Sábado, 21 de enero de 2017

| 1985/06/10 00:00

GOCE, DROGA Y TROPEL

Eso es "Acelere", la novela de Alberto Esquivel, ganador del Premio Plaza Janés

GOCE, DROGA Y TROPEL

Solelba de Ramírez, la directora del José Manuel Saavedra Galindo de Cali, dudó por un instante. En sus muchos años de rectorado nunca había recibido una solicitud semejante. Este alumno más bien bajito, con pelo muy negro, blancos dientes de adolescente y una gran calma para hablar--la precisión de quien sabe lo que quiere--, le estaba pidiendo toda una semana de vacaciones. El alumno modelo, que había ganado ya el premio de cuento en el 5° curso, quería ahora ausentarse, dejar las clases. Y el motivo estaba ahí sobre la mesa, unos cuadernos de colegial con páginas y más páginas escritas a mano. Una osadía, sin duda. Pero quizás valía la pena. Solelba de Ramírez dio su aprobación, y el joven de quince años salió disparado a pasar a máquina su novela. Era un concurso internacional. Qué importa, lo principal era participar. En esa ocasión, Alberto Esquivel no ganó premio. Pero Solelba de Ramírez y Edita Cadena, otra profesora que había sido muy solidaria con sus intereses literarios, pensaron que esa semana de ausencia no había quedado del todo perdida. Hoy, Alberto Esquivel tiene 26 años y 7 novelas escritas. Una de ellas, "Acelere", acaba de ganar el Premio Plaza-Janés. La primera, la que escribió en el colegio, no la cuenta. Fue sólo el comienzo...
Trabajaba por la tarde y por la noche. En las mañanas estudiaba.
Desde que se jugó la primera carta, ese siguió siendo su horario para escribir. Estudió literatura, se graduó con una tesis sobre "Las baladas de Manuel Scorza", el escritor peruano, y hoy enseña español en los tres primeros cursos de bachillerato del Colegio Santa María Goretti. Dar clases por la mañana, investigar, leer y escribir en el resto del día. Entonces se ennovió con Magdalena Ceballos y los dos resolvieron trabajar fuertemente durante un año, y ahorrar dinero para escribir durante otro año.
Los 200 mil pesos que reunieron les alcanzó, a la hora de la verdad, para 18 meses de libertad. El resultado fue su cuarta novela, "Machicha", que fue dos veces finalista en concursos nacionales: en el Plaza Janés y en Univalle. Fue un año productivo: en él nació Elsie, la hija mayor. Después llegó Helena.
Las tres novelas que tenía escritas en 1979 las había hecho un poco en plan intimista, como reflejo de su vida personal, y de una manera bastante anárquica. "Eran las horas" (1978), "Litelatus" (1978), "Y creo que iba diciendo" tenían todavía "mucho discurso" como dice su autor. Hasta que llegó a sus manos "Yo el supremo", la novela de Augusto Roa Bastos. Fue una revelación. La leyo una y varias veces y hasta se dedicó a escribir un ensayo de 200 páginas sobre este libro. Se dio cuenta que no podía seguir escribiendo lo mismo, que debía pasar a otra instancia o que, realmente, estaba muerto. De Roa Bastos le interesó fundamentalmente el elemento histórico: cómo enfrentaba el tema del dictador Francia, cómo desmenuzaba la vida del siglo XIX en el Paraguay, cómo ahondaba en repercusiones que llegaban hasta la revolución cubana y los dictadores latinoamericanos contemporáneos,aprendió precisión y el valor de una investigación fuerte y exhaustiva. Ya no se podía improvisar. Así fue como tomó la decisión de hacer una pausa, y de dedicarse un año entero a escribir. "Machicha", el resultado, es la historia de un amigo de la infancia que trabajaba con los bajos fondos y terminó muriendo de 18 puñaladas; el tema le dió la oportunidad de trabajar con un método nuevo: indagó en la familia, conversó con los amigos comunes y empezó a trabajar el narrador femenino, que le ofrecia muy buenas posibilidades para expresar un elemento angustiante a partir de la carga que significaba la relación con la madre. Es la madre de "Machicha" quién narra toda la novela.
Al comienzo, escribía a mano. Después empezó a "chuzografiar", y en el intento dañó 3 ó 4 máquinas "que no sé si algún día se las pague a la paciencia de mi tía Rosita". Siempre tenía escritorio y muchos libros, pero un día amaneció con desespero, con fobia, con aburrimiento, y resolvió salir de ellos, porque ya no lo lanzaban a nuevas aventuras como cuando los había leído, porque "estaban perdiendo su dinámica". Así que los cedió al colegio donde enseña, se quedó con un pequeño estante con papeles, recortes y borradores, y se pasó a la habitación pequeña, dejándole la más grande a las hijas. Allí trabajaba, al lado de la cama matrimonial. No le molesta el ruido, o la música de guitarra de la esposa, o las grabaciones de música japonesa y de Andrés Segovia, las baladas o los tangos que amigos de más edad le han enseñado a apreciar, o los discos de la nueva trova cubana.
* * * *
