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| 3/21/2015 10:00:00 PM

Filosofía al alcance de los niños

Una creativa colección de filosofía que presenta el pensamiento de los filósofos mediante historias.

Varios autores
Colección de filosofía
Editorial Panamericana, 2014-2015


Dan ganas de leerlos todos, sin parar: La cucaracha de Martín Heidegger; Visita de un joven libertino a Blaise Pascal; Sócrates está enamorado; La risa de Epicuro; Las ensoñaciones de Gastón Bachelard... Los títulos de esta colección de filosofía para niños –y para adultos, ¿por qué no?– son llamativos y las ilustraciones muy buenas. Pero no es solo eso: hay una historia. El pensamiento abstracto de los filósofos es contado mediante una atractiva historia, que toma libremente –hay lugar para la ficción– algún episodio de sus vidas y muestra, de manera sintética, cuáles fueron sus aportes. Blaise Pascal, en el relato que nos cuenta Claude-Henri Rocquet, es visitado en su lugar de retiro espiritual nada menos que por Don Juan, el paradigma del placer carnal. Dicho encuentro nunca tuvo lugar, aunque resulta la forma perfecta para explicar el pensamiento de Pascal, construido sobre la idea de convertir a un libertino. ¿A quién se le ocurre explicar la difícil filosofía de Martín Heidegger con el simbolismo de una cucaracha que recorre su cadáver? ¿O la teoría de la relatividad de Einstein con la iluminación de una feria en Múnich? El gran logro de esta colección es su creatividad que no sacrifica en ningún momento el rigor filosófico.

No es fácil ser didáctico. O mejor: una cosa es ser didáctico y otra es el didactismo. El didactismo es aburrido y suena a resumen para dummies. Como El mundo de Sofía: un profesor resume para una niña –más o menos bien–  distintas filosofías. Mera cuestión de información. Pero no se trata de adquirir información ‘culta’, sino de pensar, de intentar pensar por sí mismo. En ese empeño, es clave romper la monotonía que produce un solo autor explicando diversos filósofos. Es mejor, como sucede acá, contar con varios autores e ilustradores. Varios registros. Unos mejores que otros, por supuesto. Según los gustos y los intereses: a un no creyente le parecerá mejor la historia de Epicuro que la de Dionisio, el areopagita. Jean Paul Mongin, el creador de la colección, lo ve así: “vulgarizar los tratados de filosofía en palabras de niños es hacer algo que no le interesa a los niños y que va a perder, necesariamente, su riqueza conceptual”. ¿Qué  hacer, entonces? Darle la vuelta al asunto. No ‘llevarle la filosofía a los niños’, sino hacer libros de filosofía que a uno le hubiera gustado leer cuando niño.

La historia de la filosofía son notas a pie de página de la obra de Platón, decía Wittgenstein. Por cierto, esta colección que inicialmente se llamó Los Pequeños Platones es un homenaje a Platón y a su manera de enseñar la filosofía. Dice Mongin: “Desde Platón, las ficciones filosóficas han pasado de la modalidad de la dialéctica al mito. Y esas ficciones, como el mito de la Caverna, no solo tienen una función ilustrativa, alegórica, también son el punto en el que se materializa la experiencia del pensamiento”. Historias que capten las intuiciones fundamentales de los filósofos, que sean a la vez claras y significativas, ha sido su propósito. No es fácil, no siempre se logra. Su editorial está repleta de proyectos que no cuajaron y lo que han publicado es apenas una tercera parte de los trabajos que han recibido.
 
En principio, la idea de la colección es abarcar la filosofía desde los presocráticos hasta el presente. No necesariamente en orden, lo cual le da un encanto especial y cierta sorpresa: después de Gastón Bachelard puede venir Pico della Mirandola, depende de lo seductora que haya sido la nueva propuesta. Algo así como un work in progress filosófico. Hay una historia de la filosofía, hay un canon, es cierto, sin embargo, ese orden puede ser aleatorio. Depende de cuáles sean nuestros intereses, aquí y ahora. Para Mongin la filosofía no es solo amor al saber sino sabiduría del amor. Por eso las preguntas y las respuestas cambian, según cada lector. En un momento dado puede llegar a ser más taquillero Leibniz que Erasmo.

¿Puede un niño de 9 a 12 años interesarse por la filosofía? Sí, siempre y cuando se consiga involucrarlo en una pregunta vital. Y no se intente engañarlo con el didactismo.
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