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| 10/18/2014 10:00:00 PM

Herencia e innovación

La música del Pacífico colombiano no se queda quieta: las nuevas producciones del grupo Herencia de Timbiquí y el Kinteto Pacífico lo demuestran, asumiendo algunos riesgos.

Ha pasado más de un año. Ya se siente lejano el día en que recibimos la noticia del triunfo del grupo Herencia de Timbiquí en el Festival de Viña del Mar. La agrupación, que había nacido tímidamente como una reunión de amigos a orillas del río Timbiquí, en el departamento del Cauca, de repente se ganó el reconocimiento de todo el continente. Y vinieron los reportajes internacionales y las giras, y un particular concierto en Cali, siete meses después, donde fueron recibidos como héroes por un público que ya coreaba su canción insignia, Amanecé.

Lo cierto es que aquel premio terminó rehaciéndoles la agenda de un proyecto discográfico: ya habían grabado Amanecé y la intención era completar rápidamente un álbum para aprovechar la ola del éxito, cuando comenzaron a llegar invitaciones de varios países. Imposible negarse. Herencia se fue a cantar por el mundo en tanto que la grabación del disco se fue retrasando.

Y sin embargo, la historia tiene un desenlace tan inesperado como grato. En medio de esas giras, los músicos de Timbiquí fueron agarrando mundo, adquiriendo algo que va más allá de una madurez técnica y que tiene que ver con encontrar un sonido que traspasa fronteras. De ahí sale, un año después, This is Gozar.

Con una carátula que recuerda los clásicos discos de la Alegre All Stars (muy presentes en la cultura caleña), Herencia ha documentado el crecimiento reciente de la música del Pacífico. La línea queda trazada de una manera bastante clara: de las bases folclóricas expresadas en ritmos como el porro chocoano, pasando por el lenguaje de la salsa que nos contagió hace unas décadas, hasta un nuevo punto de llegada que se empapa de las músicas modernas de África. Y todo con una producción sonora impecable.

Parece que estamos asistiendo a un nuevo capítulo en la historia del currulao y todas estas expresiones del litoral pacífico. Sólidos, confiados en el poderío de sus ritmos (en buena parte gracias al soporte que ha dado el Festival Petronio Álvarez durante 18 años), los músicos buscan ahora tintes de otras latitudes para enriquecerse. Es el caso también de Esteban Copete y su Kinteto Pacífico que, sin dejar de lado el folclor, se inspiran en la movida cubana. A la manera de esos híbridos que enriquecieron nuestra música tropical hace medio siglo, como la patacumbia y el merecumbé, Copete se ha inventado el ‘bambasongo’, una mezcla ingeniosa de bambazú del Chocó con songo de Cuba.

Así queda trazado el lenguaje con el cual nos llevará por un viaje que combina iguales dosis de pasado y presente. Con este, Esteban Copete suma tres discos en los cuales ha buscado acercarse de manera innovadora a las composiciones de Petronio Álvarez, su abuelo. En la primera ocasión fue una versión electrónica de Mi Buenaventura. En la segunda, la sorpresa de un tema inédito del maestro, que hablaba sobre una rumba inmaculada que armaron los ángeles en el cielo. Esta vez son cuatro temas diferentes, incluida la divertida Teresa, que se ha convertido en el segundo tema más sonado después del inmortal himno al bello puerto de mar.

Goza con mi bambasongo aparece justamente para celebrar los 100 años del nacimiento de Petronio Álvarez. Junto con la inauguración de una estatua suya en Cali, el álbum del Kinteto Pacífico puede ser el mejor homenaje a su legado. Sobre todo porque sigue una estrategia que suele tener buen resultado: que la variación es la mejor manera de mantener viva una herencia.
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