Jueves, 19 de enero de 2017

| 1997/09/15 00:00

GRINGO BUENO

Una fascinante novela del norteamericano Paul Auster.

GRINGO BUENO

La trilogía de Nueva York Paul Auster Traducción de Maribel de Juan Anagrama, Barcelona, 1996 $ 30.500 Paul Auster tiene 50 años, vive en Brooklyn, fue marino, ha escrito ocho novelas y dos guiones cinematográficos, hace poesía y es, sin duda, uno de los novelistas más interesantes de la narrativa norteamericana actual. Aunque sería el más joven del grupo denominado del 'realismo sucio' o minimalista, cuyo maestro es Raymond Carver y en el cual se adscriben Jayne Anne Phillips, Richard Ford, Tobias Wolff, Louise Erdrich, Richard Russo y Bobbie Ann Mason, Auster se aparta de ese realismo introspectivo que impusieron Saul Bellow y Updike, para crear mundos alucinantes, partiendo, sin embargo, de la misma realidad desencantada, sucia y banal. Alucinante es la palabra. La trilogía de Nueva York está dividida en tres partes en apariencia autónomas pero que, a mi parecer, conforman una sola novela y, aún más, tienen un único protagonista y describen una misma tragedia. En las tres narraciones hay un argumento con trazas detectivescas, hay un mundo real y unos personajes de carne y hueso. A partir de ahí Auster, con una maestría asombrosa, pasa al terreno de la metafísica y construye un mundo paralelo, delirante, esquizofrénico y sumamente doloroso. Un mundo de pesadilla y horror que recuerda el universo de Kafka. Así, realidad y ficción se confunden y el personaje se debate todo el tiempo entre los hechos de su vida y los que crea su enloquecida imaginación. Auster mismo hace énfasis en ello en un estupendo diálogo sobre El Quijote. Habría otros puntos para mencionar, como la crítica al lenguaje o como su intención profundamente moral, en el sentido menos doctrinario, pues en última instancia el protagonista se desgarra siempre entre agudos conflictos morales. Hay que decir que es una novela difícil, llena de laberintos, pero que agarra y fascina. Deja, además, un mensaje hermoso: el amor por la escritura, la fe en la fuerza de la palabra. En las tres partes de La trilogía de Nueva York la clave que redimirá finalmente a ese personaje escindido, derrotado y delirante es un manuscrito hecho por alguien a lo largo del relato, cuyo contenido, sin embargo, no conoce nunca el lector.

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