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| 11/1/2014 10:00:00 PM

¡Harry Potter tuvo la culpa!

Los libros para jóvenes adultos viven su época dorada: venden millones de ejemplares, sus autores se enriquecen y los analistas se preguntan por qué también los mayores los están leyendo tanto.

“ La gente estúpida es peligrosa”, dice Katniss Everdeen, personaje principal de Los juegos del hambre. ¿Frase inteligente? ¿Frase cursi? ¿Una simple frase? No. Para los millones de fans de este libro la frase es 'memorable'.

Es difícil rebatirlo. Cualquier argumento se pierde ante el fervor que despierta esta obra, como otras miles del género jóvenes adultos (Young Adult o YA en inglés). Esta categoría, dirigida a muchachos entre los 12 y 18 años de edad, rompe récords: las historias de vampiros, monstruos mitológicos, amores, dramas y futuros posapocalípticos vendieron un 150 por ciento más en seis años. “No hay nada más ciegamente fiel que el público juvenil. Una vez quedan prendados de un libro no pierden el entusiasmo”, explica María Carolina López, directora editorial de Semana Libros.

Su fuerza también rompió límites de edad: los mayores compran el 55 por ciento de estos títulos, especialmente quienes tienen entre 30 y 44 años, que representan un 28 por ciento de las ventas. No los regalan, los devoran. Hasta el diario The New York Times tuvo que crear en su sección de libros la lista Young Adult Best Seller.

Y sus autores y editores ganan dólares por todos los lados. Recaudan por la venta de libros en papel, por los electrónicos, por los audiolibros y por las adaptaciones de las obras en cine. No extraña que en la lista Forbes de los escritores que más ganaron entre junio de 2013 e igual mes de 2014, aparezca Verónica Roth, autora de la trilogía Divergente. A sus 26 años, en 365 días, recogió 17 millones de dólares. Mientras John Green, de 37 años, escritor de Bajo la misma estrella, en ese mismo lapso se embolsó 9 millones de dólares. Dos novelistas jóvenes que conectan con sus iguales. “Se identifican con ellos al usar un mismo lenguaje y un tono que seduce”, dice el escritor Jorge Franco (Rosario tijeras).

En ese listado aparece la soberana y su creación: J.K. Rowling y Harry Potter, el símbolo de los libros de esta categoría, que ganó en esos 12 meses 14 millones de dólares. Su saga de siete libros partió en dos el destino del género con 350 millones de ejemplares vendidos y 1.000 millones de dólares recibidos (sin contar las películas). Su notoriedad originó, entre otros, fenómenos como Crepúsculo (Twilight), de Stephenie Meyer, y Los juegos del hambre (The Hunger Games), de Suzanne Collins. Les siguieron infinidad de títulos.

Si lo cuantitativo es impresionante, lo cualitativo es discutible. Algunos estiman que su fiebre es obra del marketing y no de su calidad. María Osorio, de Babel Libros, dice: “Se trata de publicaciones para consumo masivo, lo más parecido a la televisión, no exigen grandes esfuerzos intelectuales. Con este tipo de literatura se crean consumidores adictos, no lectores”.

Sus defensores, que no son solo sus miles de apasionados, argumentan que los autores de libros de adultos jóvenes están tomando riesgos creativos en sus historias y en sus estructuras narrativas, lo que ahora es poco común en la literatura tradicional. Otros creen que no deben ser subestimados, pues son el primer acercamiento a la lectura. Jorge Franco afirma: “Puede que sea un fenómeno comercial, pero sus historias son bien contadas, crean lectores y eso, por ejemplo, tiene un gran valor en un país poco lector como Colombia”.

El poder de la literatura de jóvenes adultos va más allá del papel, los formatos digitales se convierten en su territorio privilegiado. Rowling, por ejemplo, se dio el lujo de crear Pottermore.com, una página en la que, entre otras interacciones, se pueden comprar las novelas de su joven hechicero. Y Los juegos del hambre y Divergente se pelearon en los dos últimos años el primer lugar de los eBook más vendidos.

Pero la supremacía de la categoría no solo se basa en descargas. Internet también les permite a los lectores opinar sobre los títulos a través de redes sociales e interactuar con los autores. De hecho, John Green forjó su nombre a través de YouTube, donde compartía todo tipo de historias. Pero el caso más llamativo es el de cómo Crepúsculo originó la novela erótica Cincuenta sombras de Grey: la leyenda dice que fue a través de un fanfiction, es decir, una historia basada en otra famosa en la que se les cambian los papeles a los personajes principales. Así lo hizo en la red su autora, E.L. James.

Pero lo que más inquieta a los analistas es la forma como este fenómeno está conquistando a los mayores de edad, quienes igualmente se rinden ante estos relatos. Y tanto que la crítica Ruth Graham escribió en la revista The Slate, hace un par de meses, una fuerte columna llamada ‘Against YA’ (‘En contra de la literatura para jóvenes adultos’) en la que dice: “Usted puede leer lo que quiera, pero debería darle vergüenza si es algo que fue escrito para niños”. Entre las diversas respuestas que recibió, además de ser señalada de intelectual intolerante, alguien le contestó que no podía desalentar la lectura, bien se tratara de una novela de jóvenes adultos, un periódico o un panfleto religioso. Y en redes sociales circuló la frase: “No me importa si se trata de ‘Crepúsculo’, ‘Cincuenta sombras de Grey’ o ‘Guerra y paz’. Nunca dejes que alguien te haga avergonzar de lo que lees”.

El escritor colombiano Mario Mendoza (Satanás), próximo a este tema por ser autor de una saga juvenil, considera que si el género así mismo llega a los adultos es porque la gente está cansada de la realidad, de las caídas de las economías, del desempleo, y este tipo de literatura permite escapar a mundos paralelos.

Por ahora, no hay nada que haga pensar que la avalancha de estos libros se detendrá, como tampoco las polémicas que desata. Y la devoción entre sus fans seguirá intacta y calificando de memorables frases como la de Katniss Everdeen: “La gente estúpida es peligrosa”.

La saga colombiana

En Colombia se hace tal vez la primera serie de este género en América Latina.

El escritor colombiano Mario Mendoza es de los pocos en América Latina,por no decir el único, que le ha apostado a realizar una saga juvenil:Mi extraño viaje al mundo de Shambala (2013), La colonia deAltair (2013), Crononautas(2013),  Metempsicosis (2014) y El hijo delcarpintero (2014).

Sus historias tienen como protagonistas a Pipe y aElvis, tío y sobrino, que van por distintos lugares, Villa de Leyva,Cusco o Guatemala, buscando manuscritos. La editorial Arango Editores hahecho su distribución, más que en librerías, directamente con loscolegios, especialmente del sur de Bogotá. “Mi idea –dice Mendoza–,  esrescatar nuestras mitologías, nuestros universos fantásticos, dejaratrás el complejo de inferioridad”.
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