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| 7/28/1986 12:00:00 AM

FUTURISMO QUE YA PASO

En Venecia, una exposición de la tendencia más cuestionada, más exaltada, más denigrada y más "pasada de moda": el futurismo.

"Asesinemos el claro de luna", proclama el poeta italiano, Tomaso Marinetti, en su "Manifiesto del futurismo" lanzado en París en 1909. ¡Rechacemos las nostalgias, las herencias y los romanticismos y celebremos el mundo moderno y dinámico! ¡Rindámosle culto al automóvil, a la máquina, a la velocidad, a la metrópolis! Estas eran las proclamas del movimiento futurista, el único movimiento de vanguardia italiano con carácter mundial, comparado al surrealismo y al Dada.
Paradójicamente, 70 años después de las arengas futuristas contra Venecia y lo que ella representa, a la ciudad romántica y nostálgica por excelencia llegan las invenciones de los futuristas. Obras de Balla, Duchamp, Picasso. Cine, música, moda y hasta recetas de cocina y cocteles. Expuestas además todas las ramificaciones del futurismo: la soviética, la yugoeslava, la mexicana y la japonesa. Más de mil piezas entre cuadros, objetos, carteles, cartas inéditas, hacen parte de la muestra "Futurismo y futurismos" (abierta hasta octubre) en el Palacio Grassi, uno de los edificios más bellos del siglo XVIII de Venecia, adquirido por la Fiat, la casa automotriz de Turín, por nada menos que 6 millones de dólares y recientemente restaurado en un plazo récord: 15 meses.
Pero no son esos los únicos motivos que hacen de la muestra un "evento histórico". Por primera vez en Italia, el mayor grupo industrial privado se exhibe como mecenas del arte. Y sobre todo por primera vez, el público podrá asistir a una espectacular exposición del universo futurista con todas sus gamas. Desde sus orígenes hasta la afirmación del movimiento y su posterior y sorprendente desaparición.
Una ocasión única, en la que se reúne por primera vez una serie de obras maestras (Balla, Boccioni, Severini, Carrá) hasta ahora perdidas por el mundo. Todo esto acompahado por un catálogo gigante, una reseña de filmes futuristas, de conciertos futuristas, diccionario de palabras futuristas, y noches de futurismo teatral organizadas en el prestigioso teatro La Fenice de Venecia, dirigido por el colombiano Italo Gómez. Contemporáneamente, se ofrecían fiestas mundanas en disfraz con platos futuristas y la presencia del jet set internacional como los Rothschild, Kissinger, la señora Pompidou, el multimillonario Agha Khan,y los Agnelli, dueños y señores de la Fiat, en calidad de anfitriones.
Pero como todo evento cultural que se respete, las polémicas no han faltado. Ya sea por el ingreso directo de empresarios privados, como la Fiat, en iniciativas de carácter cultural tradicionalmente costeadas por el Estado, así como por el tema mismo de la muestra. ¿Por qué el futurismo? ¿Un movimiento a la vez conocido y desconocido, exaltado y denigrado? Indudablemente, la muestra ilustra la importancia del futurismo en la renovación cultural de inicios de siglo. Los cuadros de Duchamp, Picasso, Gros, Chagall, Kandinski, Ernst, Marc, Braque, Picabia, traídos de varias colecciones privadas y de museos extranjeros son una prueba de la importancia del movimiento fundado por Marinetti. Y es que el futurismo no fue importante sólo en Europa sino también en América Latina, hay piezas argentinas y mexicanas, y en Extremo Oriente, Japón.
Sin embargo, el "olvido" del futurismo en la historia no es casual. Sobre él pasó por años su compromiso con el fascismo al punto de llegar a ser identificado como "arte de regimen" (sugería el hipernacionalismo, el antipacifismo -"la guerra sola higiene del mundo", escribía Marinetti-, y el desprecio a la democracia representativa), aun cuando más tarde (1925) haya sido calificado por el mismo Mussolini como "arte degenerado". El objetivo, pues, de la muestra es más bien documentativo e histórico, evitando tonos críticos. El mismo Gianni Agnelli, propietario de la Fiat, recordó durante la inauguración de la muestra que el futurismo es "el arte y la poesía del movimiento y la tecnología". Por eso, a la entrada del palacio Grassi, sobre el Gran Canal, en una ciudad donde el medio de transporte es la barca, se exhibe un automóvil Fiat de inicios de siglo, junto con dos aviones de verdad de la Primera Guerra Mundial que simulan estar en vuelo. Objetos que hacen parte hoy en día de la vida cotidiana de los cuales los futuristas proclamaban su "esteticismo". "Para los futuristas -escribe Omar Calabrese, crítico de arte de la revista Espresso- toda la vida es en función del ver: es espectáculo". Mientras tanto, Italia parece estar impregnada de futurismo. Se venden corbatas futuristas, se reproducen copas y vasos de poussecafé diseñados por los futuristas, chalecos y vestidos futuristas. En los bares, ya existe el "coctel a la Marinetti". "No es metáfora -decía un crítico de arte hace pocos días- estamos en plena borrachera futurista".
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