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| 4/15/2006 12:00:00 AM

Gould científico y divulgador

No solamente enriqueció la teoría de la evolución de Darwin. Fue uno de los más grandes divulgadores de la ciencia de finales del siglo XX.

El neoyorquino Stephen Jay Gould supo que quería ser paleontólogo a los 5 años, cuando visitó el Museo Americano de Historia Natural y quedó boquiabierto frente al esqueleto de un tiranosaurio. Esta visita marcó la que sería una vida dedicada a desenterrar y estudiar fósiles, y a partir de ellos, enriquecer la teoría de la evolución de Darwin con nuevas evidencias.

Su fascinación por escudriñar en las entrañas de la tierra hizo de Gould una autoridad en historia natural. Al definirse a sí mismo como naturalista de profesión y humanista de corazón, explica su permanente interés por entender otros aspectos de la vida, su obsesión por ojear libros antiguos y descubrir en ellos datos olvidados por la historia, su gusto por la ópera, por el béisbol, por la arquitectura.

Como paleontólogo y evolucionista, en los años 60 Gould y su colega Niles Eldredge, propusieron una nueva teoría evolucionista. A partir de registros fósiles y de observaciones realizadas en conchas, llegaron a dos conclusiones: una, que la evolución no es gradual, sino que hay períodos cortos donde se presentan grandes cambios, seguidos de períodos largos con pocos cambios. Se trata de la teoría del Equilibrio Puntuado.

Eugenio Andrade, profesor de la cátedra de evolución del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Colombia así la explica: "Gould demuestra con evidencia paleontológica que la evolución ha tenido pocos períodos de cambios rápidos e intensos, intercalados por períodos de cientos de millones de años donde la evolución prácticamente ha estado quieta. El principal salto se refiere a la explosión del Cámbrico, un período entre cinco y 10 millones de años, hace aproximadamente 530 millones de años, en el que emergieron las formas de vida de las especies pertenecientes a los grandes grupos de invertebrados y organismos bilaterales de hoy en día. Pero si uno excava más abajo de ese período ya no encuentra fósiles. Es como si 'de un momento a otro' se hubieran producido las principales innovaciones evolutivas".

Diez millones de años es un período corto si se compara con la historia de la vida en la tierra, que es de 3.500 millones de años. Lo que Gould llama "el plan corporal", el diseño básico del organismo, no ha cambiado desde entonces.

La segunda conclusión hace referencia a la teoría de la contingencia, o del azar. "Lo que quiere decir Gould, continúa Andrade, es que la teoría de la evolución es impredecible, es un fenómeno contingente o azaroso. La evolución no se define por unas leyes globales, sino más bien por situaciones locales. Si determinados organismos resultaron seleccionados es porque fueron seleccionados en un ambiente muy particular".

Santiago Madriñán, alumno de Gould en la Universidad de Harvard, hoy profesor de Biología Evolutiva y Botánica de la Universidad de los Andes, recuerda la explicación en el aula, con base en un pequeño pez, la pikaia, "un invertebrado que resultó tener un cartílago que le permitió moverse más rápido. Si este bicho no hubiera sobrevivido, nada en el mundo de los vertebrados estaría aquí, ni siquiera nosotros. Eso lo lleva a argumentar que nosotros no somos sino el resultado de un evento azaroso, porque este organismo no se extinguió".

Además de ser un científico muy reconocido incluso por sus críticos, casi por razones políticas Gould se dedicó además a explicar la ciencia a un público culto pero no especializado. Recordando a su colega, los científicos Richard Lewontin y Richard Levins cuentan que Gould pensaba que como sólo una pequeña élite tiene acceso y entiende los resultados de las investigaciones científicas, y el uso de ese conocimiento por parte de grandes poderes públicos y privados tiene grandes consecuencias sociales, era importante tener un público informado.

Por eso Gould dedicó 25 años a escribir mensualmente un total de 300 ensayos para la revista Natural History: "Los buenos escritos 'populares' en ciencia constituyen una rama honorable de nuestra tradición humanística, que se remonta a la composición que hizo Galileo de sus dos grandes libros como diálogos accesibles e ingeniosos en italiano, no como tratados abstractos en latín, y a la presentación de Darwin de 'El origen de las especies' como un libro dirigido a todos los lectores cultos," dijo.

"A veces pienso que su aporte como divulgador es casi más importante que como científico, porque él hace la ciencia asequible al público en general", dijo Andrade.

En su último libro Acabo de llegar. El final de un principio en historia natural, que acaba de publicar en español la Editorial Crítica, Gould recopila los últimos 31 de esos ensayos. Sabía escribir en lenguaje técnico para sus colegas, y en lenguaje más comprensible para un público culto con la misma profundidad conceptual. Es más, en ocasiones sus ensayos presentaron planteamientos originales sobre aspectos científicos que nunca publicó en revistas científicas, de tal manera que no se trata de una simple traducción de sus artículos científicos.

Este libro incluye sus reflexiones al hacer relaciones históricas de las preocupaciones de la ciencia y de las disciplinas humanísticas, biografías, conceptos básicos sobre su teoría de la evolución, e incluso su percepción frente al atentado de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, "un tiempo de morir", justamente 100 años después de que su abuelo, un inmigrante húngaro, desembarcara en Estados Unidos, el 11 de septiembre de 1901, para Gould "un tiempo de nacer". X
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