Sábado, 25 de octubre de 2014

| 2013/07/03 00:00

Franz Kafka: la gloria después de la muerte

'La Metamorfosis', obra del escritor checo, se convirtió en una joya de la literatura universal y catapultó al autor como referente de escritores actuales.

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“Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo...” Así comienza La Metamorfosis, la obra insignia del escritor checo Franz Kafka.

Debido a las diferentes divisiones europeas, Kafka nació dentro de los límites del imperio austrohúngaro, al final de sus días era de nacionalidad checoslovaca y si aún viviera simplemente sería una ciudadano de República Checa.

Escribió sus obras en alemán y tenían como principal característica el pesimismo. Fue autor de tres novelas, El proceso, El castillo y El desaparecido, pero el reconocimiento mundial (adquirido en gran medida después de muerto) lo obtuvo con su novela corta, La metamorfosis.

Hoy Google destaca en su ‘doodle’ el aniversario número 130 del nacimiento del escritor europeo, que se convirtió en uno de los personajes más influyentes en la literatura universal. Además de sus novelas, Kafka es autor de un gran número de relatos cortos y escritos autobiográficos.

Su estilo literario lo ubica en la filosofía artística del existencialismo y del expresionismo y muchos autores destacan el contenido psicológico de sus obras a pesar de que era abogado de profesión.

Vida difícil


Hijo de padres judíos, Franz Kafka nació el 3 de julio de 1883 y murió a los 40 años el 3 de junio de 1924, varios años antes de que ocurriera el holocausto nazi en el que murieron sus hermanas.

Algunos de los autores que inspiraron sus escritos fueron Dickens, Flaubert, Cervantes y Goethe. En gran medida se le atribuye su pesimismo y tristeza a la hora de escribir a la muerte de sus hermanos Georg y Heinrich, que fallecieron a los pocos meses de nacidos. Kafka se sentía culpable por los decesos ya que los atribuía a los enormes celos que sentía por la atención que sus padres les prestaban a los nuevos integrantes de la familia.

Además de sus sentimientos de culpa, la difícil relación con su padre lo motivó a escribir La carta, texto 
que solo se publicó después del fallecimiento de este artista que prefería vivir en el anonimato, La carta es un relato dramático en el que el autor narraba su tortuosa vida familiar y en el cual le hacía un fuerte reclamo a su progenitor.


Entre 1913 y 1917 mantuvo una relación difícil con Felice Bauer, lo que dio origen a una correspondencia de más de 500 cartas y un intento de boda que no logró concretarse. En 1917 procuró una reconciliación y organizó nuevamente una boda que nunca prosperó.

Por eso, el amor tampoco fue uno de sus aliados, lo que sumado a su difícil vida familiar hizo que sus relatos se cargaran de mayor melancolía.

Kafka sufrió toda su vida de problemas respiratorios, por lo que llegó a pasar meses enteros internado en hospitales, sin embargo, en la navidad de 1923, una pulmonía lo postró en cama y tras complicársele con una tuberculosis, su vida se apagó a tan solo un mes de cumplir los 41 años.


Kafka quería permanecer en el anonimato y nunca se convenció totalmente de su talento como escritor, veía en la tinta y el papel una forma de desahogarse. Su amigo Max Brod publicó los manuscritos del checo aunque el escritor le había pedido que los destruyera luego de su muerte y si no hubiera sido por su desacato, tal vez Kafka hubiera pasado sin pena y sin gloria por le mundo de la literatura.


Por su parte, Dora Diamant, su última compañera y quien lo vinculó nuevamente con el judaísmo, no publicó los escritos que tenía en su poder pero sí conservó ocultos 20 cuadernos y 35 cartas, que fueron revelados por la Gestapo cuando los confiscó en 1933.

Años después de su fallecimiento, Kafka empezó a llamar la atención de lectores internacionales y actualmente es un referente obligado de la literatura universal.


Aún hoy se buscan por todo el mundo otros papeles desaparecidos de Franz Kafka, el escritor que vio la gloria después de la muerte. 

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