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| 6/14/2017 9:15:00 AM

Lecciones de vida de un rapero

En el marco del Festival hiphoppers por la paz 2 -que va del 6 al 14 de junio en Bogotá y Cartagena-, el rapero español Locus habla sobre su carrera, las vivencias que lo llevaron a componer su nuevo disco y los cambios que ha tenido ese género.

Semana.com: ¿Qué lo llevó al rap?

Locus: Sinceramente no lo sé porque llevo fatal hablar en público. Tanto así, que si tengo que contar un chiste frente a cuatro amigos me pongo nervioso porque me están mirando. Pero luego me subo a un escenario frente a 20.000 personas y me siento en casa. En el rap buscaba un medio de expresión. Tú sabes que tienes algo que contar, una manera de ver las cosas, y necesitas un medio para hacerlo. Supongo que en el fondo somos un poco bocazas y queremos que todo el mundo oiga lo que tenemos que decir. Lo bueno es que el camino que elegí me hizo acabar con los nervios.

Semana.com: ¿Cómo ha influido el rap en su vida?

Locus: Una cosa que me encanta del género es que la mayoría de los que se mueva en el medio tienen un apodo. Ese personaje que creamos y que nos acompaña toda la vida, al final te hace superar tus miedos, tus inseguridades; te hace superarte a ti mismo. Yo era un chaval tímido, con muchas inseguridades y no era de hablar en público. Luego uno se mete en el rollo del rap y me creé al Locus que es un juerguista, y como Locus no me daba tanto palo subir al escenario. Y a la vuelta de 20 años Javier ha aprendido muchísimo de Locus y le debe un montón. Creando un personaje consigues crearte a ti mismo.

Semana.com: ¿Cómo fue convivir con Locus al comienzo?

Locus: Al principio no sabía ni qué nombre ponerme; lo cambié tres veces. Yo andaba buscando mi camino. Intenté hacer break-dance pero bailaba como un pato mareado. Hice mis primeros graffitis, fui DJ –eso sí se me daba bien y el tema de producción de música también-, pero al final terminé en el rap. Paradójicamente, en un principio no me llamaba la atención ese género, me gustaba el rock y a los 15 años tocaba la batería.

La música me ha apasionado siempre. Con 13 empecé a coleccionar discos de rock sinfónico con la paga semanal que me daba mi madre. Era super fan de Pink Floyd y de Mike Oldfield. Y un día empecé a ir con unos amiguetes que sí escuchaban rap y con el tiempo le fui cogiendo el punto, hasta que cayeron en mis manos un par de discos de estos que te cambian la cabeza. Pasé de Pink Floyd a Public Enemy.    

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Semana.com: ¿Cómo era el mundo del rap en ese entonces? ¿Ha cambiado?

Locus: Sí, muchísimo. Cuando yo comencé en los noventa el rap estaba metido en la comunidad del hip hop y la gente se sentía parte de un movimiento que engloba el grafiti, los DJ, el break-dance. Ahora oyen rap pero no saben qué es el grafiti o el break-dance. Ese sentirse parte de un movimiento cultural más amplio se ha perdido. En América Latina sigue manteniéndose esa relación entre el rap, el hip hop y la calle, pero en España no lo veo tanto.

Parte de la esencia del rap y del hip hop era buscar ser original –tu personalidad estaba por encima de todo-, y ahora se pusieron de moda el trap y el reguetón, y todo el mundo hace trap o reguetón. Es hasta difícil distinguir quién canta tal o cual canción. La gente está más cómoda copiando una fórmula que sabe que funciona. Cuando yo conocí el hip hop en los ochenta el género te hacía reafirmarte, era una hiperexplotación de tu personalidad que te impulsaba a ser diferente y estar seguro contigo mismo siéndolo. Sacaba lo mejor de ti y eso era maravilloso. Por ejemplo, Wu-Tang Clan hizo una cosa que nadie se había imaginado jamás y mezcló las artes marciales con el rap underground y una estética extraña y triunfaron por eso, por ser originales.  

Semana.com: ¿Cómo ha sido su evolución como cantautor dentro del género?

Locus: El rap tiene una cosa muy buena y divertida y es que te permite contar cosas serias o no hacerlo, y la canción es igualmente válida y puede llegar a ser igual de aguda. El ingenio del artista es una de las cosas que más se valora en el género. Puedes estar diciendo tres tonterías, pero si las dices con gracia e ingenio la gente dirá: pero mira qué cabeza la de este tío, cómo ha sabido retorcer tal o cual situación. Yo solía estar más centrado en el ingenio, ahora no me interesa tanto. Las últimas canciones han sido escritas de un modo visceral, casi por necesidad, por no pagarme un psicólogo.

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Semana.com: ¿Cómo ha surgido Kraken, su último CD?

Locus: El disco salió prácticamente solo. En 2015 se juntaron muchas cosas y yo ya no podía más: tuve una mala racha en el negocio, la relación con Dúo Kie no andaba bien y con mi novia estaba fatal. A esto se le sumó la muerte de mi abuela y a los pocos días se mató un amigo. Lo único que me mantenía a flote era boxear y entrenando me partí una pierna. Días después de la muerte de mi amigo, una noche no aguanté más, me fui al salón y a la mañana siguiente tenía la letra de una canción. Algo similar ocurrió luego de una épica pelea con mi exnovia.

De las 12 canciones del CD escribí 10. Por lo general, la mejor manera de escribir una canción es poniéndole letra a la música. Eliges una base que te inspire, un tema del que hablar, y le pones letra a esa base. Pero en este CD varias veces tuvimos que hacerlo al revés porque la letra me vino primero. Richie Palacín –quien es el que le hace los discos al Chojin- me ayudó en la producción de Kraken. Él es productor de hip hop, pero también es guitarrista y un músico de la ostia que te aporta un punto de vista distinto. Tú llegas con una canción de rap y él te puede dar una versión un poco más electrónica o más rockera y a partir de ahí vamos haciendo que crezcan las canciones. A mí me ha encantado el disco; en este momento soy muy fan mío (risas). He pasado por encima de las críticas y del qué dirán, y he hecho un disco para mí.

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Semana.com: ¿Qué planes hay para el futuro?

Locus: Todavía me falta digerir este CD. Tengo que llevarlo al directo a ver si funciona. Yo estoy acostumbrado a directos en los que se montan pogos, peleas, la gente se tira la cerveza por encima y yo acabo lanzándome al público. En el último concierto que di con Dúo Kie en Viña Rock, el público coreaba los estribillos y sonaba más fuerte que el propio escenario con 60.000 vatios. Ahora la cosa es más tranquila, y quiero ver cómo funciona y cómo se siente. 

Con 45 años, estoy en un punto en el que estoy pensando más en disfrutar la vida y en encontrar la paz que en hacer lo que se espera de mí. Hago lo que me hace feliz. Dejé atrás 20 años de historia y ahora a ver lo que me encuentro. En el camino he aprendido que hay que soltar lastre y quitarse lo negativo. En la vida uno tiene una serie de cosas que le suman y otras que le restan. Puedes tener un buen trabajo, una linda casa, excelentes amigos y estar bien de salud y si tienes un novio que te trata mal y una mejor amiga que es insoportable vas a estar amargada todo el día. Al final soltar lastre y quitar lo negativo hace que lo positivo reluzca más.

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