Sábado, 25 de octubre de 2014

| 1993/03/01 00:00

Gerundiando en Cartagena

Gerundiando en Cartagena

GERUNDIANDO EN CARTAGENA
(Alegato en II actos)
Dramatis personae
Gabriel García Marquez, conocido escritor
Belisario Betancur, conocido ex presidente
Daniel Samper Pizano, conocido periodista
María Mercedes Carranza, desconocida periodista
Testigos: Mercedes Barcha, Rosa Elena Alvarez, Aseneth Velásquez, Pilar Tafur, Jaime García Márquez, Lázaro Mejía, Ricardo Díaz, María Cristina Mejía, Chila Pérez, Jaime González, Marta Sofía Isaza, Beatriz Betancur, Guillermo Valencia, Linda Falquez.

ACTO PRIMERO
Escena: Mediodía en la sala de una casa colonial situada en el recinto amurallado de Cartagena. Se oye música cubana ejecutada por ocho intérpretes.
Como ocurre tantas veces en las cosas de la vida, un hecho insignificante puede complicarse, alcanzar dimensiones inimaginables, hasta requerir la sabía intervención de los más altos jueces. Aquí se intenta dar cuenta de algo semejante, relacionado con la vida, el uso y el abuso de una forma verbal en nuestra lengua.
Todo comenzó con un comentario casual entre Garcia Márquez y la periodista Carranza, sobre la novela de violencia, y el empeño de algunos escritores colombianos en mostrar ese fenómeno con truculencia e ingenuo inmediatismo. La violencia puede revelarse de muchas formas distintas, menos obvias, señaló el Nobel y recordó que hacía años había escrito una nota en ese sentido.

¡ HORROR :
UN GERUNDIO!
Al día siguiente la periodista Carranza recibió de parte de García Márquez un libro con sus crónicas y reportajes, donde figuraba el texto aludido. Fue leído en voz alta para que escucharan Daniel Samper, Pilar Tafur y Aseneth Velásquez. Al terminar, Samper pegó un brinco y gritó: "¡Ahí hay dos gerundios mal empleados!".
Estupor e incredulidad. García Márquez es el general de dos célebres contiendas que ha librado en el campo de batalla del idioma: su guerra a muerte contra los adverbios terminados en "mente" y su rigor sin concesiones en el uso del gerundio.
Una reunión social fue el momento escogido para comunicarle, entre titubeos, el asunto. Se puso de pie, palidecieron aún más sus entrecanos bigotes y pidió que de inmediato le trajeran el libro.

EX PRESIDENTE EN ESCENA
Se leyó el texto ante la numerosa concurrencia; Samper daba sus argumentos, García Márquez los suyos, Lázaro Mejía leía y releía en voz alta para ver cómo sonaban los tales gerundios, y había acaloramiento y manoteo de los protagonistas y de quienes intervenían ocasionalmente, tratando de recordar las aburridas clases de sinaxis del bachillerato. Alguien advirtió de pronto que entre los asistentes se encontraba un miembro de la Real Academia de Lengua, la que "pule, brilla y da esplendor"; ni más ni menos que el ex presidente Betancur. Se le escogió como juez dada su dignidad linguistica, pero antes Samper y García Márquez apostaron un diccionario de María Moliner. A estas alturas la periodista Carranza resolvió voltearse y cambiar de bando: "Aquí el único de todos nosotros que sabe escribir de verdad es García Márquez, así que estoy con él". Con un oportunismo que fue muy criticado, pidió al escritor que el María Moliner se lo diera a ella, pues suponía que él debía tener más de uno.

SALOMON DESACATADO
Entre tanto, el juez se había apoltronado y, con ademán augusto y toda proso popeya, profirió el fallo: "Uno de los gerundios es correcto, el otro es incorrecto. Este concepto de tan salomónica ortodoxia agudizó la discusión, pues García Márquez argumentaba que la norma gramatical era la misma para ambos casos y que si uno era correcto, el otro también. Cuando parecía que tan apasionante caso iba a quedar sin solución, pues nadie daba su brazo a torcer.
surgió una salida: la periodisBta Carranza se comprometió a elevar una consulta oficia] al lnstituto Caro y Cuervo. Sin revelar el nombre del autor de los gerundios en entredicho ni las circunstancia que motivaban la solicitutd.
Bajó el tono de las voces García Márquez anotó entre risas: "¿Se dan cuenta de que estamos en una fiesta y llevamos dos horas discutiendo encarnizadamente sobre un gerundio? En qué otro país del mundo ocurre algo igual esas son las cosas extrañas maravillosas de Colombia... ".
Antes de irse el Nobel dedicó a su cómplice de última hora en gerundios el libro de marras: "Para María Mercedes, burla burlando, este paraíso de gerundiólogos: "Un domingo andando errando se encontraron dos mancebos echando mano a sus fierros como queriendo peliar" ( 1 )

ACTO SEGUNDO
Escena: Día bogotano soleado, línea de fax que va de la Casa de Poesía Silva al Caro y Cuervo y regreso en sentido inverso.
Hasta aquí pueden leer los interesados sólo en la parte anecdótica de esta crónica. Porque el desenlace de la historia, que es tan sorpresivo como el de una buena novela de Agatha Christie, se produee gracias a un intercambio de comunicaciones, una de las cuales, por sus términos especializados, puede aburrir a los que no participan de la pasión gerundiológica. Antes de dar a conocer esos comunicados, no sobra senalar, como lo hace María Moliner, que el manejo del gerundio es uno de los puntos más delicados del uso del español y basta leer las explicaciones que da la connotada lingüista para comprender que es mejor no meterse nunca con él.

FINAL DE PELICULA
Ahora, al grano: la carta de la periodista Carranza al director del Instituto Caro y Cuervo, solicita "un concepto escrito realizado por los especialistas del Instituto, en el cual establezcan si el uso de los gerundios es correcto con las frases que transcribo a continuación. En cualquier caso, le agradecería que se diera una breve explicación sobre las normas gramaticales en las que se apoya el concepto.
Tales frases son:
"Pero debió sudar hielo en las terribles noches de la ocupación escribiendo editoriales clandestinos en su escondite de París, mientras sonaban en el horizonte los disparos de los nazis cazando resistentes".
"Que por lo menos una vez" frente al cadáver destrozado del pohre campesino, debió coincidir el pobre policía de a ochenta pesos, sintiendo miedo de matar, pero matando para evitar que lo mataran".
El concepto que envió el profesor Ignacio Chaves, explica El gerundio de, nazis cazando resistentes, es incorrecto, porque en español esta forma verbal no debe desempeñar el papel de adjetivo, salvo en casos excepcionales como ardiendo, hirviendo (carbones ardiendo, aceite hirviendo); o en títulos de obras o cuadros ("las ranas pidiendo rey").
"En la segunda frase el gerundio va en una cláusula absoluta. En este caso, según Caro y Cuervo, debe ir antes del nombre a que se refiere (policía). Por lo tanto es incorrecto también este gerundio".
Y este puede ser el cuento-de-nunca-acabar porque García Márques, por la importancia de su obra, es uno de esos creadores de idioma que se dan muy contados en una literatura.
Y las normas de la gramática se han establecido y se modifican a partir, precisamente, de lo que han escrito los grandes de la lengua.
(1) "El hijo desobediente", canción mexicana de origen español. -

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