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| 2/26/2006 12:00:00 AM

Historias de Wyoming

La versión cinematográfica de 'Secretos de la montaña' invita a conocer el cuento original de Annie Proulx y otras de sus duras historias sobre la Norteamérica rural.

Annie Proulx
Secreto en la montaña
Siglo XXI, 2006
332 páginas?

El cine, quién lo duda, es el arte popular de nuestro tiempo. Si se comparan las cifras de un libro muy vendido -en gracia de discusión un best-seller- con las de una película de éxito, la diferencia resulta de lejos favorable a esta última. El cine es el relato de masas por excelencia, y la literatura, un asunto de minorías, así la llamemos honrosamente "inmensa minoría".

Si el cine es el rey de la audiencia ¿por qué esa dependencia tan grande respecto a la literatura? Aunque hay excelentes guionistas originales, un altísimo porcentaje de películas se sigue inspirando en libros y los productores no dejan de comprar derechos de adaptación. La superioridad de su audiencia y la autonomía de su lenguaje hace rato ganada, debería llevar al cine por otros caminos, pero siempre regresa en busca de historias literarias. ¿Son éstas acaso mejores, más profundas y más duraderas? No lo creo, simplemente, ante una inversión tan grande, es mejor no correr riesgos y acudir a los contadores profesionales de historias. Y mientras más clásicas, mejor: planteamiento, nudo y desenlace es una estructura ya probada que asegura los favores del público.

Resulta inevitable hacer este preámbulo de cine y literatura cuando se va a comentar un libro en el cual una de sus historias inspiró una de las películas más vistas y polémicas de la cartelera reciente: Brokeback Mountain (Secreto en la montaña). Y cómo no hacerlo cuando los mismos editores, en su afán de subirse en el carro de la fama y de las ventas, le cambian el bello título original al libro de cuentos de Annie Proulx -Close Range, Wyoming Stories- por el de la película de Ang Lee y dejan en la carátula, por supuesto, a sus dos famosos actores. El cine se inclina ante los procedimientos narrativos de la literatura y ésta hace lo mismo ante la poderosa audiencia del cine: la razón de ser de un cuento o de una novela -su único destino- parecería ser entonces la de convertirse un día en película.

La literatura no es mejor que el cine -ni viceversa-, pero esa paradójica relación crea un contexto enrarecido: no se puede hablar del cuento en sí mismo sino hay que insistir en por qué leerlo y por qué la película no lo agota ni lo reemplaza. A nuestro pesar, debemos comentarlo como quien defiende una causa.

Si bien la versión cinematográfica es notable ("usted ha contado mi historia", le dijo Annie Proulx a Ang Lee) y conserva la esencia de esa malograda historia de amor entre dos hombres, quien deje de leer el cuento original se perderá la belleza de una prosa que oscila entre lo lírico y lo terrible y nunca sabrá que Ennis del Mar era un hombre desgarbado con el pecho un poco hundido y con una nariz ganchuda; que a Jack Twist le sobraban algunos kilos en las caderas dada su escasa altura, y su sonrisa revelaba unos dientes que se proyectaban hacia adelante: en vez de los guapísimos Heath Ledger y Jake Gyllenhaal de la película, "un par de pobres diablos sin futuro". Es decir, una historia aún más triste y desolada.

Tampoco entenderá la necesidad de ese primer encuentro entre Jack y Ennis abandonados en medio de un paisaje inhumano. Porque el paisaje será la clave para descifrar todas estas durísimas historias de Wyoming que nos relata Annie Proulx. En la superficie, las señales del infortunio son evidentes: la sexualidad enfermiza producto de la represión y el machismo, la violencia soterrada en las relaciones familiares, la pobreza. Pero, más profundamente, aparece una tierra salvaje de llanuras herbosas y rocas desprendidas que son la negación del mito norteamericano de una naturaleza dominada y en la cual las tragedias de la gente no cuentan para nada: "Otras culturas se han instalado aquí temporalmente y luego han desaparecido. Sólo la tierra y el cielo tienen importancia. Sólo el fluir eternamente repetido de la luz al amanecer. Aquí se empieza a comprender qué poco es lo que nos concede Dios aparte de eso".
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