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| 7/4/1983 12:00:00 AM

GABO REAL E IMAGINARIO

Un documento sobre su vida confirma que García Márquez tiene más futuro en el cine como protagonista que como productor.

Con el cine García Márquez ha tenido poca suerte. Ni como guionista ni como autor en quien se inspira un guionista ha conseguido que el éxito acompañe las tentativas de convertir en cinemetográficas las espléndidas imágenes que salen de su pluma. Cierto, en esta mala suerte no está solo. Lo acompañan los maestros de la literatura de este siglo, faltos casi todos de un Orson Welles capaz de hacer cine con El proceso.
Pero en García Márquez esta mala suerte está especialmente agravada por el hecho de que él ha estado siempre muy cerca del cine. Alguien comparó sus grandes novelas con una persistente lluvia de imágenes y sus obras más intensas, "El coronel..", y sobre todo "Crónica de una muerte anunciada", parecen escritas directamente para el cine. La acción se despliega en secuencias ante nuestros ojos y conocemos a los personajes--como en todo el cine que cuenta--más por lo que hacen que por lo que dicen.
Justamente este fracaso de Gabo en el cine le confiere un interés especial a García Márquez: " La magia de lo real", un medio metraje realizado por Ana Cristina Navarro, periodista colombiana de 33 años, actualmente reportera de la televisión española.
UN MOVIMIENTO DIAGONAL
La película dura 57 minutos, fue concluida a mediados del año pasado y ya ha sido exhibida por la televisión de Suecia, Holanda y Francia y proximamente por la de España. En principio es un documental que intenta informar sobre las características del mundo donde nació y creció García Márquez.
En la práctica es más que eso: es un movimiento diagonal en el tablero de la vida, que mezcla los personajes reales con los de ficción, Macondo con Aracataca, la prosa asombrosa de Gabo con el registro de noticias rigurosamente ciertas como la aparecida en los años veinte en un periódico de Barranquilla, que da cuenta de un incesto en Aracataca. Y es una crónica memorable sobre el Caribe, que por añadidura es buen cine.
EL ,OTRO HERZOG
Ana Cristina cuenta que la idea de hacer esta película nació en la casa de Werner Herzog, no el director de cine alemán especializado en estropear temas amazónicos, sino un fotógrafo suizo, antiguo crítico de literatura de Der Spiegel y actualmente corresponsal de un diario alemán en España.
Herzog venía de un viaje por Colombia donde había hecho muchas fotos, entre ellas unas de la casa azul añil.
"Revisamos esas fotos juntos--recuerda Ana Cristina--y yo le dije: qué maravilla poder contar ese mundo que es el mundo de García Márquez y que es el mundo nuestro". Eran los comienzos de 1980 y no existía todavía ninguno de los ahora numerosos documentales que se han hecho sobre Gabo y su obra luego de que obtuviera el premio Nobel. Herzog se entusiasmó con la propuesta y prometió conectar a Ana Cristina con alguien que podía ayudarla con la plata. La persona resultó ser Harold Mantell, un norteamericano dedicado a producdir películas para los departamentos de español de los colegios y las universidades yanquis. Ana Cristina lo encontró también en Madrid y en la primavera de ese mismo año. "Le ofrecí la idea, él la aceptó en principio y yo le prometí viajar a Colombia en el verano siguiente, durante mi mes de vacaciones, para estudiar sobre el terreno el asunto y preparar un proyecto ".
LA LARGA MARCHA DEL BAJO MAGDALENA
Ana Cristina fue a Medellín y allí inició una travesía en carro por los pueblos del bajo Magdalena, en busca de puntos en los cuales apoyar el trazado de una vía de penetración en el mundo imaginado por García Márquez. Así descubrió pueblos como Rio frío, Orihueca, Sevilla, Guacamayal, Mompox, Ciénaga, Aracataca, Riohacha. Mompox impresionó muchísimo a Ana Cristina: "es la ciudad más extraña y hermosa de Colombia"--me dice. Y en Ciénaga encontró muchos lugares aptos para filmar. De hecho, la película se comenzó a rodar allí el día 20 de enero del año siguiente (1981), y su primera secuencia está dedicada a la Fiesta del Caimán, que se celebra anualmente en esta ciudad. Pero el acontecimiento más insólito en este viaje lleno de revelaciones inesperadas ocurrió en Aracataca, donde llegó un circo pueblerino el mismo día que lo hizo Ana Cristina.
"Es el Rosemary hermanos, un circo incréíble y tierno, con dos payasos y una equilibrista, que va de pueblo en pueblo sin transporte propio, esperando cada vez a que pase un camión sin carga que pueda movilizarlos. Cuando los ví decidí inmediatamente filmarlos.
El problema era saber dónde encontrarlos cuando volviera meses después a rodar. Discutí con ellos el problema y terminaron explicándome que la única persona que en todo momento sabía cuál era su paradero es dona Miguelina Martínez, una señora de Campo de la Cruz, un pueblito del Atlántico. Ellos la llaman cada quince días y le cuentan dónde estan".
LA APUESTA POR EL COLOR