Pero, ¿qué es "Acelere", la novela premiada por Plaza-Janés? SEMANA entrevistó a Alberto Esquivel cuando vino a revisar las pruebas (la novela se publica este mes). Así describió su obra:
ALBERTO ESQUIVEL: Es un automóvil a 150 kms. por hora que pasa por la vida. Con esa velocidad empieza a darse la acción, en el mundo de la droga, del tropel. Pero pronto vamos a encontrar que los personajes comienzan a perder identidad, así como del automóvil a esa velocidad uno no distingue nada concreto, tal vez un color de pelo, más corto o más largo, de pronto un vestido, pero nunca una persona real o definida. Al mismo tiempo, a pesar de toda la acción, que es un verdadero acelere con toda clase de sucesos y lugares, vamos a encontrar que los personajes no se ha movido, que no han hecho absolutamente nada, que se han quedado estáticos en su sitio. En medio de toda su velocidad, han cuestionado fuertemente su entorno, pero no han sido capaces de transformarlo.
SEMANA: ¿La estructura temporal le causó problemas?
A.E.: Por supuesto. Se trataba de desarrollar la novela a partir de un tiempo que en últimas no nos dice nada, pero que me dió la clave, una especie de coordenadas, para adelantar las acciones. Pero al contrario de la novela río en que el tiempo define las acciones, aquí las acciones no solamente me van a definir el tiempo, sino también los personajes. Y estos, a medida que van corriendo con esa velocidad--empiezo con 150 kms. pero la novela va con una numeración descendente--se ven frenados, desacelerados por la censura, por la autoridad, por la ley, por todo lo externo, por el entorno.
S.: ¿Se trata entonces de una alegoría?
A.E.: Claro, yo hablo de una alegoría del carro, al que se trata de detener, y que en último término representa a los jóvenes. La pérdida de identidad se refleja también en que, después de esa cantidad de acciones que se suceden a una velocidad extraordinaria, muchos de los capítulos terminan con un interrogante: "¿Porque yo que puedo hacer?'' "¿ O no?" "¿Será que la memoria me ha fallado para amarla?" Para mí, los personajes debían tener un gran valor, más a partir de sus preguntas, que de sus respuestas. Por otra parte, cuando se entra al mundo de la droga, un mundo que de alguna forma es subversivo, porque rompe con cánones establecidos a nivel social, la persona comienza por perder su identidad, y lo primero que deja es el nombre: en las galladas todo el mundo tiene su apodo, en los movimientos subversivos cada cual tiene su contraseña.
También hay otros elementos desaceleradores, que se dan en la misma afición o "engome" por las drogas, y aún en los deportes; el fútbol les acapara gran parte de su tiempo, ya sea como jugadores, como espectadores o en sus charlas de corrillo que les prolonga sus días y sus noches. Todo esto refleja bien lo que está pasando en Colombia. Por eso el crítico Raymond Williams dice que "Acelere" es una novela metáfora que expresa de varias formas la crisis colombiana actual.
S.: El mundo de las drogas, e incluso su narrador femenino de "Machicha", permitirfan una comparación con Andrés Caycedo...
A.E.: El narrador femenino se motiva realmente en mí a partir de un cuento de Onetti que se llama "Convalescencia". Se me hacen comparaciones con Caycedo, pero sucede que en los últimos tiempos se está creando una enorme mitología en torno a él.
No se trata de que somos muy jóvenes: yo tengo 26 años, y el tiene 26 años cuando publica su novela "Que viva la música". No se trata de que somos genios, sino que empezamos a correr en un mismo proceso. El de él se trunca, y empiezan a endiosarlo.
Pero yo creo que a ese texto le faltó bastante trabajo. Y ahora que han desempolvado "Destinitos fatales", se puede ver el desequilibrio que hay en su producción, a pesar de que hay cuentos muy buenos. Pero "Noches sin fortuna" es realmente insoportable. Y la verdad es que esos temas se habían tratado anteriormente, por ejemplo, por Humberto Valverde, caleño, en "Bomba camará". Más influencia, digamos a nivel afectivo, tendría que reconocerle a las conferencias sobre literatura de Fernando Cruz Cronfly...
S: ¿Los temas fundamentales de su obra7
A.E.: Han sido diferentes a través de las distintas novelas, pero el tema fundamental que los liga todos, no importa que aparezca escrito de una manera u otra, es el ansia de la libertad.
Con seis novelas inéditas, Alberto Esquivel nunca contactó un posible editor. Todo llega a su tiempo, dice.
Ahora prepara otra, sobre la universidad y el concepto de miedo-ambiente que estructurará en bloques cerrados como la universidad misma. No persigue la fama, pero confía en un generoso futuro literario. Y por lo bajo nos confiesa: mi novela "La Compañera de El Hombre" es lo mejor que he escrito. La Compañera y El Hombre son los nombres de sus personajes: personajes sin nombre. -

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