Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2005/02/28 00:00

Golpes del destino

Una aventura de superación se convierte, gracias a Clint Eastwood, en un clásico del cine. ****

Maggie Fitzgerald (Hillary Swank) quiere ser una campeona de boxeo: no descansará hasta que el veterano Frankie Dunn (Clint Eastwood) la entrene para conseguirlo.

Titulo Original: Million Dolar Baby.
Año de Produccion: 2004.
Director: Clint Eastwood.
Actores: Clint Eastwood, Hilary Swank, Morgan Freeman, Jay Baruchel, Mike Colter, Lucia Rijker, Brian F. O'byrne, Anthony Mackie, Margo Martindale.

Las peliculas de Clint Eastwood descubren que la vida es el hábito de obrar contra el pasado. Y sospechan que la redención es una especie de venganza. En otras palabras, les dan a sus protagonistas una última oportunidad (pensemos en tres casos recientes: el verdugo de Imperdonables, el fugitivo de Un mundo perfecto y los tres amigos de Río místico) para enterrar las ocasiones perdidas, los errores cometidos y las mentiras pronunciadas. Los siguen en silencio, con la paciencia de un viejo que ya ha visto todo eso en otra parte, mientras recobran la humanidad que habían dejado en una escena de tiempos peores. En la genial Golpes del destino se trata de una mesera de 32 años (el título original, Million Dollar Baby, anuncia la historia de su triunfo) que, a pesar de la miseria en la que ha vivido siempre, a pesar de los traumas que la acompañan cada día, guarda la esperanza de convertirse en una campeona de boxeo.

Se llama Maggie Fitzgerald. Y viene, con su coraje, su terquedad y su necesidad de ser preparada por un viejo entrenador llamado Frankie Dunn, de un cuento escrito por un tal F. X. Toole. La historia del irlandés Toole -que en verdad se llamaba Jerry Boyd- se parece mucho a la de los personajes de Golpes del destino: le dedicó toda la vida a adiestrar, vendar y recuperar boxeadores de barrio; redactó precisos relatos de ficción, rechazados por las editoriales de siempre durante un poco menos de 40 años, mientras sus protegidos cicatrizaban en gimnasios que conocieron tiempos mejores; pudo publicar a los 70 su único libro de narraciones, Quemaduras de cuerdas, gracias a las gestiones de un agente que descubrió una de sus historias en una pequeña revista literaria; murió dos años después, el 2 de septiembre de 2002, sin siquiera sospechar que Clint Eastwood, el hombre sin nombre de las obras de Sergio Leone, recrearía la tragedia de sus héroes en un largometraje inigualable.

Sí, así es. A los 74 años, convertido en un ícono de Hollywood por cuenta de su figura de vaquero nostálgico, Eastwood ha demostrado por enésima vez que es uno de los grandes maestros norteamericanos. En sus manos, que incorporan a cualquier drama la tristeza del gran cine del oeste, Golpes del destino no es la aventura de superación personal que podría ser -tampoco es un regalo más para los fanáticos de los deportes- sino la reveladora odisea de una hija sin padre que se venga de su mala suerte, su vida sin futuro y su soledad absoluta, desde el momento en que se encuentra en el camino con un padre sin hija que no quiere morir arrepentido. Sí, quizás se convierta en un nuevo clásico. Sus diálogos nos revelan todo lo que nos callamos. Sus actuaciones nos recuerdan cómo nos movemos por el mundo. Y su cámara contenida nos hace ver, sin aspavientos ni chantajes, que recobramos la humanidad en cuerpos ajenos.

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