Con muchas fotografías y montones de inquietudes, Ana Cristina, de regreso a su trabajo en España, pasó por Nueva York y buscó a Mantell para enseñarle el material. Organizaron una sesión en su casa para ver las diapositivas, y asistió la mujer del norteamericano. Esta última, cuando terminó la proyección de las fotografías se limitó a observar: "puede ser una película excepcional si logra conservar el color que tienen las diapositivas". El comentario parece trivial, una de esas observaciones tontas de los turistas nórdicos que en países extraños sólo saben ver el color local. Sin embargo, tuvo el valor de una premonición que anticipó la que sería una de las claves de la película. Cuando yo mismo la ví aquí en Madrid, quizás el aspecto que más me impresionó fue la recuperación que la película practica del sentido del color de la gente de la Costa. Tantos años de frecuentar la pintura europea--inevitable experiencia de salón, comercio con islotes de color en medio de la nada de los grises--, me habían hecho olvidar qué es el color cuando se entrelaza con la vida cotidiana de la gente. En esto y no sólo en la música, la Costa delata su sólido arraigo en las culturas africanas. Existe allí una utilización muy libre e intensa de los colores y un sentido de la figuración no representativa, auténticamente fauve. "Fernando Vélez, el cámara caleño que encontré casi fortuitamente en París, tuvo la misma intuición - cuenta Cristina. "Desde el comienzo se empeñó en dar un tratamiento especial a este aspecto de la película y lo consiguió, después de experimentar con diversos filtros. A él, exclusivamente a él, debe la película el color que tiene ".
LOS EXPLOSIVOS EN EL SOTANO
Con todo García Márquez: la magia de lo real, no es sólo una experiencia estética. Como lo hace la propia obra de Gabo esta película es también una tentativa de penetrar en ciertas cuestiones históricas, decisivas para el país: la Violencia, el bipartidismo, la diferencia entre cachacos y costeños.
Para realizar este aspecto de su película, Ana Cristina quiso desde el principio apoyarse en material de archivo. Así fue como fue a parar al sótano del edificio del Intercol en Bogotá, donde están depositados los negativos de lo que se conoce como el Archivo histórico del cine colombiano. "Muchas de las copias son de la época en la que se empleaban soluciones de nitrato en la confección de las películas y con el tiempo y las mutaciones químicas este nitrato se ha vuelto explosivo. Es peligroso manipular estos materiales. Pero igual yo anduve hurgando por ahí; y conseguí esas tomas de marchas de soldados a campo traviesa que aunque son de la época no corresponden, como figura en la película, a la masacre de las bananeras sino a la guerra con el Perú. Otra secuencia importante en la película, la referida al nueve de abril en Bogotá, me la regaló Germán Castro Caycedo quién a su vez la había conseguido en Venezuela. Castro Caycedo también me facilitó el acceso a un video sobre García Márquez que él hizo para la televisión colombiana.
Es una larguísima entrevista, originalmente de siete horas de duración: cuando yo la utilicé era la única entrevista a Gabo filmada que había en el mundo".
LAS DE ARENA
La película como todas las cosas que valen la pena, contiene motivos de polémica. Hay quienes le reprochan un cierto maniqueísmo en el tratamiento de las relaciones entre la Costa y el Interior. La Costa en la película es espléndida y viva. El Interior en cambio es sombrío y feroz.
Ana Cristina se defiende. "No es mi culpa, es culpa de la obra de García Márquez, que presenta la realidad colombiana así, un poco blanco sobre negro". Otra cuestión polémica es la reducción del bipartidismo a un asunto intrascendente, una división de la sociedad por motivos baladíes que, sin embargo, ha ensangrentado repetidamente el país. En este punto Ana Cristina se atribuye toda la responsabilidad, porque ella piensa que los motivos de lucha entre los liberales y conservadores son superficiales y no tocan realmente los problemas graves del país.
Además de las cuestiones polémicas están los errores, la mayoría reparables por una nueva versión de la película que Ana Cristina espera realizar pronto. "El más grave de estos fallos es resultado de una imposición del productor. Se empeñó en que los textos los leyera un señor con una voz horrible, monótona y plana; una de esas voces impersonales --panamericanas-que aparentemente gustan mucho a los profesores de español de los Estados Unidos". Los otros errores son menores pero irritan mucho a Ana Cristina. "No pude asistir a la terminación del montaje y el productor aprovechó para volver a meter mano, alterando los créditos.
Mi nombre y el suyo aparecen grandotes y el del resto del equipo--Lola Salcedo, Fernando, Isidro Niño Heriberto García-aparecen apretujados y minúsculos. Y es una injusticia porque este equipo es muy bueno. He trabajado con técnicos de muchos países y te digo que es difícil encontrar gente tan técnica y creativa como ellos". -
Carlos Jiménez Moreno -
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