Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/29/2017 10:15:00 PM

¿Y el júbilo inmortal?

La desconfianza frente a las instituciones y el desinterés por la historia hacen que a muy pocos les importen las fiestas patrias. El fútbol y el ciclismo son hoy los símbolos de la nacionalidad.

Cuando los colombianos celebraron el centenario del grito de independencia, el 20 de julio de 1910, el país se recuperaba de un periodo difícil: la pérdida de Panamá era reciente, había secuelas de una crisis económica y en muchos lugares la gente aún vivía los estragos de la guerra de los Mil Días, terminada ocho años atrás. Los líderes nacionales, dispuestos a reunificar el país y levantar los ánimos que estaban por el suelo, decidieron botar la casa por la ventana y, aprovechando la fecha, planearon una serie de eventos para despertar el patriotismo y construir una identidad nacional, que para entonces estaba muy fragmentada.

El gobierno, la Iglesia, los partidos políticos, la prensa y varias empresas privadas se unieron, en medio de la polarización política de la época, para organizar actos conmemorativos en varias ciudades. El resultado fue una gran fiesta nacional: hubo desfiles civiles y militares, misas, monumentos inaugurados, orquestas que tocaron canciones patrias (el himno solo fue oficial desde 1920), concursos para premiar libros de historia y discursos que exaltaban la memoria de los padres de la patria. Un éxito.

Las celebraciones se volvieron una tradición anual y, desde entonces, durante las llamadas fiestas patrias los colombianos adquirieron la costumbre de mostrar, con orgullo, su sentido de pertenencia por el país. En el 20 de julio, por el grito de independencia de Santa Fe, el 7 de agosto, por la batalla de Boyacá, y el 11 de noviembre, la independencia de Cartagena, las escuelas organizaban actos cívicos, los medios de comunicación hacían artículos históricos y en las casas se izaba la bandera tricolor. Tanto es así que las calles de muchos barrios y las plazas de los pueblos adquirían el característico amarillo, azul y rojo.

En imágenes: el imponente desfile del 20 de julio en Bogotá

Pero a juzgar por los últimos años, ese sentimiento nacionalista se ha perdido. Ni siquiera en 2010, cuando se celebró el Bicentenario de la Independencia, se vivió la misma emoción, y aunque hubo actos oficiales, conciertos y eventos en la plaza de Bolívar, la gente no manifestó mucho patriotismo en las calles.

Lo mismo pasó este 20 de julio, más allá del tradicional desfile militar (llevado a cabo en Bogotá y otras ciudades del país) y de un concierto en Pamplona, Norte de Santander. Varias personas se pusieron la camiseta de la selección y algunas familias izaron la bandera en sus casas, pero el tricolor no llenó las calles como sucede durante los partidos de fútbol de la Selección Colombia ni como ocurría hace varios años en las mismas fechas históricas. Los vendedores de banderas, de hecho, se quejaban en los informes de los noticieros de televisión de que la gente no estaba comprando tanto como en el pasado.

“Es indiscutible que las fiestas patrias ya no suscitan el entusiasmo de la gente –dice Pablo Emilio Rodríguez Jiménez, doctor en historia y profesor de la Universidad Nacional–. Ha ocurrido una especie de desritualización y tal vez de banalización de los símbolos y mitos patrios. Otras nuevas expresiones populares del nacionalismo han surgido: el deporte y los deportistas son el nuevo ámbito y los nuevos agentes de la nacionalidad”.

Y aunque varios expertos consideran normal que los países pasen por picos de alto nacionalismo y por periodos de apatía a lo largo de su historia, el caso de Colombia resulta de la unión de varios factores: el sentimiento de pesimismo y de desconfianza en las instituciones que muestran las encuestas, las falencias en la enseñanza de la historia en los colegios y una tradición menos nacionalista que otros países como Estados Unidos, México o Francia, en donde las conmemoraciones de las fechas patrias sacan a la gente a la calle y se convierten en una fiesta cultural.

