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| 9/11/1989 12:00:00 AM

HAPPY BIRTHDAY

Las reliquias coloniales de Tunja, en dos libros que son el mejor homenaje en sus 450 años.

Dos libros hermosos, para ver y leer, para guardar y compartir, han aparecido en los últimos días con ocasión de los 450 años de fundación de la ciudad de Tunja. Convertida en asiento de una de las corrientes culturales más vigorosas en América Latina, cruce obligado para los viajeros que iban en distintas direcciones y sitio de trabajo para grupos interesantes de artistas, médicos, talladores, doradores, orfebres, pintores, escultores, religiosos, escritores y simples campesinos, que fueron conformando todo un lenguaje, todo un espíritu, esta ciudad emerge intacta a través de estas dos obras que ya estan al alcance de aficionados y expertos: "Tunja, el arte de los siglos XVI, XVII y XVIII", publicada por editorial Arco bajo el cuidado del periodista Gustavo Mateus Cortés quien también escribió los textos, con la coordinación de Carlos E. Vargas Rubiano, el diseño de Carlos A. Torres y el prólogo de Francisco Gil Tovar; y "Tesoros de Tunja",con la cual debuta "El Sello Editorial", tiene un prólogo de Próspero Morales,un texto detenido de Alfredo Iriarte, fotografías de Germán y Santiago Montes y la realización editorial del también periodista Gabriel Iriarte.
Cuidadosos hasta el último detalle, ambos libros hurgan en la memoria detenida de Tunja y sus tesoros artísticos, para descubrir ante el asombrado lector (deberíamos decir espectador) todos los laberintos que han estado quietos esperando ser develados por quienes conocen muy bien las raíces de esas expresiones. Si la industria editorial y gráfica de Colombia quiere mostrar en otros ámbitos la calidad de sus trabajos, bastaría que enseñara estas dos obras como ejemplos interesantes.
"Tunja, el arte de los siglos XVI, XVII y XVIII" contiene cuatro temas básicos: Retablos y ornamentación; Imaginería; Orfebrería, y Píntura de Caballete.La época analizada y mostrada corresponde a la Edad de Oro de la ciudad. Los nobles, caballeros, escuderos, políglotas,filósofos,literatos y los descendientes de las ilustres familias que llegaron a Tunja, dice el prologuista, lo hicieron atraidos por el agua pura y abundante, los bosques maderables de los alrededores y las grandes canteras que constituían un elemento básico para vivir y construir sus viviendas. Además, había una mano de obra disponible con más de cincuenta mil indígenas que vivían cerca. Los artístas se agruparon alrededor de esos personajes y el gran mercado del arte que estaba conformandose, ya que los notables poseían grandes recursos, gastaban y así se dieron las condiciones para que el presidente Venero de Leyva, en 1564, pidiera al rey Felipe II que asentase en Tunja la Real Audiencia, en principio alternada con Santafe. De toda esa mezcla de artistas y notables, de ese trabajo de varias generaciones fue surgiendo lo que sigue llamandose "La Escuela Tunjana", tan famosa como las de Cuzco, Puebla, Quito y la misma Santafé. Las excelentes fotografías, acompañadas de textos breves y precisos, ayudan a que el lector conozca mejor las raices de todos estos tesoros.
El otro libro, "Tesoros de Tunja", es más completo, más didáctico y también más ambicioso porque el lector no sólo se asombra con el material gráfico, sino también queda muy informado con los dos textos principales, escritos por el novelista Morales Padilla y el periodista Alfredo Iriarte, quien en esta ocasión deja a un lado su prosa venenosa y cáustica de costumbre para conducirnos por un viaje a través de la Historia, con una documentación de primera mano. Como afirma el ex ministro Jaime Castro, en la presentación de esta obra, "Tunja guarda un tesoro que, por su calidad, se puede colocar en las primeras galerías del género y que ahora todos tenemos interés en exaltar y en mostrar, orgullosamente, como nuestro". El libro de los Iriarte así lo logra.
Morales Pradilla sostiene que este libro es una respuesta de la posteridad a las intenciones de los artistas que ennoblecieron a la "muy noble y muy leal ciudad", cuando apenas iniciaba una vida, radiante en aquellos siglos y opacada después. Casi todos los creadores conciben su obra para ser disfrutada por la posteridad, es decir, para continuar vivos más allá de la muerte y de su época. Lo frecuente es que el recuerdo perezca y nadie sepa de su existencia al cabo de los años. De ahí, agrega, que recoger con devoción las maravilas de Tunja para entregarlas en forma de libro a los vivientes de hoy, es la manera de corresponder al esfuerzo, al trabajo y a la confianza en la posteridad que tuvieron unos artistas sometidos al frío de Tunja, a las incomodidades de sus días, a la estrechez del mundo circundante y a un espíritu encogido temeroso del juicio final.
Estos dos libros lograrán seguramente un propósito: que los viajeros que atraviesan Boyacá y siguen de largo sin detenerse en Tunja,quizás espantados por el frío que aun para los bogotanos es riguroso, se queden y entren en casas, iglesias, conventos y otras edificaciones y contemplen esos tesoros que están ahí. A diferencia de Cartagena, donde las maravillas artísticas y arquitectónicas e históricas están expuestas a la luz enceguecedora del mar Caribe, entre piedras y cangrejos y suspiros de mulatas enamoradas, en Tunja esos tesoros reposan en el interior de los recintos. Son dos mundos totalmente opuestos. El sol cartagenero y la penumbra tunjana, dos expresiones de un país con un enorme y rico pasado histórico y artístico como Colombia, expresiones que escritores y fotógrafos, como los que aparecen en estas dos obras,saben rescatar. Para que nadie olvide sus contornos.





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