Escribe cuentos infantiles que luego lee a sus hijos Rodrigo (9 años) y
Gonzalo (5), para "matar" el estilo de Cien años de soledad y crear algo
diferente.
"Escribo todos los días de nueve de la mañana a tres de la tarde como un empleado de banco".
Le tiene pánico al avión y fuma desesperadamente. Es un lector incansable y amigo de la buena mesa.
"Tengo que seguir inflando el globo hasta que estalle o hasta que yo reviente".
"Yo soy el Vargas Vila de mi generación". ¿Cómo? "Sí, porque fíjate,
Vargas Vila fue el escritor que más libros vendió en su tiempo y además,
vivió en Barcelona varios años".
Gabriel García Márquez sonríe ampliamente debajo de esos bigotes estilo
mexicano que cada vez son más largos y se le despelucan más. Está
instalado nuevamente en Barcelona, después de regresar (por barco
naturalmente, porque le tiene pánico al avión) de dos meses de
vacaciones por Italia y Francia, con su esposa, Mercedes, y sus dos
niños, Rodrigo (8) y Gonzalo (6) que ya han iniciado el año escolar, en
un colegio de educación inglesa.
Fueron unas vacaciones relativas, pues estuvo corrigiendo la traducción
al francés de Cien años de soledad y trabajando con la directora
venezolana Margot Benacerraf en un guion para un largometraje en colores
que se filmará en la Guajira. "Es un argumento de esos locos -dice
Mercedes- con una gorda gorda, como personaje central".
"Espero terminar mi nueva novela en unos dos o tres años, para después
sí irme a vivir ya del todo a Barranquilla y dedicarme a la pachanga. Ya
estoy cansado de viajar. La cuestión es que no me dejan salir de Cien
años de soledad porque no acabo de corregir la traducción francesa,
cuando ya tengo que meterme a revisar la traducción inglesa". Además,
pareja a la aceptación del libro (En España lleva varias semanas entre
los diez libros más vendidos) viene el asedio publicitario. A todos los
periodistas que lo visitan los atiende "porque yo soy periodista y me
parece desleal decirles que no", pero la situación cambia cuando es, por
ejemplo, un joven director de cine que dice: "Esta es la ocasión de mi
vida, si me permite hacer una película sobre usted". Porque Gabriel
García Márquez no quiere ni que hagan películas de su vida, ni de sus
obras.
El mismo día en que Cien años de soledad ganó el premio de la Crítica en
Italia, recibió una llamada del productor Francesco Rossi, pidiendo los
derechos para hacer una película. "Sería una película muy larga y muy
complicada. No es cierto, pues, que mi última novela va a ser filmada a
corto plazo, como publicaron en Colombia. No sé de dónde sacaron esa
noticia. Como no son ciertas tantas otras tonterías que publican sobre
mí".
Gabriel termina el steak gótico, en el restaurante del barrio
gótico de Barcelona. Enciende un cigarrillo negro y habla de su nueva
novela: "Ya tengo casi todo estructurado. Lo más fácil es sentarme a
escribir. Será una novela larga, como de mil páginas, con muchos
personajes: chinos, holandeses, hindúes, ya me salgo de Macondo y me
instalo en todo el Caribe". Le cuento que en Colombia están tan mareados
con Cien años de soledad, que ya las reinas de belleza resuelven ser
Pilar
Ternera, la prostituta vieja de su novela, las cartas políticas se escriben desde Macando, y todo así por el estilo.
Él comenta que en Venezuela más de 30 pintores participaron en la
exposición de cuadros con temática de Cien años de soledad, y que la
muestra fue con decoración de hojas e implemento costeños: "Aquí en
España, el torero Paco Camino declaró que la novela que más le había
gustado era la mía, y la cantante Massiel dijo que la novela que más le
encantaba era "Mil años de soledad". Mercedes ha terminado la perdiz al
vino, y ríe de buena gana. Ella es la que más lee los comentarios y
colecciona los recortes de prensa que llegan de todas partes, a través
de la agente literaria de Gabriel, la catalana Carmen Balcells, que se
da golpes contra las paredes cuando él resuelve decir categóricamente
"no quiero una película sobre Cien años de soledad, por lo que dijo
Heminguay: "Cuando uno ve una película hecha con sus libros, es como ver
a alguien haciendo caca sobre la tumba de su mamá".
Es un lector incansable, y tanto para leer como para escribir, se
enfunda en un overol de camionero. Sabe que tiene un gran compromiso con
los lectores, y por eso está haciendo despacio su nueva novela "Cien
años de soledad" le abrió todas las puertas, y le ha dado experiencia
para lidiar a los editores. "En un almuerzo reciente que le dio mi
agente al editor norteamericano Cass Canfield, de Harper & Row,
aumente cinco kilos de felicidad diciéndoles a todos los editores: "Lo
tendré en cuenta a usted en mis planes futuros".