Opinión: Enterrar la historia

Lo cierto es que el fin del conflicto con las Farc y la implementación del acuerdo de paz, que sobre el papel iban a ser motivo de celebración, tienen dividido al país y, con los ánimos políticos caldeados, la polarización ha subido de tono. Al mismo tiempo, la economía manda señales desesperanzadoras y los escándalos de corrupción han afectado el ánimo general. Eso repercute en el sentimiento de patriotismo. Como explica Gregory Lobo, profesor de la carrera de estudios culturales en la Universidad de los Andes y experto en el tema de nacionalismos, “la gente quiere celebrar y tener orgullo por su país, pero cuando hace una radiografía de la realidad, la sensación es que no andamos muy bien. ¿Qué podemos realmente celebrar? En materia política no hay mucho de qué sentirnos orgullosos, porque hasta el proceso de paz genera división y eso hastía”.

Otro problema es la enseñanza de la historia de Colombia. A mediados de los años ochenta las autoridades reemplazaron esa cátedra en los colegios para involucrarla en una de sociales, un espacio compartido con geografía, civismo y Constitución, y redujeron las horas que los estudiantes dedican a aprender sobre el pasado del país. Eso hace difícil que las generaciones posteriores entiendan los procesos que llevaron a la independencia y la importancia del 20 de julio o del 7 de agosto. Algunos, de hecho, se aprenden de memoria las fechas, los acontecimientos y los nombres de los próceres, pero no van más allá. Por eso, muchos colombianos aún reducen el grito de independencia al incidente puntual con el florero de Llorente, sin entender qué venía pasando antes ni lo que generó después.

Recoemendamos: En los años sesenta la televisión en Colombia educaba, ¿qué pasó?

Otro punto importante es que, a pesar de tener periodos de mucho nacionalismo (como durante el centenario de la independencia en 1910, la guerra contra el Perú en 1932 y el gobierno de Álvaro Uribe), Colombia nunca ha sido un país con una alta tradición de celebrar sus fiestas patrias. En países como Estados Unidos, por el contrario, la fiesta de la independencia (4 de julio) es un evento más civil que militar que coincide con la llegada del verano, por lo que suele estar acompañado de pícnics, asados, desfiles de autos y espectáculos de fuegos artificiales. Como le dijo a SEMANA el colombianólogo Malcolm Deas: “Además de que el nivel de patriotismo varía en el tiempo, hay algunos países que son muy poco dados a ese tipo de expresiones. Puede que los colombianos hayan desarrollado esos sentimientos menos que, por ejemplo, los mexicanos, que durante su historia fueron invadidos por potencias como Estados Unidos o Francia”.

Pero esa falta de nacionalismo en fechas patrias se compensa con las competencias deportivas, especialmente los partidos de fútbol y las carreras de ciclismo. Las banderas que no se izan el 20 de julio o el 7 de agosto aparecen para los partidos de la Selección Colombia y con los triunfos de Nairo Quintana o Rigoberto Urán. Eso no es malo y muestra, de hecho, que los colombianos están ávidos de representantes positivos y de símbolos que los unan como nación. “La gente quiere sentirse bien, quiere tener una buena imagen de sí misma y lo logra mediante los éxitos de sus paisanos en el exterior –explica el profesor Lobo–. Es la oportunidad de sentirse al nivel de los grandes países y de olvidar los problemas internos”.

Y aunque muchos critican el nacionalismo y el patriotismo extremo, porque en varios casos durante la historia de la humanidad han causado guerras, genocidios o gobiernos fascistas, bien llevados son sentimientos que permiten unir a los ciudadanos en torno a la paz o la prosperidad. Un sentimiento de unidad que les hace sentir que hacen parte del mismo equipo y que van por los mismos objetivos. Y eso definitivamente es algo que Colombia necesita en este momento clave de su historia.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.