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| 3/27/1989 12:00:00 AM

FUEGO DE JUVENTUD

En "15 nuevas expresiones", la exposición de la Galería Diners con un grupo de artistas jóvenes, impera la ley de violar las leyes.

Si es que las reglas todavía existen en materia de arte, habría que decir que la nueva generación de pintores colombianos se caracteriza por romperlas. Al menos así lo demuestra la exposición con la cual la Galería Diners ha querido retomar su labor de promover la plástica.
Se llama "15 nuevas expresiones", pero en realidad se trata de una sola expresión: la de los pintores jóvenes de Colombia, que se han agrupado din proponérselo, para mostrar un trabajo consolidado, a pesar de que el promedio de edades apenas supera los 30 años.
La primera impresión es, pues, la de las reglas violadas. Pero no por inexperiencia. Ni siquiera por un ánimo combativo propio de la edad. Las reglas desaparecen, simplemente, porque en estas 15 expresiones existe una profunda fuerza innovadora. De manera que no se trata de un irrespeto a las estructuras de marras, sino de una intención de mirar más allá de ellas. Nadie podría culparlos por ser originales, porque ese no es un pecado en estos tiempos. Lo era cuando Dalí o Picasso dieron sus primeros pasos en una sociedad viciada por las normas arcaicas. Y, sin embargo, su desacato a una autoridad inexistente los llevó a la gloria.
Por eso ahora Colombia recibe con agrado a los exponentes de la nueva plástica, aunque para muchos resulte difícil digerir conceptos futuristas y contemplar un desorden provocado intencionalmente en las normas de antaño. La crítica, al comienzo, quiso fruncir el ceño. Pero el convencimiento de que el arte colombiano necesita una nueva fuerza los hizo mirar de nuevo, tal vez con más detenimiento, los aparentes ensayos de una generación que busca más el fondo que la forma.
Y esa fue, precisamente, la idea que finalmente los salvó: su inquietante deseo de profundizar en el concepto, aunque la intención esteticista quedara en segundo lugar. Porque en materia de arte, siempre que se actúa con el convencimiento de comunicar una verdad interior, no importa que se rompan las reglas, ni que se irrespete a los pontífices de la cultura... ni siquiera importa que esa verdad que se quiere comunicar no coincida con las verdades absolutas de un mundo que, como ocurre en este caso, ya necesitaba una oxigenación en materia de pintores.
En eso están de acuerdo estas "15 nuevas expresiones". Sin temor a la crítica, hay incluso quienes han decidido explorar viejas tendencias, tendencias opuestas, tendencias que nunca se hubieran visto bien reunidas en el mismo salón, y ellos las han mezclado en su propia paleta, para lograr nuevas propuestas, que ahora aparecen en el mismo lienzo.
Hay cierta inclinación expresionista, es verdad, pero no hay una corriente que los una. Constanza Aguirre muestra pinceladas fuertes, tonos lúgubres y un fondo que no se deja adivinar fácilmente. Diego Arango se ha entretenido en la contemplación de animales salvajes, y sus rasgos infantiles se conjungan con la magia de los destellos ocasionales. Beatriz Duque no respeta los espacios y utiliza, también, las pinceladas fuertes, con un coqueteo que la acerca al expresionismo abstracto.
Los tonos aparecen muy trabajados en Andrés Fonseca, y se mezclan en un caos que se mueve entre el rasgo infantil y el primitivo. Jaime Franco trabaja las formas geométricas, y las ordena con una intención casi espiritual. La figura humana se plasma en la obra de Lorenzo Jaramillo, con un mensaje que resulta dramático. Luis Luna utiliza signos a veces primitivos, a veces infantiles y los ordena, los contrapone o simplemente los hace parte de un desorden mental.
Los personajes de Cristina Llano están supeditados al ángulo casi sobrenatural que ella adopta: por eso se someten en el plano, pero resaltan por los tonos agresivos. Diego Mazuera reconstruye un paisaje marino decididamente lúgubre, del cual los protagonistas quieren escapar sin ser identificados. Mario Ossaba juega con el color y sus figuras resultan tan festivas, que incluso un trazo hecho con los dedos queda bien. Maria Teresa Rizzi agrupa las figuras con un toque expresionista, y el mensaje aparece, de manera premeditada, en cada línea. Ana María Rueda utiliza un lenguaje primitivo, para insinuar un paisaje que debe desarrollarse en la mente de cada persona. Patricia Tavera quiere ocultar hasta el último rincón del mundo con sus pinceladas borrosas. Ricardo Valbuena ha querido mostrar al hombre, envuelto en esa masa oprimida que no le permite sobresalir. Por último, María Teresa Vieco ha querido enviar su mensaje a traves de figuras que son producto, al mismo tiempo, de lo esotérico y lo infantil.
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