Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1983/04/11 00:00

GOLPE A LOS SENTIDOS

"Fuga sangrienta", una película taquillera que combina la ambiguedad de los personajes con la violencia.

GOLPE A LOS SENTIDOS

Es el segundo éxito del año. A medida que comienzan a disminuir las colas para "E.T." aumentan para Silvester Stallone. Son dos extremos, la ternura y la violencia, que se disputan el récord de público.
¿Será el mismo el que va a las dos películas? Lo más seguro es que sí, y ahí habría ya un tema para analizar.
CALIDAD Y EFICACIA
Se sabe muy bien que la eficacia en la taquilla no depende de lo que solemos llamar calidad cinematográfica. Más aún, el intelectual desconfía sistemáticamente de los exitos comerciales, con mayor razón si ahí está Silvester Stallone. Si ese intelectual fuera a ver "Fuga Sangrienta" lo mas seguro es que saliera confirmado en sus sospechas, pero quizá el problema es más de él que de la película, quizás fue a ver temáticas y no sencillamente a ver. Y es evidente que tendría muchos argumentos para demostrar su juicio negativo.
Sólo que el problema no se acaba invalidando la película, y de paso el gusto del público que la disfruta, desde un criterio abstracto de calidad. Algo tiene que haber en ella que entra en relación con el espectador, y viceversa.
Puede ser que moleste el que la película lo ponga a uno a reconocer personajes tan esquemáticos, tan simples en su trazado y en su desarrollo.
Basta ver los gestos y actitudes iniciales de John para reconocer al "duro" que no se deja intimidar, al que después se le añadirán los elementos que sabemos suelen caracterizar al hombre que ha sufrido un trauma (en este caso la violencia en Vietnam) y que ahora se siente rechazado. Basta ver al Sheriff para identificarlo inmediatamente como el poder autoritario cuya obsesión por conservar el orden lo llevara a cometer una cadena de equivocaciones. En ese mómento sabemos ya que John le hará pagar caro su arbitrariedad. Cuando entra en acción el Coronel reconocemos en él al personaje que con su actitud racional hará resaltar más la contradicción entre las dos posiciones en conflicto.
Quizá nos choque también ver que "Fuga Sangrienta" recurre a situaciones tan simples como los personajes: el hombre que se vuelve contra quienes lo prepararon para la violencia, la destrucción de los agresores uno a uno, el encuentro final a solas entre el bueno y el malo.
Y no está únicamente lo reconocible con facilidad y que se presta a conclusiones obvias--la violencia genera violencia, una sociedad que destruye se mina a si misma, etc--, sino que además la película tiene cantidad de incongruencias y convenciones: ¿A qué horas armó John todas esas trampas para cazar a sus perseguidores? ¿Si está justificado que John se salve en la caida al precipicio y en el paso en camión por la barricada? ¿Cómo se explica que el sheriff se quede solo al final, en la comisaria, si no es exclusivamente para que se pueda realizar la tradicional escena del encuentro entre los dos rivales? ¿Por qué siempre que en estas peliculas se llega a un climax de suspenso tiene que caer una tormenta que, una vez cumplida su función de darle "dramatismo" a la situación, desapareee como por arte de magia?
Todo esto invalidaría la película desde una teoría del lenguaje estético del cine. Pero sigue siendo eficaz y ahí está su interés.
¿La eficacia de la violencia?
Es cierto que la película tiene gran cantidad de violencia, pero me parece arriesgado atribuirle a este factor la eficacia de la película, porque no es una fórmula matemática que toda película de violencia tenga la misma eficacia para atraer tanto público y mantenerlo atrapado de principio a fin.
Hay que buscar la presencia de otros factores y dimensiones que ayuden a explicar el fenómeno. Lo primero es ese determinado tipo de violencia, el de un hombre sólo, fuerte, recursivo y con rabia contra una fuerza superior, a la cual vence. Pero estos elementos son todavía más concretos en la película, elementos que la diferencian de Bruce Lee y de otros congéneres de acción. No es simplemente un hombre solo y con rabia sino que además ha sido preparado por la sociedad para matar en defensa de un ideal (John luchó en Vietnam) y ahora, al regresar, su propia sociedad lo rechaza, lo margina, no le da trabajo. Por eso John no es ni el clásico "malo" ni el clásico "bueno". Está en un terreno ambiguo. No es "el malo" porque es militar y porque es agredido irracionalmente, pero tampoco es "el bueno" porque pierde el control en el uso de la violencia.
Esta ambiguedad del personaje principal es clave para pensar en la cantidad de asociaciones que puede provocar. Con mayor razón si consideramos que lohn se enfrenta a otro ser ambiguo, el Sheriff que, en cuanto tal, es la justicia, pero en cuanto violento y arbitrario es malo. Esto hace factible que el Sheriff pueda ser puesto en ridículo en escenas tan eficaces como la de la persecución en la selva, la de los diálogos con el Coronel y la final (esas carreras locas en la terraza, completamente al arbitrio de John). Desaparece de esta forma la división tan neta entre bueno--la ley--y malo--fuera de la ley--, creándose un espacio de valores más cercano a lo real.
UN CINE SENSORIAL
Además de la ambigUedad de los personajes, que repercute en la situación global, la película posee otra cualidad en su capacidad sensorial. Si es cierto que en sus planteamientos es tan elemental como los últimos Cantinflas, tiene sobre estos la ventaja de no darse como moraleja didáctica y de golpear directamente lo sensorial por el tipo de diálogo y de imagen. Entra con una fuerza impresionante por ojos y oídos haciendo aflorar quien sabe qué análisis de esos que no son lógicos ni racionales, de esos que el intelectual descalifica por no poderse enunciar en su discurso estructurado.
Es sensorial no porque tenga explosiones, incendios, persecuciones, combates, sino porque cada imagen y diálogo--muy breves y directos- contiene gran cantidad de información que hace avanzar la caracterización de los personajes y las complicaciones que va adquiriendo la situación. No da tregua a los sentidos para que acumulen datos. Y uno va a cine a eso, a volverse un ser sensorial.
O SE TRATA DE OTRO ROCKY
Es otra dimensión de la película. Se la puede ver como un Rocky que ahora regresa de su Escuadra Especial de Vietnam. John se parece a Rocky en muchas cosas. Detrás de la fuerza esconden una ternura que finalmente se abre paso para manifestarse en llanto y sentimiento. Son seres marginados y predestinados, por distintas causas, al fracaso en el preciso momento en que tenían el triunfo en las manos. Sus rivales tienen algo de irracional, de enceguecimiento contra lo que Rocky y John representan. Ninguno de los dos es el héroe que pasa incólume por los obstáculos que debe superar y que logra victoria definitiva sobre el enemigo y lo que este representa. Pero en uno y otro lo importante es que lo intentan.
La relación es tan clara que al salir de la película se tiene la impresión--el deseo-de que vendrá "Fuga Sangrienta II" o "El regreso de John" .
Como en Rocky, también aquí se pueden observar ciertas referencias en cierto tono crítico que ha dado pie para que se las tilde de "comercialización de lo social", y ciertamente no es ese aspecto lo más importante en el cine de Stallone, como tampoco lo es en el de Costa Gavras, que tiene mejor status dentro de la crítica cinematográfica.
Lo que los hace interesantes es esa mezcla de elementos de consumo, de esquemas que aseguran el reconocimiento por parte del espectador, con esa sensorialidad que pulsa aquellas dimensiones del ser donde los conflictos de lo cotidiano no han sido tocados por la razón sistemática. -
Hernando Martínez Pardo -

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