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| 1/29/2017 12:00:00 AM

Un evento mayor de edad

La temporada de música en Colombia arrancó de una forma tan desconcertante como ocurre desde hace ya varios años. Los pianistas se destacan en Bogotá.

Comenzó el Festival Internacional de Música de Cartagena, este año en su XI edición. Pero no hay que llamarse a engaños, hasta tanto no alcance la madurez, seguirá en el entredicho de que se trata más de un evento social que un acontecimiento cultural de jerarquía internacional. Si bien es cierto que la idea de un festival de música clásica es perfectamente atinada cuando la afluencia de visitantes en Cartagena es tan alta, también lo es que no ha llenado las expectativas que, luego de 11 ediciones, ya tendría que haber escalado.

En Bogotá la Orquesta Sinfónica Nacional anunció su temporada titulada El beso francés, que hace reflexionar si la entidad creada para llenar el vacío que dejó la desaparición de la Orquesta Sinfónica de Colombia, liquidada por el gobierno en 2003, en un episodio bochornoso, ocupa dignamente el lugar de la orquesta que en su momento hasta fue dirigida por Igor Stravinski. A la fecha, la Sinfónica Nacional no lo logra, y a juzgar por los resultados musicales necesita tomar su rol más en serio.

Queda, por suerte, el tercer evento, la Serie Internacional de Grandes Pianistas del Teatro Colsubsidio. No tiene los estándares de glamur de Cartagena ni las chispas humorísticas de la Sinfónica, pero terminó convirtiéndose en el evento pianístico más importante del país. Gracias a su programación original, pues a la fecha ha sentado precedentes como haber presentado, con cinco pianistas diferentes, las 32 sonatas de Ludwig van Beethoven, que se conocen como el Nuevo testamento del piano, o la que puede ser la obra más compleja concebida para el teclado, El arte de la fuga de Johann Sebastian Bach.

Probablemente el mayor acierto de la Serie, que llega este año a su décima edición, esté en la cuidadosa selección de intérpretes que ya han alcanzado renombre internacional, con carreras hoy en ascenso, que le ha permitido al auditorio ver desfilar por el escenario del teatro artistas de todas las grandes escuelas pianísticas; rusa, alemana, oriental, norteamericana y latinoamericana.

La programación, hasta la fecha, ha sido un cuidadoso trabajo de orfebrería musical, pues desde el primer año los programas han presentado recitales que combinan obras del repertorio. Justamente el caso del recital inaugural, la noche del pasado sábado, cuando el chino Ming Xie combinó la Sonata n.º 2 de Beethoven y la Balada del amor y la muerte de las Goyescas de Enrique Granados con las Variaciones Paganini de Johannes Brahms y el Preludio coral y fuga de Cesar Franck, que Alfred Cortot consideraba como una de las diez obras fundamentales del piano y que nunca se había oído en el país.

Lo propio ocurrirá en los cuatro recitales pendientes: Nikolai Kuznetsov toca este sábado los Cuadros de una exposición de Mussorgsky con las raramente oídas Estaciones de Tchaikovsky. Alexei Chernov hace la Sonata de Liszt y la no menos difícil Sonata en do menor D. 958 de Schubert. El dúo de pianistas Schuch & Ensari se le miden el 18 de febrero a La consagración de la primavera de Stravinski y a los Valses de Brahms/Hindemith. El 28 cierra la Serie Mikhail Mordvinov que combina la Sonata tempestad de Beethoven con los Estudios sinfónicos de Schumann, que son una auténtica novedad.

Buen ejemplo de hacer las cosas como deben ser. 

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