Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2015/10/29 12:35

“El periodismo es una forma potencial de arte”: Gay Talese

Esta noche el periodista y escritor estará presente en la ceremonia del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Semana habló con él.

Gay Talese es el invitado especial a los 40 años del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Foto: León Darío Peláez/Archivo SEMANA

Gay Talese (Ocean City, 1932) es famoso por haber comenzado en el Times como mensajero. Es famoso por vestir de traje desde que tenía diez años. Es increíblemente famoso por haber escrito un perfil de Frank Sinatra sin haber entrevistado una sola vez al perfilado, desafiando las reglas más básicas del oficio. También es famoso por tomar sus apuntes en cartulinas para doblar camisas, que guarda cómodamente en sus bolsillos; por colgar con alfileres sus apuntes frente a su escritorio, en el sótano –o “bunker”, como él lo llama–; y por no escribir más de una página al día. Pero sobre todo es famoso por haber sido catalogado como el padre del periodismo literario, o Nuevo Periodismo.

SEMANA: Usted es autor de dos textos muy famosos, Frank Sinatra Has a Cold (1966), sobre Sinatra, y The Silent Season of a Hero (1966), sobre Joe DiMaggio. Ambos son estadounidenses e hijos de inmigrantes italianos, como usted. ¿Fue por coincidencia que terminó escribiendo sobre ellos?

Gay Talese:
No fue una coincidencia. Años después también escribí un libro, Unto the Sons (1992), sobre mis ancestros, y Honor Thy Father (1971), un libro sobre la mafia de aquella parte de Italia de donde eran mis ancestros. También he escrito sobre otros italianos.

SEMANA: ¿Por qué?

G.T.:
Porque cuando escribo sobre otros aprendo un poco más sobre mí mismo, desde otra perspectiva. Cuando tú entrevistas a otros colombianos los conviertes en historiadores de tu propio tiempo, aprendes a través de ellos acerca de la nación que es Colombia. Leer un libro hecho por una voz autorizada está bien, pero también hay una historia que no está escrita, que no ha sido dicha y que de todas maneras existe.

SEMANA: ¿Así aprendió más sobre su país de origen?

G.T.:
La verdad es que no sé más de Italia de lo que sé de China. He hablado con muchos chinos. También estuve un tiempo en Francia. Una parte de mi familia se fue a París en 1911, antes de la Primera Guerra Mundial. Mi tío se convirtió allí en un sastre famoso. Se llamaba Antonio Cristiani y se fue de Italia como todos los inmigrantes que ahora están dejando Siria en busca de un trabajo en Europa. Llegó a París y lentamente fue haciéndose a una clientela. Uno de sus clientes fue el primer judío que ocupó el cargo de Primer Ministro en Francia en la primera década de los años 30. A través de él conoció a otros funcionarios del gobierno francés, a actores y a escritores que podían pagar uno de esos trajes hermosos que hacía. Se los hacía a Gary Cooper y a un músico. Sus trajes no se movían, no se descuajaban cuando ese jazzista tocaba el vibráfono. ¡Eso es a lo que yo llamo un buen corte! Sastrería matemática. Es arte a través de hilo y aguja. Esas eran las aspiraciones de mi padre.

SEMANA: ¿Cree que ese oficio, que también era el de su padre, influenció la manera en que usted hace periodismo?

G.T.:
Sí.

SEMANA: ¿En qué sentido?

G.T.:
Mi tío y mi padre tenían un respeto por el oficio, por hacer el trabajo bien: no rápido, bien. Les importaba el detalle, la precisión. Los botones que cosían no se caían al año siguiente y las costuras no se descosían a los 10 años de uso. Nunca estuvieron in, pero tampoco estuvieron out: sus trajes eran atemporales, clásicos. De ser hijo de un sastre aprendí a hacer cosas que duran, a que la escritura permanezca tejida por años de una manera en que le permita a la historia subsistir, que le permita ser leída cincuenta años después tan bien como yo la quise escribir. El tema no altera lo interesante que pueda llegar a ser una historia bien hecha.

SEMANA: Una de sus primeras historias fue sobre el hombre que prendía los titulares electrónicos en Time Square. ¿Por qué se acercó a ese hombre?, ¿Cómo explicar tal curiosidad?

