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| 3/14/2009 12:00:00 AM

Gran Torino

Sólo en las películas de Clint Eastwood los viejos defienden a los jóvenes de la guerra que el mundo les ha declarado. ****

Título original: Gran Torino.
Año de estreno: 2008.
Dirección: Clint Eastwood.
Actores: Clint Eastwood, Christopher Carley, Bee Vang, Ahney Her, Brian Haley, Geraldine Hughes, Dreama Walker, Brian Howe, John Carroll Lynch.

Según las peículas de Clint Eastwood, según las más recientes por lo menos, el mundo le ha declarado la guerra a los más  jóvenes. Y así, de batalla en batalla, ha conseguido que todos se pongan de rodillas. Que se queden sin inocencia. Y su horizonte sea un muro. Los monstruos borrosos de las calles de Río místico se vengan de ellos porque sí. La sociedad despiadada de Golpes del destino los deja morir para no perder más tiempo. El gobierno de La conquista del honor tiene el estómago para enviarlos a acribillar a otras personas de su edad. Y lo único que puede salvarlos, alejarlos de esa mediocridad, de ese destino inútil, de esa muerte sin deudos que ahora también acorrala a los adolescentes de la estupenda Gran Torino, es tropezarse con un héroe de otros tiempos que se niegue a tolerar las injusticias.

Es la triste fantasía que revivimos cada vez que vemos una película del oeste: la secreta aspiración de que alguien rescate a los pueblos sin ley, justo a tiempo, de los abusos de tantos personajes que buscan someterlos.

Sí, desde que Eastwood filmó su último western, el insuperable Imperdonables, incorporó el espíritu del género a su voz narrativa (asimiló la soledad, la valentía, la inconformidad del género) como quien ha exorcizado sus demonios. Todos los relatos dirigidos por él, sucedan donde sucedan, pasen cuando pasen, son películas de vaqueros. Y se parecen tristemente al mundo en que vivimos.

La hermosa Gran Torino, una obra modesta que crece dentro del espectador hasta convertírsele en una revelación, no es la excepción a la regla. Su protagonista políticamente incorrecto, el sexista, racista, patriotero Walt Kowalski, un veterano de la Guerra de Corea que detesta la decadencia de su barrio, que cuida su automóvil Gran Torino como a una persona y que va por ahí gruñendo sentencias que siempre vienen al caso, se ve obligado a defender a sus vecinos “chinos” de una pandilla que quiere reclutarlos antes de que tengan futuro. Es gracias a eso, a esa extraña amistad que va estableciendo con los dos muchachos coreanos de la casa del lado, que Kowalski recobra la humanidad que había perdido en alguna parte de su vida. La memorable interpretación del propio Eastwood, que también ha sabido envejecer con dignidad enfrente de la cámara, nos convence de todo lo que está sucediendo en la pantalla.    

Completan el trabajo sus discretos movimientos de cámara, sus encuadres efectivos y su talento para evitar sensiblerías. Sé que suena increíble. Sé que no es usual que un hombre de 78 años produzca un largometraje que ponga a los espectadores en su sitio. Pero es así. Creo que los que se descubran odiándolo, porque en el cine la felicidad de los unos es la pesadilla de los otros, al menos tendrán que reconocer que Gran Torino sucede en ese continente melancólico que Clint Eastwood descubrió en nombre de todos.
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