Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/06/20 00:00

Harry Potter y el prisionero de Azkabán

El personaje inventado por J. K. Rowling comienza a crecer al tiempo con los espectadores. ***

Harry (Daniel Radcliffe), Ron (Rupert Grint) y Hermione (Emma Watson) una vez más tienen en sus manos el futuro de Hogwarts .

Título original: Harry Potter and the Prisoner of Azkaban.
Año de producción: 2004.
Dirección: Alfonso Cuarón.
Actores: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Michael Gambon, Maggie Smith, Robbie Coltrane, David Thewlis, Alan Rickman, Gary Oldman, Emma Thompson.

Es cierto que Harry Potter y el prisionero de Azkabán es la más emocionante de las tres películas de la serie (que será, igual que los libros de J. K. Rowling, la suma de siete capítulos), pero también lo es que en gran parte se lo debe a los esfuerzos de las dos primeras entregas. En este tercer año del protagonista en Hogwarts, la escuela de magia y hechicería, no se pierde ni un minuto, ni una escena, ni un diálogo en la explicación de quiénes son el desagradable Draco Malfoy, el gigante Rubeus Hagrid o el profesor Severus Snape. ¿Qué es gryffindor? ¿Qué es un muggle? ¿Qué es el quidditch? Ya lo sabemos. Sabemos, gracias a las dos primeras partes, que la sabihonda Hermione Granger es la mejor maga de su edad, que el bondadoso Ron Wesley se muere de miedo todo el tiempo y que el famoso Harry

Potter sigue siendo, a los 13 años, una amenaza para el tenebroso Lord Voldemort.

Estamos preparados, pues, para resolver nuevos misterios: ¿quiere Sirius Black, ese prófugo de la prisión para brujos, asesinar al héroe de la historia?, ¿por qué el profesor Lupin desaparece de un día para otro?, ¿cómo hace Hermione para estar en dos clases al mismo tiempo?, ¿quiénes hicieron aquel mapa del castillo en donde pueden verse los pasos de quienes lo recorren?

Esta producción deslumbrante, dirigida por el Alfonso Cuarón de La princesita (el de Y tú mamá también no ha cedido, gracias a Dios, a la tentación de poner las varitas al servicio de la adolescencia), tiene todas las respuestas. Conviene entrar al teatro, por supuesto, con el miedo de los niños.

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