, de entrar en complicidad con ella.
Y este es el fenómeno que nos debería preocupar, superando aquello de una supuesta "inercia espiritual o intelectual" del espectador, porque si hay complicidad no hay inercia. Y superando también la tranquilidad que no puede dejar el demostrar que "Megaforce" es una película mala, para encontrar los puntos por los que la película se convierte, en términos de Barthes, un festival de afectos. -
Hernando Martinez Pardo -
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