G.T.:
A veces encuentro las historias accidentalmente. Un día caminaba por Time Square y vi unas luces que rotaban alrededor de un edificio. Entré, no había nadie en el primer piso. Subí al segundo, y tampoco. Llegué al tercero, había una puerta abierta, vi a un hombre que sostenía una cosa que parecía un acordeón. Me senté silenciosamente, y cuando se volteó le dije: “Soy un empleado del New York Times. Pasaba por aquí y me pregunté cómo es que de esos bombillos surgen las letras de los titulares”. Me explicó, me dijo que lo hacía a diario, desde hacía 25 años, que su primer titular fue el anuncio del ganador de las elecciones presidenciales de 1928: “Herbert Hoover beats Al Smith”. Le pregunté su nombre, dónde había estudiado, cómo había llegado a ese trabajo. Le di las gracias y volví al Times.

SEMANA: ¿Usted qué cargo tenía en el diario?

G.T.:
En ese entonces yo ni siquiera era reportero. Era un estudiante de periodismo pero un sirviente en aquella inmensa institución periodística, y aprendía de lo que veía. Lo que no aprendí de ellos fue a ser curioso.

SEMANA: ¿Cómo hizo entonces para escribir la historia?

G.T.:
Le pedí a un periodista su máquina y me la prestó en su hora de almuerzo. Me senté y escribí el artículo. Cuando el señor Berger volvió, le pedí que lo leyera. Me dijo que se lo dejara y yo volví a mis tareas, a entregar mensajes y cafés. Dos horas después este Meyer Berger, que era un periodista muy famoso, me dijo que había hablado con el editor, que mi texto era publicable. Dos días después se publicó, sin mi nombre porque yo no era reportero, no tenía el estatus. Todo fue el resultado de la curiosidad.

SEMANA: ¿Se necesita solo curiosidad?

G.T.:
Lo otro que es muy importante en un periodista es la energía. La curiosidad no basta, hay que persistir, perseverar. Luego hay que verificar los datos. No se puede escribir un nombre mal, una fecha. He hecho mil historias así, con curiosidad y persistencia. Si esperas a que el editor te dé una buena idea puede que te quedes esperando.

SEMANA: Años después Tom Wolfe lo llamó el padre del Nuevo Periodismo. ¿Qué significó eso?

G.T.:
Yo conocía a Tom Wolfe, era amigo mío. Cuando escribió esa cosa sobre el Nuevo Periodismo, yo no sabía que lo que estaba haciendo era nuevo. Solo quería ser un contador de historias y me atraía la ficción. Quería incorporar las técnicas de la ficción en la no ficción, escribir con nombres reales, no con nombres y situaciones imaginarias. Tom Wolfe pensaba que eso era muy inusual. Yo no quería ser un periodista, quería ser un escritor que trabajara también en periodismo. Sin embargo sentí que la gente como yo también tenía una historia.

SEMANA: ¿Cree que los periodistas todavía son considerados escritores de segunda categoría?

G.T.:
Grandes reporteros han sido también grandes novelistas, como Hemingway. Sin embargo, cuando empecé el oficio sí era considerado una forma baja de escritura. Parte de la culpa la tienen los periodistas: lo hacían rápido, sin cuidar las palabras, pero yo siempre he pensado que el periodismo es una forma potencial de arte.

SEMANA: ¿Cree que los medios, con internet, le abrirán más espacio a esta manera de hacer periodismo?

G.T.:
Yo solo creo que la tecnología es peligrosa. Tom Wolfe y yo teníamos que ver a la gente sobre la que queríamos escribir. No llamarlos: ir a su encuentro, en su casa, en su oficina y ganarnos su confianza. La gente no se abre automáticamente. Debes ser halagador, pero no demasiado. Debes venderte bien para ganar acceso, pero no abusar de él. Debes ser confiable y respetuoso para poner sus sentimientos en tus palabras y, al hacerlo, representarlos como fuente. El peligro hoy está precisamente en la tecnología, que hace que el número de periodistas perezosos se multiplique. Solo con la presencia del otro se puede ir más y más profundo. Muchas personas no saben que saben cosas, pero si persistes de repente lo que había sido respondido superficialmente se convierte en algo revelador. Hay que salir y pasar el rato con todo tipo de gente: estúpida, mala, conservadora, con la que duerme en las calles.

SEMANA: ¿Cuándo sabe que ya tiene todo lo que necesita para escribir sobre alguien más?

G.T.:
En un punto, cuando entrevisto, sé que ya sé lo suficiente para representar al otro de manera completa, redonda. Pero cuando escribo siempre aparece un hueco que debo llenar. Así que vuelvo a la persona. Antes no puedes saber que el hueco aparecerá, tienes que sentirlo cuando emerge. Cuando te vayas y empieces a escribir sobre todo lo que hemos hablado sentirás el vacío.

Silvia Martínez de Narváez, directora del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, invitó al escritor norteamericano Gay Talese para conmemorar los 40 años del Premio.

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