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| 12/16/1996 12:00:00 AM

GRABADOS DE ANTOLOGIA

La Litografía Arco celebra sus 45 años con una pequeña joya de la reproducción editorial colombiana.

En una epoca durante la cual más de uno ha profetizado la muerte del libro, ya que supuestamente éste no sobreviviría abatido por la competencia y la lógica de los nuevos medios de comunicación, la publicación de un ejemplarcomo Los tesoros del arte le devuelve a la página impresa su más profunda razón de ser. Por esta y por otras razones el lanzamiento de este título esta semana se convierte indudablemente en la gran quijotada del año de la industria editorial colombiana.Es una aventura osada porque, para acercarse a la reedición colombiana de esta cuidadosa antología francesa de grabados ingleses del siglo pasado, el editor debe olvidarse de los términos de rentabilidad, masificación, reproducción en serie y, el lector, del consumo rápido y descuidado que rige el mundo de los best sellers . Para entender hasta qué punto hay una lógica distinta en esta edición, tanto en su producción como en su distribución y consumo, hay que remontarse a los orígenes de este libro exquisito y preciosista que ya obtuvo un premio Andigraf a 'Lo Mejor del Año' en la categoría de libros de arte y que ha sido considerado por los especialistas como único en el mundo.Detrás de esta aventura impresa está ante todo la figura de un editor con personalidad y criterio, como Carlos Arturo Torres, gerente de Litografía Arco. Este, en una visita desprevenida a un anticuario de París, sacó del baúl de los olvidos una joya del siglo pasado de la que muchos han oído hablar pero muy pocos conocen. Se trataba del catálogo de la Gran Exhibición de Manchester, una monumental exposición de arte que tuvo lugar en esa ciudad de Inglaterra en 1857. Esta no fue cualquier muestra plástica. Históricamente tiene la virtud de ser una de las pioneras y de las principales responsables de haber iniciado la popularización de las obras de arte, más allá de los castillos enmurallados de los grandes nobles y burgueses.En la actualidad este hermetismo del arte puede no entenderse inmediatamente, pues hoy los mass media le han mostrado La Mona Lisa de Leonardo o el David de Miguel Angel hasta al último campesino del rincón más remoto. Pero hace apenas un siglo los grandes tesoros universales tenían un movimiento mínimo, sólo seguían un curso limitado al interior de las grandes familias y pasaban de una generación a otra sin que el exterior se percatara de ello.Por esto la Gran Feria de Manchester rompió con siglos de tradición hermética y se convirtió, según un comentarista de la época, en la primera "gran galería pública de todas las galerías privadas de Inglaterra". Esto la llevó a ser un verdadero suceso: a ella acudieron en masa y de todas las partes de Europa espectadores que se sorprendieron no sólo con el espectáculo de"todo lo que de más bello han producido las artes del dibujo, desde los maestros incunables hasta los actualmente vivos, desde Van Eyck hasta Meissoner, desde Giotto hasta Mulready", sino también "todo lo que de mejor se ha hecho en los talleres de pintura, grabado, orfebrería, numismática, cincelado, damasquinado, cerámica, ebanistería, incrustación, litografía, fotografía y encuadernación". Así, desde el corazón industrial de Manchester, la villa de las máquinas, de las bobinas y del algodón hilado, se empezó a romper con un tabú de siglos que con el tiempo transformaría para siempre las relaciones del público con el gran arte.Debido a la magnitud de este evento sin precedentes de la época moderna, el editor francés M. J.G. D. Armengaud se interesó por dejar un registro gráfico de la exposición. Al no contarse entonces con la posibilidad de la reproducción fotográfica de las magníficas pinturas, el recurso utilizado fue la reproducción por medio de grabados de obra por obra. De aquí resultó el magnífico catálogo Les tresors de L'art, publicado en 1859, uno de los primeros libros de arte de la historia y del que hubo una edición muy limitada. Fue ese el libro que Torres encontró aquel día en París y el que, teniendo en cuenta su importancia estética e histórica, decidió reeditar en Colombia. Una empresa nada fácil en la que invirtió 25 años para poder llevarla a su fin.La dificultad primordial fue la de darle a la reproducción de los finísimos grabados la altísima calidad que presentan los originales, muchos de los cuales llegan a tener 54 líneas por centímetro. Cuando en 1971 Torres se propuso hacer esta reedición, era una tarea más que imposible. La tecnología de esa década no ofrecía ninguna solución práctica a la mano. Sin embargo la idea le siguió dando vueltas en la cabeza y ya para la década de los 80 pudo empezar a pensar que el reciente invento del scanner podría hacer realidad sus expectativas. Sin embargo los modelos comercializados del scanner hasta ese momento tampoco le posibilitaron una reproducción tan fina como la que se necesitaba. Al fin los fabricantes construyeron especialmente para su litografía una retícula que le permitió alcanzar la reproducción de 300 líneas por pulgada. Así, armado con las técnicas de impresión más sofisticadas de este momento, la Litografía Arco hizo posible el sueño de esta edición, única en el mundo, que hoy se encuentra en el mercado colombiano.A través de 45 grabados, que reproducen pinturas que van de obras de Rafael a Goodall, el lector podrá conocer también la primera gran muestra colectiva de la escuela inglesa con Turner a la cabeza, un movimiento todavía no muy popular para su época cuya existencia este catálogo de alguna manera reconoció por primera vez.Con esta joya editorial la Litografía Arco celebra sus 45 años de producción ininterrumpida, en los que ha editado libros tan bellos y ya clásicos en las bibliotecas colombianas como La geografía pintoresca de Colombia, La iconografía de Santander y Acuarelas de la Comisión Geográfica, entre otros. La edición limitada de 500 ejemplares de estos Tesoros del arte, sin duda, es un broche de oro a esta colección y demuestra los más altos niveles de reproducción a los que ha llegado la industria editorial colombiana.
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