Es consciente de la inmensa alegría que da tener a los editores
corriendo detrás del escritor, cuando lo usual es que los novelistas
anden rogándoles a ellos que les publiquen. "Lo importante es escribir,
seguir escribiendo, no importa lo que pase, hasta que un día se da una
novela y ya se venden entonces todas las anteriores. Yo duré quince años
escribiendo hasta que reventó. ¿Cuánto tiempo estuve con los originales
de La hojarasca entre el bolsillo hasta que aquel editor colombiano,
Lisman Banm, se decidió a publicarla?”.
Ahora Suramericana de Buenos Aires ha editado todos los anteriores
libros de Gabriel García Márquez y están vendiéndose muy bien.
"No se debe firmar el contrato que le presentan a uno los editores, sino
el que uno les presenta a él", es su recomendación experimentada para
los jóvenes escritores.
Está enterado de toda la actualidad colombiana y sabe a veces más cosas
que quienes vivimos del todo aquí: "Siempre que llegan recortes, yo leo
por el respaldo las noticias que aparecen". De Venezuela, en donde hay
grandes simpatías por él, desde el tiempo en que residió en Caracas
también le llegan noticias. Y esta vez son de Adriano González León, el
ganador del último premio Biblioteca Breve de Seix Barral, con País
portátil, quien le comenta la actualidad, junto con su esposa, 'Mary',
una argentina suave, pálida y sonriente.
Los percebes, esos mariscos increíbles, entre animales, vegetales y
minerales con pezuña prehistórica, peludos y deliciosos, han invadido la
mesa, "por recomendación de Mercedes: "Aquí en Barcelona, los mariscos
son riquísimos. Ahora vendrá la temporada de las angulas; son de
maravilla". Gabriel reconoce que es un "gourmet" de marca mayor y cuenta
que hace escándalo cuando el plato no está bueno o cuando anuncian algo
que no tienen. Esto claro, en el restaurante Amaya no sucede porque
todo es ele primera, la atención y el cocinero, que es amigo de Gabriel.
Sobre los porcebes, las gambas y las cigarras desfilan los golpes de
estado últimos de Suramérica y las situaciones calientes que viven
algunos países. Le cuento que Esmeralda Arboleda se va a casar con el
embajador de México en la ONU y Gabriel da también noticias: "Esmeralda
estuvo hace poco visitando Barcelona, por cierto que perdió un anillo
con una esmeralda que dizque valía como cinco mil dólares y era un
recuerdo sentimental. Pusimos hasta aviso en el periódico, pero fue
imposible recuperarlo. Se le perdió en el barrio gótico".
"Vamos a caminar por las Ramblas porque si dices que viniste a Barcelona y no conocisteis las ramblas, no te van a creer".
Hay parada forzosa frente a cada puesto de libros y revistas para ver
qué hay de nuevo. (Se respira un clima de seguridad completa). Hasta en
el barrio chino, en donde se cruzan las gordas, las flacas, las rubias,
los marineros cantando, los jovencitos tímidos.
Gabo prepara su próxima novela El otoño del patriarca. "Es el monólogo de un dictador que está a punto de ser juzgado por un tribunal popular. Un hombre que ha gobernado su país durante 120 años". Hace ya tiempo tenía la novela casi terminada, pero rompió las 230 páginas. Durante años he venido reuniendo anécdotas e historias de dictadores. Ahora debo olvidarlas todas antes de empezar a escribir. Será difícil crear el prototipo de este personaje mitológico v patológico de la historia latinoamericana", G.G.M. expresa su preocupación.
"Es difícil inventar algo monstruoso o fantástico que sea, que no haya sido ya hecho por algún dictador hispanoamericano: Rafael Leónidas Trujillo, Tiburcio..".
Carias, Henri Chistophe o Alexandre Petion; Manuel Estrada Cabrera. Juan Vicente Gómez, Belzú o Mengarejo... "Y sobre la acogida de sus futuras obras después del éxito de Cien años de soledad predice: "Tengo que seguir inflando el globo hasta que estalle. O hasta que yo reviente".
Gabriel García Márquez se siente ubicado en Barcelona y hasta allá van
los periodistas de Madrid a buscarlo para entrevistarlo, a enterarse de
que le tiene pánico al avión, que no dicta una conferencia ni de
peligro, que fuma como una chimenea y que está loco por volverse a
Colombia, porque ya está harto de viajar.
PERSONAJE
“Yo soy el Vargas Vila de mi generación”: García Márquez
Escribía cuentos infantiles que luego les leía a sus hijos para "matar" el estilo de Cien años de soledad.
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Flor Romero de Nohra
5 de mayo de 2014 a las 7:00 p. m.

