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| 9/15/1986 12:00:00 AM

GRANADA TIERRA DESANGRADA

50 años después de la muerte de García Lorca, pocos dudan del motivo político de su fusilamiento.

En el amanecer del 19 de agosto de 1936, Granada, ciudad legendaria y mítica, último sueño del Islam en Europa, retomó los caminos, esta vez oscuros, de la historia. Según palabras de Pablo Neruda, desde entonces se izó un pabellón negro que se divisa desde todos los puntos del planeta. Porque allí, en un pequeño camino de la población de Viznar, al pie de la sierra de Alfacar, en un terreno sembrado de brisa triste y olivos, cerca a la Fuente Grande o Ainadamar (Fuente de las lágrimas), perdida en los siglos y en el canto visionario de los poetas arábigoandaluces; allí en un recodo triste del camino cayó atravesado por sangre y odio Federico García Lorca, uno de los más grandes poetas de la lengua castellana.
Cuando el 13 de julio de ese año, García Lorca decidió irse de Madrid hacia Granada, ya su suerte y la de España estaba echada. Calvo Sotelo, máximo líder de las derechas españolas, había sido asesinado en represalia por la muerte de un guardia de asalto simpatizante de la República. Lorca al despedirse, en la estación de ferrocarriles, de su gran amigo Martínez Nadal, le profetiza: "Rafael, estos campos van a llenarse de muertos". Huye de un Madrid inseguro. En Granada está la tranquilidad, la familia. Su cuñado Manuel Fernández Montesinos acaba de ser elegido, en las últimas elecciones de febrero, alcalde socialista de la ciudad y, ante todo está la gran fiesta familiar, el día de San Federico, 18 de julio, imperdonable no estar con ellos ese día. Sin embargo, todos los hilos entretejen su destino y el poeta fija desde entonces y para siempre las coordenadas exactas de su muerte.
A partir de este momento el derrumbamiento moral y síquico de Lorca va intensificándose. Cuando lleva aproximadamente dos semanas de haber llegado a la Huerta de San Vicente, la casa en las afueras de Granada, de propiedad de sus padres, aparecen dos hombres en las inmediaciones del jardín inspeccionándolo todo para después irse. ¿Es un error o está siendo vigilado? Al mediodía recibe una carta anónima en donde se le acusa de demagogo, se le reprochan sus amistades políticas, su irreligiosidad, sus costumbres y finalmente, se le amenaza de muerte. Ya es innegable un cierto tipo de vigilancia. Hay una segunda inspección el 7 y el 9 de agosto, dos hombres golpean la puerta de la cancela. Vienen a buscar al hermano del casero de la finca, y al no encontrarlo cometen una serie de atropellos ante los cuales el poeta protesta identificándose. De nada sirve. La casa es requisada, Federico golpeado, insultado y nuevamente amenazado. En estos momentos es poco cuestionable que los rebeldes o los grupos clandestinos tienen a Lorca en su lista negra.
Desde este instante se precipita el caos. Un consejo de familia decide que es necesario proteger al poeta. Después de descartar la casa de sus primas por insegura y la de don Manuel de Falla por un pequeño disgusto que en 1929 había alejado a los dos artistas, sólo quedan dos salidas: pasar al frente republicano, cosa de la cual no se sentía muy seguro Federico, o refugiarse en la casa de su antiguo amigo y poeta Luis Rosales, que si bien no estaba muy metido en política, su familia era tradicionalmente antirrepublicana y sus hermanos, amigos de Primo de Rivera, eran "camisas viejas" y dirigentes de la Falange granadina. ¿Dónde podría estar más seguro?... en ninguna otra parte de Granada. Pero a estas alturas era difícil, por no decir que imposible, que Lorca escapara a su suerte en medio del holocausto.
Federico se instala entonces en el número 1 de la calle Angulo, residencia de los Rosales. Allí pasa los días leyendo, tocando el piano y contando a las mujeres las anécdotas de América. El 15 de agosto unos hombres de la Falange se presentan en la Huerta con una orden de arresto contra el poeta. Al no encontrarlo amenazan con llevarse a su padre. Su hermana Concha, asustada, les da la dirección en donde se encuentra. El domingo 16 de agosto en la tarde, una espectacular maniobra pocas veces vista en Granada (40 hombres rodean la manzana y vigilan los tejados) llega a detener al poeta. Al frente del grupo y con una orden de arresto del gobierno civil, está Ramón Ruiz Alonso, ex diputado por la CEDA (partido clerical de derechas) al Parlamento de Granada. Hombre