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| 8/29/2014 12:00:00 AM

El ímpetu de Galán, para las nuevas generaciones

En 2013, la Corporación Luis Carlos Galán para la Democracia y la Editorial Javeriana encargaron al autor de esta nota una biografía de Luis Carlos Galán dirigida a jóvenes lectores.

Luis Carlos Galán fue nombrado ministro de Educación sin haberse graduado de la universidad. Durante un tiempo, incluso, circuló el mito de que él mismo como ministro había firmado su diploma de grado, pero no fue así: le dio pudor. La anécdota encierra una curiosidad biográfica y deja ver uno de los más notables rasgos de su personalidad: la precocidad.
En efecto, Luis Carlos Galán siempre destacó por estar adelantado a su edad. A los trece años ganó en el colegio un concurso de oratoria, y a los quince fue arrestado en las revueltas contra el régimen de Rojas Pinilla, en mayo de 1957. A los veinte fundó una revista política en la Universidad Javeriana —llamada Vértice— y a los veintidós ya era asistente de la Dirección del diario El Tiempo, donde escribió editoriales y notas políticas y económicas. 
Luis Carlos Galán fue un ímpetu, un destello, el chaparrón que necesitaba la tierra seca de la política colombiana. Pero como todo chaparrón, duró poco. Cuando estaba a punto de llegar a la Presidencia, inundado de carisma y rodeado de apoyo popular, lo mataron unos sicarios contratados por el Cartel de Medellín y ayudados por organismos de seguridad del Estado. Fue el 18 de agosto de 1989, viernes, y todos los colombianos recordamos qué estábamos haciendo cuando conocimos la noticia. 
Nació el 19 de septiembre de 1943 en Bucaramanga, donde su padre, Mario Galán —uno de los colombianos más decentes del siglo XX en Colombia—, trabajaba como Contralor Departamental de Santander. La familia se trasladó a Bogotá en el 49, cuando aún estaban encendidos los fuegos del 9 de abril del año anterior. Luis Carlos fue matriculado en el Colegio Americano y después en el Antonio Nariño, donde siempre ocupó el primer lugar. Sus padres, así como su hermano Gabriel, fueron sus primeras influencias. El propio Galán lo dijo alguna vez: “A mi mamá le debo la vida; a mi papá, el espíritu”. 
En el Ministerio de Educación estuvo entre 1970 y 1972, es decir, durante los momentos de mayor efervescencia del movimiento estudiantil. Galán, como la mayoría de miembros de su generación, buscaba también implantar reformas a la educación en particular y al sistema en general. Pero él buscaba hacerlo desde dentro del sistema. Paradójicamente esa postura, en ese momento histórico particular, podría considerarse contracultural. En una entrevista que le hicieron por esos años, el joven Galán declaró: “El desafío de la juventud colombiana no consiste en demostrar que tenemos capacidad de protesta únicamente, sino también suficiente capacidad creadora para transformar aquello contra lo que protestamos”. 
Del Ministerio salió en el 72 con el bigote de guapo que lo caracterizaría en adelante y con la mujer que lo acompañó en las buenas y en las malas el resto de su vida, Gloria Pachón. Partieron a Italia, donde había sido nombrado embajador. Aprovechó ese tiempo para estudiar la política europea y para seguir profundizando en el conocimiento de la realidad colombiana. Galán siempre fue un estudioso, y además tenía un temperamento obsesivo. Por eso era imbatible en las discusiones que emprendía. Siempre tuvo en la cabeza la cifra que necesitaba, o la cita, o el dato. Desde sus primeros años de universidad sabía que se estaba preparando, y lo asumió con un compromiso a toda prueba. Se sabía predestinado. “No me importa la suerte siempre y cuando que [sic] me haga digno de realizar una misión al servicio de mi patria y de mi departamento”, escribió en una carta a su hermana Cecilia. Tenía dieciocho años. 
De regreso al país, a finales de los setenta, empezó su carrera política formalmente. Llegó al Senado por Santander en el 78 como cabeza de una lista promovida por el expresidente Carlos Lleras Restrepo. Pero Galán no quería ganar elecciones, sino cambiar las costumbres políticas colombianas. Quería un país más independiente, más igualitario, más educado, más inclusivo. Sobre todo, quería convencernos de que eso era posible.


Por eso tuvo que fundar su propio movimiento político, el Nuevo Liberalismo. Una disidencia del Partido Liberal, conducido en esos años por Julio César Turbay Ayala, Alfonso López Michelsen, Hernando Durán Dussan, Ernesto Samper Pizano, Alberto Santofimio Botero... Ninguno podía estar más lejos de lo que Luis Carlos Galán consideraba un líder político a la medida de Colombia. 
De 30 mil votos para el Concejo de Bogotá en 1980, el movimiento fundado por Galán, su familia y sus amigos más cercanos obtuvo 700 mil en las presidenciales de 1982. Visto a grandes rasgos, su programa político no difería mucho del programa del liberalismo oficial. El asunto estaba en el cómo. El ímpetu de Galán contagió al país entero en círculos que fueron creciendo por todas partes como los que hace una piedra en el agua. Primero en las clases medias urbanas —el tan mencionado voto de opinión— y de ahí sus ideas se extendieron por pueblos y veredas. Fiel a su espíritu y a su energía, Galán, su esposa, su cuñada Maruja Pachón y los más cercanos recorrieron el país, literalmente, durante las campañas a la Presidencia de 1982 y 1986. 
Esa fuerza de su discurso, esa sonrisa franca, la mirada profunda, la genuina curiosidad con que conversaba con los habitantes de tal o cual pueblo removieron la esperanza de muchos colombianos, que lo vieron como la última oportunidad de redención para el país. Principalmente porque todos, incluso sus contradictores, sabían que en boca de Galán palabras como decencia, independencia y honestidad no eran demagogia: él las llevaba a la práctica todos los días. Pregonaba con el ejemplo, dice el refrán.
Estaba a punto de cumplir 46 años cuando lo mataron en una manifestación política en Soacha. Dejó cuatro hijos, una esposa, unos padres y unos hermanos perplejos, desconsolados. Y dejó también a un país sumido en la desesperanza, con la sensación de que estuvo cerca de alcanzar, al menos, una forma distinta de concebir la política. 

* Editor, periodista y bloguero. Actualmente está escribiendo una biografía de Luis Carlos Galán dirigida a lectores jóvenes.
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