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| 11/5/2001 12:00:00 AM

Hermosa locura

Una mirada directa al infierno de la adolescencia se transforma, poco a poco, en una clase de comportamiento y salud., 47898

Direccion: John Stockwell
Protagonistas: Kirsten Dunst, Jay Hernández, Bruce Davison, Herman Osorio, Miguel Castro, Lucinda Jenney

Nicole Oakley y Carlos Núñez están enamorados, pero les tienen miedo a sus sentimientos: ella es la alocada hija de un senador; él trata de sobrevivir al barrio latino de Los Angeles.

Podría haber sido una gran película. Era el retrato honesto y revelador de la confusión, el desamparo y el amor que en teoría sólo se experimentan durante los últimos años de colegio y los primeros de universidad, pero que en verdad existen para siempre y se aprenden a sobrellevar como cualquier otra realidad de la vida. Llegar a la madurez es, básicamente, disimular la adolescencia. Y Hermosa locura tiene eso de su parte: que cualquier espectador capaz de sentir algo de compasión, uno de 15 o de 50 años, verá que los dos protagonistas están enamorados y entenderá, sin mayores problemas, el pánico de Carlos y el drama sin salida de Nicole.

Tiene eso de su parte, pero no logra aprovecharlo. La historia avanza y Nicole se da cuenta de que Carlos vive en el barrio latino de Los Angeles, quiere ser piloto y no se parece a ninguno porque está dispuesto a aferrarse a su constancia, a su esfuerzo, a sus valores. Carlos desciende en la triste locura de Nicole, se da cuenta de que es la hija de un senador liberal —“voy a usar condón y tengo a un hombre de color en mi cama: mi papá estaría orgulloso”—, se sorprende por su soledad y su desenfreno, se conmueve por las fotografías que toma y se estremece ante sus tendencias suicidas.

Hasta ahí es una gran historia de amor porque los obstáculos son ellos mismos, los dos enamorados, Nicole y Carlos. Sí, hay una madrastra egocéntrica y un papá angustiado. Sí, casi todos los personajes secundarios preferirían que se separaran por el bien del joven, por todo lo que le ha costado llegar a donde está. Y sí, los latinos la miran feo a ella y los blancos no confían del todo en él. Pero a ellos nada de eso les importa porque están enamorados. Así que lo único que en realidad los separa es el miedo. Ella siente que, a ese ritmo, y con sus antecedentes, no va a llegar a vieja. El no se atreve a dudar de las metas que se ha trazado.

Pero si tiene todo de su parte, si su historia de amor es cautivante, si se aleja totalmente de los divertimentos para colegialas y las tonterías para las vacaciones, ¿por qué Hermosa locura no es una gran película? Porque su honestidad y su sensibilidad se vienen abajo en la última media hora y lo que era una mirada directa al infierno de la adolescencia se convierte en una clase de comportamiento y salud, en un folleto para sanar, en un relato televisivo que se resuelve porque sí, como un capítulo de Clase de Beverly Hills.

Parece que, para obtener una mejor clasificación, para pasar de ‘mayores de 18 a mayores de 12’, tuvieron que cortar las escenas más duras. Parece que el público se negaba a que los problemas terminaran sin solución. Quedan, en la edición final, la estupenda actuación de Kirsten Dunst, que parece poseída por su personaje, y una promesa, la de un relato inolvidable, que esta vez no ha llegado a cumplirse.
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