oscuro, fanático y de pasiones ciegas, Ruiz Alonso acaba de perder su escaño en las últimas elecciones y su trámite de traspaso a la Falange ha sido también un fracaso. Aquí se conjugan dos hechos que marcan la suerte definitiva de Federico: Ruiz, mediocre y resentido nunca perdonó a José Rosales, hermano de Luis, el no haber intercedido en su gestión ante José Antonio Primo de Rivera. Por otro lado, siempre alimentó un profundo odio contra Fernando de los Ríos, ministro de la República y guía intelectual de García Lorca. En la mañana de este mismo día Manuel Fernández Montesinos ha sido asesinado y así siguen tejiéndose cruelmente los hilos del destino; Lorca es llevado al gobierno civil porque según sus captores "ha hecho más daño con la pluma que otros con las armas".
Durante los dos días siguientes es poco o nada lo que puede hacerse por salvar la vida de García Lorca. De nada sirven las gestiones de los Rosales. Las acusaciones son claras: haber aprobado públicamente la muerte de Calvo Sotelo, formar parte de la asociación de amigos de la Unión Soviética, tener tendencias homosexuales y ser un espia de Moscú... Luis Rosales y don Manuel de Falla son expulsados del Ayuntamiento y el primero es amenazado por querer intervenir a favor del poeta. El 18, finalmente, José Rosales "Pepiniqui" consigue la orden para liberar a García Lorca. Misteriosamente, el comandante José Valdés, gobernador civil de Granada, le miente confesándole que el poeta ha abandonado esa misma mañana el edificio y que lo más probable es que ya a esas horas haya sido fusilado. ¿Por qué mintió Valdés cuando Lorca aún.. se encontraba en la gobernación y le quedaba un día de vida? ¿Pensaría que era un prisionero importante y esperaba órdenes de los altos mandos? Esta será una incógnita que tal vez nunca podrá despejarse, pero lo único cierto es que en la madrugada del día 19, García Lorca es conducido irreversiblemente por el camino de Viznar, iría quizás como el Camborio, acordándose de la Virgen porque ya sabía que lo iban a matar o sólo después de conocer el "cri, cri" de las margaritas comprendería que lo habían asesinado. Pero en la brisa, entre el rumor de la Fuente Grande y los olivos quedaría para siempre la pregunta que alguna vez se formulara: "¿Aguilitas, aguilitas dónde está mi sepultura? ".
Pero, ¿por qué asesinaron en realidad a Federico García Lorca? Ya es hora de borrar de una vez y para siempre la leyenda de su "apolitismo". Lorca, como hombre, como creador y como artista tomó siempre posiciones políticas aunque no militara en ningún partido y tuviera amigos de izquierdas y derechas: "Yó nunca seré político. Soy revolucionario, porque no hay verdadero poeta que no sea revolucionario". No de otra manera habría de declararse español integral, siempre "partidario de los pobres" y en "contra del español que se siente español por ser español y nada más y que además se sacrifica por una idea nacionalista abstracta".
García Lorca fue asesinado y perseguido por un sistema represivo cuyo objetivo primordial era aterrorizar a la población granadina y asi aplastar cualquier conato tendiente a recuperar los territorios perdidos por la República. Lorca, considerado como enemigo de la España tradicional y católica, era el hombre que simbólicamente debía desaparecer para dar paso a la España de don Fernando e Isabel.
Federico, nacido en una España de grandes acontecimientos políticos, encarnaba en él la contradicción del hombre a medias situado entre el individualismo burgués y la afirmación absoluta de la libertad anarquista. Sin embargo, sus asesinos decidieron por él y el 19 de agosto de 1936 pasó a la historia como una de las páginas más negras de la España franquista. No caigamos en la simplicidad de aquellos que ayer y hoy han querido zafarse de toda responsabilidad. No importa quién hiciera el arresto, ni las condenas morales sobre la sexualidad del poeta, ni la presunta venganza por el asesinato de otros escritores en territorio republicano. La orden para su fusilamiento la dio el comandante falangista Valdés. La orden del alto mando probablemente fue dada por Queipo de Llano, comandante general de la Falange para Andalucía. Paradójicamente, el acta de defunción del registro civil de Granada, expedida en 1940, tajantemente informa que García Lorca "falleció en el mes de agosto de 1936 a consecuencia de heridas producidas por hecho de guerra...".
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