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| 2/27/1995 12:00:00 AM

HIBRIDOS DE FIN DE SIGLO

La obra del pintor colombiano Eduardo Pradilla, una de las ganadoras de la Bienal de Mérida, podría entrar a formar parte de las nuevas colecciones privadas más importantes de Europa.

UNO DE LOS principales aportes que un artista hace a la historia lo constituye quizá su capacidad para establecer los signos predominantes de su momento. A través de la imagen que crea de ellos les otorga un carácter más real y concreto. Un artista visualiza o hace legible su contemporaneidad, y en esa medida genera posiciones que resultan básicas para la comprensión del hombre y de su desarrollo histórico.
A cada período del largo camino que el hombre ha recorrido en la Tierra corresponden una o muchas imágenes de orden artístico que ofrecen de él una válida definición. Así se ha podido explicar, entre otros, el ideal de orden y belleza de la Grecia clásica, el optimismo positivista que vio nacer el Renacimiento o el ímpetu esencializador de la modernidad.
De igual manera, dilucidar las circunstancias o sentimientos que se han vivido en las últimas décadas son preocupaciones que fundamentan el trabajo de muchos de los artistas del actual momento. En Colombia, en este sentido, merece ser destacada la obra del pintor Eduardo Pradilla, ganador de uno de los premios de la recién celebrada Bienal de Arte de Mérida.
Pradilla, quien en días pasados expuso una muestra de su más reciente producción en la galería Jenny Vila, de Cali, ha sido uno de los artistas más interesados en la comprensión de su entorno cercano y en investigar la función y destino del arte en un mundo dominado por la imagen y abrumado por el acaecimiento simultáneo de sucesos de muy diverso orden.
La publicidad, la noticia, el pasado y el presente, la identidad y la transculturización son algunos de los niveles de realidad que se funden en esta propuesta, que pretende formular una de las posturas que podría asumir el arte ante la inevitable condición híbrida del hombre de fin de siglo.
Hoy un orden de pensamiento puede ser la constante conjugación de elementos, aun dispares, de cuyo encuentro surjan novedosas concepciones. Del mismo modo, en la obra de Pradilla, imágenes ya manipuladas y ampliamente conocidas en medios de comunicación masiva se convierten en los fragmentos o partes constitutivas de un ícono u objeto creado por él.
Con esta motivación, en los últimos años ha explorado técnicas como el transfer, la cual consiste en traspasar al lienzo, con ayuda de un proceso mecánico, registros fotográficos extraídos de medios de amplia circulación, los cuales son reordenados en la tela en una nueva configuración, que invita a la reflexión desde las confrontaciones y articulaciones que plantea.
Posiblemente esa inquietud por investigar nuevos medios que anima la obra de Eduardo Pradilla y su convicción sobre la necesidad de explorar todos los recursos posibles para encontrar caminos que pueda transitar el arte de mañana, fundamentó el premio que hace poco le fue otorgado en Mérida, y además ha sido consideración básica para que Peter Ludwig, uno de los principales coleccionistas en Alemania, lo haya incluido en su lista de opciones de compra como una de las más significativas propuestas del joven arte latinoamericano.
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