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| 10/27/2012 12:00:00 AM

Frankenweenie

Esta película de animación cuadro a cuadro es un retorno a las preocupaciones básicas de Tim Burton con una factura impresionante.

Título original: Frankenweenie
Director: Tim Burton
Guionista: John August
Voces: Catherine O'Hara, Martin Short, Martin Landau, Winona Ryder.

Esta película cuenta la historia de un niño y su perro. No es como Lassie, porque su perro está muerto. Basada en un corto de media hora que Burton realizó para Disney en 1984 es extraño ver ambas películas una al lado de la otra. Es como si el tiempo no hubiera pasado y las ideas de Burton siguieran iguales 28 años después.

Ambas películas parten del Frankenstein de James Whale protagonizado por Boris Karloff en 1931, que es una película increíble, al mismo tiempo tierna y cruel. El aporte de Burton es quitarle las uñas al monstruo, dejarlo como un ser inofensivo e incomprendido, juzgado erróneamente por tener tornillos en el cuello y una forma de vestir poco común. O sea, quitar los aspectos perturbadores, simplificando y amansando la cinta.

Claro, al quitarle las uñas le quita la profundidad, pero eso no importa. No es lo que esperamos de una película de Burton y eso está bien. Queremos espectáculo, chicas y chicos con peinados melancólicos, pero cuidadosamente descontrolados, temas infantiles y mórbidos que no sean perturbadores. En este caso, todo se logra.

Por alguna razón, esos peinados se ven especialmente bien en los muñecos animados cuadro a cuadro que protagonizan la película (a diferencia del corto original, que era con personas) y es un deleite verlos andar por ahí con sus desproporciones: unos tienen las piernas larguísimas y los torsos cortos, otros son grotescamente gordos.

El niño protagonista es Víctor Frankenstein, un estudiante de secundaria, y su perro llamado Sparky. Además están sus compañeritos del colegio: un niño japonés héroe del béisbol, un gordito torpe, una niña con los ojos gigantes y las pupilas minúsculas, un jorobado expresivo con los dientes torcidos, una chica que se viste de negro y un grandulón de cabeza rectangular.

Es una exhuberancia de rarezas. La película podría haber convertido la escuela en un universo de normalidad aplastante donde Víctor se siente excluido, pero no es así. El edificio es moderno y con líneas rectas, pero está poblado por bichos raros, perros a cuadros cada uno con un patrón diferente, y hay mucha gracia en esa variedad.

Cuando un auto atropella a Sparky, el niño no sabe qué hacer. Un profesor de ciencia en el colegio (homenaje a Vincent Price) demuestra cómo la electricidad activa el sistema muscular en una rana muerta y Víctor de inmediato hace la relación. Con chécheres de cocina y enseres domésticos reproduce a escala infantil el laboratorio para revivir criaturas.

Y en una noche de tormenta, con rayos y centellas, Sparky vuelve a la vida. Pero hay una feria de ciencia en la escuela y sus compañeros no quieren que Víctor se la gane con su perro resucitado, así que tratan de hacerle competencia. El resultado es caótico y tierno, infantil y mórbido y nada perturbador. El talento de Burton, como el perro resucitado, sigue con vida.
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