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| 3/20/2016 2:37:00 PM

“La violación es uno de los crímenes más atroces”: Nuria Espert

Uno de los personajes más aclamados del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá es la actriz española Nuria Espert, quien a sus 80 años interpreta un desgarrador monólogo de una violación.

A Nuria Espert –la actriz española de 80 años que protagoniza La violación de Lucrecia en el Festival Iberoamericano de Teatro– la conocen en su país como “la dama” y “la catedral” del teatro. “No hay en nuestra escena otra mujer con la trayectoria, el vuelo, el gusto por el riesgo, la entrega y la generosidad de Nuria Espert”, escribió sobre ella el diario El País de España. Esta institución de la cultura ibérica esta presentando en el Teatro Nacional Fanny Mickey (hasta este lunes 21 de marzo) una exigente obra en la que interpreta, al mismo tiempo, a la víctima y al victimario de una violación. Semana.com habló con ella.

Semana.com: Usted es una privilegiada al seguir haciendo lo que le apasiona hasta este momento de la vida. ¿Se propuso que fuera así?

NURIA ESPERT. Me siento muy privilegiada. No sólo porque mi carrera ha llegado hasta aquí sino porque he podido compaginarlo con mi vida privada: tengo unas hijas maravillosas, y un esposo ya fallecido con el que estuve 39 años y me regaló un matrimonio magnífico. Y esa vida privilegiada continúa. En este momento me encuentro en lo más alto de mi carrera y eso no es corriente. Además mi memoria, mi amor, mi pasión por el teatro, están intactos.

Semana.com: ¿Cómo llegó Medea, su primer papel en el teatro, a su vida?

N. E. Comencé en el teatro a los 13 años porque mis padres (que eran obreros: él carpintero y ella trabajadora de una fábrica de tejidos) eran muy amantes del teatro; incluso hacían teatro amateur. Me enseñaron algunas poesías, me oyó recitar alguien que tenía contactos en Barcelona y ahí empezó la suerte a girar.  A los 19 años sustituí a una grandísima actriz que no pudo representar a Medea, y eso salió tan fuerte y rotundo que marcó el resto de mi carrera.

Semana.com: En una entrevista usted dijo que “un actor joven, después de la función, se puede tomar una cerveza. Los que pasamos de 40, nos vamos directamente a la cama”. ¿Es así?

N. E. Nunca me ha apetecido la cerveza después de la función; ni la reunión, ni las cenas, ni las fiestas. Soy muy tranquila y no me cuesta ningún esfuerzo. Eso combina muy bien con tantas horas dedicadas a mi profesión, a mis estudios.

Semana.com: ¿Qué miedos la acompañan cuando está en el escenario?

Realmente el miedo sólo lo siento la primera noche. Cuando ya ha pasado y el espectáculo funciona, igual sigo sintiendo el temor de no estar a la altura de otras funciones, de no ser capaz de dar lo mejor. Soy muy apasionada y una de mis obsesiones es tener la certeza de que estoy en el escenario y voy a dar lo mejor de mí misma. Pero eso no depende tanto de la voluntad: tienes que encontrarte bien, el público tiene que acompañarte, la sala tiene que convenirte, y tienes que tener un día inspirado, sincero, en el que puedas partirte el corazón en la función.

Semana.com: ¿Cómo es ser mujer en el teatro, pero sobre todo, cómo fue serlo en épocas de represión y dictadura?

N. E. He tenido la suerte de trabajar en una de las pocas profesiones en las que una mujer es igual a un hombre, aquí manda el talento. Trabajar bajo la dictadura fue de una dificultad extraordinaria; estabas constantemente poniéndote límites sobre lo que te podías permitir y teniendo mucho cuidado de no autocensurarte. El daño mayor que hacen las dictaduras es el miedo, esa es su gran arma. Nos prohibieron montones de textos pero nos dejaron hacer otros cuando el régimen franquista empezó a perder su fuerza a medida en que él envejecía; nos permitieron a Sartre, a Bertolt Brecht. Franco aún tenía capacidad para ordenar asesinatos pero sus ministros de cultura aflojaban un poco.

Semana.com: Los medios españoles se refieren a usted con mucha admiración y respeto. La llaman “la dama del teatro español”. ¿Cómo se define usted misma?

N. E. Como una mujer de teatro con mayúsculas. He hecho todo en el teatro: he sido actriz, productora, directora de teatros oficiales y de ópera... Empecé desde lo más bajo: desde recitar en un bar y en la fábrica de mis padres, y llegué hasta aquí. Acabo de terminar en Barcelona El rey Lear de Shakespeare, en el que interpreto al rey, y es uno de los mayores éxitos de mi vida.

Semana.com: Usted dice que la obra que está interpretando en Colombia, La violación de lucrecia, es aún más trágica que Medea. ¿Por qué?

N. E. La violación me parece uno de los crímenes más atroces. Actualmente en mi país mueren muchísimas mujeres a manos de sus “compañeros sentimentales”, como ahora llaman a los asesinos. A mí eso me toca hasta el fondo no sólo del corazón, sino del cerebro, de la indignación. Yo este poema lo conocí cuando me leí todo Shakespeare a los 21 ó 22 años. Me pareció estremecedor, bellísimo. Muchos años más tarde volví a leerlo y pensé que podría dar pie a una velada poética. Tiempo después volví a planteármelo pero como una obra de teatro. Ya tenía la traducción maravillosa de un poeta mexicano que se llama José Luis Rivas y busqué al más talentoso y joven director de nuestro país, Miguel del Arco,  para poner en marcha el proyecto.

Semana.com: ¿Cómo ha sido para usted la llegada de la vejez? ¿El teatro le ha servido para responderse a todos los cuestionamientos que llegan con el paso de los años?

N. E. Pasa una cosa muy extraordinaria, que no sé cómo expresarla para que no suene tan ridícula: yo no me siento una mujer vieja para nada. Simplemente he vivido 80 años y supongo que se reflejan en mi rostro y en mi pelo, pero no en mi alma ni en mente ni en mi talento.

 

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